Mientras Trump renuncia a más combates y pone el énfasis en la presión económica contra Teherán, arremete contra sus socios y debilita sus alianzas
Donald Trump prometía que la de Irán iba a ser una guerra “muy rápida” y la semana entrante se cumplirán seis meses de su inicio. Miles de muertos más tarde, con 50.000 soldados desplegados en la zona, unos precios de la energía mucho más elevados y una economía tambaleante, el conflicto está estancado y no se ha cumplido ninguno de los grandes objetivos del presidente estadounidense: el régimen sigue en pie y no da señales de flaqueza, no renuncia a su programa nuclear y el estrecho de Ormuz, convertido en la clave del conflicto, está cerrado casi por completo. El republicano da cada vez más señales de frustración: esta semana ha declarado el estrecho “territorio estadounidense”, prometido un “día D económico” en Irán y ha arremetido contra países aliados. Sin una solución en el horizonte, la guerra ha dejado heridas en el mundo que tardarán en curar. O que pueden acabar siendo permanentes.. El impacto global se deja sentir en la seguridad alimentaria, ante el encarecimiento de los fertilizantes que antes circulaban sin problemas por el estrecho de Ormuz; en la destrucción de infraestructura en la zona y en un menor crecimiento del PIB de países afectados por el encarecimiento de la energía. Cuando el 28 de agosto se cumplen 180 días desde que Estados Unidos e Israel lanzaron sus primeros ataques contra Irán, esta extraña guerra —en la que ya se ha anunciado dos veces (en abril y en junio) un alto el fuego para conversaciones que no han solucionado nada— ha entrado en una nueva fase. El poderío aéreo estadounidense no ha doblegado a Irán y estos meses de combates ya han consumido muchos más proyectiles de los que los mandos militares consideran prudente y las reservas de munición e interceptores están muy disminuidas.. Trump, eso sí, parece haber descartado la vuelta a los combates abiertos en un futuro inmediato, aunque las negociaciones de paz ni están ni se las espera. En su lugar, y ante el fracaso de los bombardeos en doblegar a Teherán, el republicano ha anunciado una presión económica “sin precedentes” contra Irán. Su secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha declarado esta semana que el objetivo sigue siendo “hacer caer a este régimen”, aunque ha precisado que en esta fase del conflicto se priorizará elevar la presión económica sobre la República Islámica.. Las señales de hastío de Trump se multiplican. El viernes volvía a insistir en que el estrecho de Ormuz, por el que hasta el comienzo de la guerra el 28 de febrero pasaba la quinta parte del petróleo y del gas natural que se comerciaba en el mundo, está abierto con normalidad.. El estrecho de Ormuz, en una imagen satelital.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press). Los mercados también dan señales de hartazgo. Los mensajes de Trump en redes, que a principios de la guerra causaban terremotos en las Bolsas, ahora muestran cada vez menos influencia, según un análisis del portal de noticias Axios. El analista petrolero Ben Cahill apunta que en las primeras semanas del conflicto “había un vacío de información” y mucha incertidumbre sobre la política y los objetivos de Estados Unidos. Los mercados a menudo “reaccionaron excesivamente” en respuesta a esos mensajes. Ahora, esa perdida de impacto de Trump puede tener consecuencias de cara a las elecciones de noviembre, en las que los demócratas quieren hacer de los altos precios uno de los pilares de su campaña.. Críticas a sus aliados. En parte como consecuencia de esa frustración y la incapacidad de plegar a Irán a sus deseos, Trump arremete cada vez más contra los propios aliados. Antes de la cumbre de la OTAN en Ankara, en julio, el blanco de sus invectivas eran los socios transatlánticos, a los que reprochaba no aportar medios ni poner bases militares a disposición de Estados Unidos para la guerra. Esta semana ha situado en su punto de mira a un aliado árabe en Oriente Próximo, Omán, y a Corea del Sur, uno de los socios más firmes de Washington en Asia-Pacífico. En este último caso, con el agravante de que para arremeter contra Seúl elogiaba a su gran enemigo, el dictador norcoreano Kim Jong-un.. En el caso de Omán, que mantiene acuerdos con Washington para que las fuerzas estadounidenses utilicen sus aeródromos militares y puertos, a Trump parece haberle irritado especialmente que ese Gobierno esté en tratos con Irán para la imposición de algún tipo de mecanismo de peaje para los barcos que pretendan atravesar Ormuz, un cobro que no existía antes de la guerra y que ahora amenaza con hacerse permanente.. Al mismo tiempo, Teherán declaraba que el acuerdo con Mascate para gestionar el tránsito marítimo en el estrecho es inminente y no dudaba en burlarse de la situación. El régimen, que llama ahora a la comunidad internacional a reconocerlo como ganador del conflicto para darlo por cerrado, aseguraba que “la incapacidad de Washington de reabrir el estrecho es mayor que la distancia de 12.000 kilómetros que lo separan de Ormuz”.. En el anuncio de Trump sobre nuevas sanciones contra