Para Serafín Oliva cada escalón es un mundo. “Con cualquier escalera, cualquier cuestecita, me canso una barbaridad. Me falta el aire. Cuando salgo a la calle para caminar, a poco que sea un trayecto largo, tengo que ir con la máquina de respirar a cuestas”, dice este marmolista gaditano, que dedicó buena parte de su vida laboral a montar encimeras de piedra artificial en las cocinas. Está en incapacidad permanente desde los 54 años, dada la silicosis que sufre por trabajar durante años expuesto a sílice cristalina. “Muchos de los compañeros con los que trabajé están igual. Me siento engañado de no haber sabido entonces a lo que me estaba exponiendo”, agrega Oliva, a sus 60 años.. Seguir leyendo
Para Serafín Oliva cada escalón es un mundo. “Con cualquier escalera, cualquier cuestecita, me canso una barbaridad. Me falta el aire. Cuando salgo a la calle para caminar, a poco que sea un trayecto largo, tengo que ir con la máquina de respirar a cuestas”, dice este marmolista gaditano, que dedicó buena parte de su vida laboral a montar encimeras de piedra artificial en las cocinas. Está en incapacidad permanente desde los 54 años, dada la silicosis que sufre por trabajar durante años expuesto a sílice cristalina. “Muchos de los compañeros con los que trabajé están igual. Me siento engañado de no haber sabido entonces a lo que me estaba exponiendo”, agrega Oliva, a sus 60 años.. Seguir leyendo
Las infracciones sancionadas por la Inspección de Trabajo, a las que ha tenido acceso EL PAÍS mediante Transparencia, se disparan a la vez que crecen los partes de enfermedad profesional por exposición a sílice cristalina
