Netflix acaba de estrenar este misterioso thriller psicológico protagonizado por José Coronado y Stéphanie Magnin
«Cariño. Llámame. Quiero hablar contigo». Detrás de este habitual mensaje entre madre e hija se esconde una tragedia. Ruth nunca podría haber imaginado que los 10 mensajes y 15 llamadas perdidas de Lucía ocultaban un secreto tan grande que cambiará su vida para siempre. Así comienza «Los creyentes», película producida por El Desorden Crea y con dirección de Roger Gual, y creada por Carlos Montero y Darío Madrona («Élite»), y protagonizada por José Coronado y Stéphanie Magnin.Ruth (Stéphanie Magnin) cuelga distraída las llamadas de su madre (Fanny Gautier) mientras vuelve al trabajo como camarera en un bar de copas berlinés. Después de una noche de marcha, recibe la llamada de su padre, Martín (José Coronado), que le informa de que su madre ha muerto. La protagonista, que lleva un tiempo distanciada de su familia, aterriza en el aeropuerto de Asturias, y una localidad que sigue conmocionada por la desaparición de un niño pequeño mientras paseaba con su bicicleta. Al llegar a la vieja casa familiar, Ruth descubre que la edad ha hecho mella en su padre, que, jubilado de la Guardia Civil, se ha convertido en un viejo gruñón y ligeramente agresivo. Además, las explicaciones oficiales sobre la muerte de su madre no la convencen y lo que comenzó siendo una reunión familiar acaba convirtiéndose en un thriller psicológico. La hija no esconde en ningún momento sus dudas ni ante su exnoviete Arón (Alberto Olmo), ni ante el cuartel de la Benemérita. Ella misma decide comenzar sus propias pesquisas, lo que acabará jugándole malas pasadas a su propia salud mental.La distancia con su familia demuestra que había detalles de la vida de sus padres que no conocía y se plantan en su cabeza sus primeras dudas. Poco a poco se da cuenta de que hay demasiadas cosas en las versiones que cuenta su padre que son, cuanto menos, dudosas. Ruth busca consuelo y también un cómplice en su exnovio, al que consigue atraer a sus neuras. Cada paso que avanza, también demuestra que se puede ir para atrás. La relación entre padre e hija pasa por todas las fases posibles, que van desde el cariño hasta el descrédito y la desconfianza, acentuando la tensión de una trama que incluye la muerte de su madre y la desaparición del niño, si es que hay algún vínculo.Habitaciones secretas, teorías de la conspiración y un juego magistral con la música, de Nico Casal, convierten la casa familiar en un escenario aterrador que traslada el claustrofóbico escenario a la mente del espectador. Es muy impactante cómo se enfrenta la belleza de los paisajes asturianos con la oscuridad de los pasillos de la vivienda familiar. Las interpretaciones consiguen desde el principio su cometido. Coronado no tiene ningún techo en la interpretación. Puede ser un policía infranqueable, un mafioso, un galán, pero también un jubilado canoso de voz aterciopelada que esconde fantasmas debajo de su bata de andar por casa. Magnin, por su parte, consigue llevar a
«Cariño. Llámame. Quiero hablar contigo». Detrás de este habitual mensaje entre madre e hija se esconde una tragedia. Ruth nunca podría haber imaginado que los 10 mensajes y 15 llamadas perdidas de Lucía ocultaban un secreto tan grande que cambiará su vida para siempre. Así comienza «Los creyentes», película producida por El Desorden Crea y con dirección de Roger Gual, y creada por Carlos Montero y Darío Madrona («Élite»), y protagonizada por José Coronado y Stéphanie Magnin.. Ruth (Stéphanie Magnin) cuelga distraída las llamadas de su madre (Fanny Gautier) mientras vuelve al trabajo como camarera en un bar de copas berlinés. Después de una noche de marcha, recibe la llamada de su padre, Martín (José Coronado), que le informa de que su madre ha muerto. La protagonista, que lleva un tiempo distanciada de su familia, aterriza en el aeropuerto de Asturias, y una localidad que sigue conmocionada por la desaparición de un niño pequeño mientras paseaba con su bicicleta. Al llegar a la vieja casa familiar, Ruth descubre que la edad ha hecho mella en su padre, que, jubilado de la Guardia Civil, se ha convertido en un viejo gruñón y ligeramente agresivo. Además, las explicaciones oficiales sobre la muerte de su madre no la convencen y lo que comenzó siendo una reunión familiar acaba convirtiéndose en un thriller psicológico. La hija no esconde en ningún momento sus dudas ni ante su exnoviete Arón (Alberto Olmo), ni ante el cuartel de la Benemérita. Ella misma decide comenzar sus propias pesquisas, lo que acabará jugándole malas pasadas a su propia salud mental.. La distancia con su familia demuestra que había detalles de la vida de sus padres que no conocía y se plantan en su cabeza sus primeras dudas. Poco a poco se da cuenta de que hay demasiadas cosas en las versiones que cuenta su padre que son, cuanto menos, dudosas. Ruth busca consuelo y también un cómplice en su exnovio, al que consigue atraer a sus neuras. Cada paso que avanza, también demuestra que se puede ir para atrás. La relación entre padre e hija pasa por todas las fases posibles, que van desde el cariño hasta el descrédito y la desconfianza, acentuando la tensión de una trama que incluye la muerte de su madre y la desaparición del niño, si es que hay algún vínculo.. Habitaciones secretas, teorías de la conspiración y un juego magistral con la música, de Nico Casal, convierten la casa familiar en un escenario aterrador que traslada el claustrofóbico escenario a la mente del espectador. Es muy impactante cómo se enfrenta la belleza de los paisajes asturianos con la oscuridad de los pasillos de la vivienda familiar. Las interpretaciones consiguen desde el principio su cometido. Coronado no tiene ningún techo en la interpretación. Puede ser un policía infranqueable, un mafioso, un galán, pero también un jubilado canoso de voz aterciopelada que esconde fantasmas debajo de su bata de andar por casa. Magnin, por su parte, consigue llevar a su cara y a su cuerpo un cansancio vital que es importantísimo para que el espectador se desgaste junto a ella en su búsqueda de una verdad que persigue con obsesión. La actriz le otorga a Ruth una «muerte lenta» metafórica que es desoladora.. Sin embargo, «Los creyentes» tiene algunos peros, empezando por su título, que cuenta más de lo que debería, y más teniendo en cuenta que no es ninguna traducción. La idea original florece, pero hay detalles que deslucen el resultado, como la acumulación de teorías conspiranoicas a poco de comenzar la historia, predisponiendo al espectador a un bombardeo innecesario que parece de obligado conocimiento tan pronto. El personaje de Martín podría haber dosificado su locura hasta límites bastante crueles, dando un espectáculo al terminar. Incluso hay líneas de texto que no están dichas con la contundencia que debería, perdiendo efecto en el acelerón al final de la película.. «Los creyentes» es visible y disfrutable, pero que el espectador no espere nada que no haya visto ya juntando dos o tres producciones. Quizá la relación entre padre e hija debería haberse descentrado de lo sucedido con la madre y el resto de misterios y dedicarse a reconocer que hay conflictos que no pueden resolverse nunca. Tampoco aprovecha al máximo los momentos de suspense que consigue crear con acierto y que consiguen ponernos al borde del sofá. Las escenas más duras se dejan para el final, cuando llegamos ya bastante cansados de saberlo todo.