Irán y los países que permitan su economía siga funcionando, el mandatario también ha lanzado una llamada de advertencia a los propios socios de Estados Unidos. En principio, las medidas que anuncie Bessent deberían dirigirse sobre todo contra Teherán y los gobiernos que lo apoyan, sobre todo China. Pero el estadounidense aludía muy directamente a los aliados de Washington.. “Cualquier país que permita que sus instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales aporten algún tipo de ayuda a Irán encarará tremendas consecuencias económicas”, declaró el miércoles. “Necesitamos que todos nuestros aliados se pongan del lado de Estados Unidos para aislar y derrotar la amenaza iraní”.. No está claro qué tipo de ayuda exacta quiere, ni qué sanciones podría imponer. Por lo pronto, Emiratos Árabes Unidos anunciaba la suspensión de todo su comercio con Irán tras una conversación telefónica entre el líder de ese país y Trump.. Es posible que el republicano aspire a que otros países de la zona tomen medidas similares. Aunque les pondría en un atolladero. Arabia Saudí, Qatar y el propio Omán tratan de mantener un cuidadoso equilibrio entre un socio a priori muy poderoso como Washington, con el que mantienen acuerdos de cooperación económica y militar, y un Irán con el que la geografía les obliga a convivir. Las declaraciones grandilocuentes de Trump no ayudan. Tampoco la situación actual de una guerra en la que la superioridad militar de Estados Unidos no ha servido de gran cosa frente a la República Islámica ni ha ayudado a proteger a sus aliados árabes de los ataques de misiles y drones del otro lado del golfo Pérsico.. La mayor andanada contra un aliado en los últimos días se dirigía contra Corea del Sur. Trump comenzaba la semana con una orden al Pentágono para recortar drásticamente las maniobras militares anuales con Seúl para responder a posibles ataques de Corea del Norte. Esta vez, alegaba el presidente estadounidense, debían concluir de modo precipitado para evitar enviar un “mensaje hostil” a Pyongyang.. La decisión de recortar las maniobras, que concluyeron el viernes, seis días antes de lo esperado, era llover sobre mojado: el Pentágono ha recurrido a los activos militares que mantenía desplegados en Asia-Pacífico, desde portaaviones a interceptores, para reponer el material que ha ido consumiendo en la guerra en el Golfo.. Corea del Sur ha tratado de contemporizar. Su Gobierno asegura que, con o sin ayuda de Estados Unidos, cada vez se hace más cargo de su defensa, y que las palabras de Trump solo buscan presionar para recabar más ayuda de Seúl.. Pero los comentarios de Trump han causado un cierto nerviosismo sobre la fiabilidad de Estados Unidos entre unos aliados asiáticos ya consternados por el temor de que Washington pueda dejar a su suerte a Taiwán si en un momento dado China quisiera atacar la isla para unificarla por la fuerza. Pekín, de momento, trata de pescar en aguas revueltas y su responsable de Exteriores, Wang Yi, se desplazó a Seúl por primera vez en cinco años para reunirse con las autoridades surcoreanas. Ese viaje se produjo un mes antes de la visita que el presidente chino, Xi Jinping, tiene prevista a Washington.. Preocupación en Tokio. Japón, el otro gran aliado asiático de Estados Unidos, ve las barbas del vecino cortar y pone las suyas a remojar. En el caso de Tokio, la situación es aún más delicada: pese a un fuerte aumento del presupuesto militar en los últimos años y una serie de reformas de sus leyes para incrementar la capacidad de sus fuerzas en el exterior, su Constitución le sigue prohibiendo mantener un ejército en toda regla. Desde la posguerra, su defensa siempre se ha basado en la premisa de que Estados Unidos acudiría en su ayuda en caso de ataque externo.. Ahora Tokio explora alternativas y, entre otras cosas, refuerza sus lazos militares con Australia. No es el único. Los europeos también buscan vías para hacerse cada vez más cargo de su propia defensa. En Oriente Próximo también hay movimiento. El 7 de agosto, Arabia Saudí, Pakistán y Turquía anunciaron un acuerdo de defensa mutua. Un paso aún más simbólico que real. Pero significativo acerca de cómo está cambiando la percepción de Estados Unidos entre sus socios.
Donald Trump prometía que la de Irán iba a ser una guerra “muy rápida” y la semana entrante se cumplirán seis meses de su inicio. Miles de muertos más tarde, con 50.000 soldados desplegados en la zona, unos precios de la energía mucho más elevados y una economía tambaleante, el conflicto está estancado y no se ha cumplido ninguno de los grandes objetivos del presidente estadounidense: el régimen sigue en pie y no da señales de flaqueza, no renuncia a su programa nuclear y el estrecho de Ormuz, convertido en la clave del conflicto, está cerrado casi por completo. El republicano da cada vez más señales de frustración: esta semana ha declarado el estrecho “territorio estadounidense”, prometido un “día D económico” en Irán y ha arremetido contra países aliados. Sin una solución en el horizonte, la guerra ha dejado heridas en el mundo que tardarán en curar. O que pueden acabar siendo permanentes.. Seguir leyendo
