El sobrecoste del combustible, la caída de rentabilidad, el problema de la cadena de suministro de aeronaves y la descarbonización lastrarán sus resultados a corto plazo
En la semana en la que las acciones de las principales compañías aéreas europeas registraron fuertes subidas en las plazas bursátiles de todo el continente, con revalorizaciones generalizadas en línea con todo el sector turístico, las sombras en el transporte aéreo de pasajeros no se han disipado.Esta marcada tendencia alcista se produjo como reacción directa del mercado a los últimos anuncios de la Administración estadounidense que apuntan al fin de las tensiones en Oriente Medio, lo que ha provocado un desplome simultáneo en los precios del petróleo.Pese a ello, el futuro inmediato de las aerolíneas continúa sumido en la incertidumbre por cuatro zancadillas que marcarán sus resultados: primero, que la recuperación de los mercados comerciales y la estabilización del sector energético tardará aún tiempo en recuperar los precios anteriores al conflicto, lo que va a provocar que con esta situación y lo ya acumulado, caigan sus ganancias casi a la mitad este año por el aumento acumulado de los precios de los combustibles; segundo, la caída de la rentabilidad por vuelo por el aumento de los costes; tercero, los problemas en la cadena de suministro del sector aeronáutico; y cuarto, los problemas para cumplir con el calendario sobre descarbonización.La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ya asume que el beneficio neto del sector se reducirá casi a la mitad este año, desde los 45.000 millones de dólares (39.668 millones de euros) en 2025 hasta 23.000 millones de dólares (20.275 millones de euros), mientras que el margen neto se hundirá del 4,2% al 2%.Según las previsiones presentadas por el director general de la IATA, Willie Walsh, el sector se enfrenta a un escenario «especialmente complejo por el encarecimiento del queroseno de aviación», que, según las previsiones de la organización, tendrá un precio medio un 70% superior al del año pasado, pese a que se firmara la paz entre EE UU, Israel e Irán.Ese incremento elevará en unos 100.000 millones de dólares (88.150 millones de euros) la factura global de combustible de las aerolíneas en 2026. «Es un año difícil para todas las aerolíneas», afirmó Walsh, que advierte de que la situación es aún más complicada para las compañías que no han terminado de recuperarse financieramente de la pandemia ni de la guerra de Ucrania, que ahora tienen que enfrentarse a nuevas fallas en la cadena de suministro aeroespacial por tensiones geopolíticas y cambios en las políticas comerciales.Pese al deterioro de la rentabilidad, la demanda de transporte aéreo sigue mostrando resiliencia, incluso en un contexto de aumento de tarifas –el 49% de los viajeros prevé gastar más en viajes este año que en 2025 y otro 43% planea mantener el mismo nivel de gasto–, por lo que la IATA calcula que el tráfico de pasajeros crecerá un 2,1% este año, mientras que el transporte de carga avanzará un 0,7%, aunque ambos ritmos serán inferiores a los observados
En la semana en la que las acciones de las principales compañías aéreas europeas registraron fuertes subidas en las plazas bursátiles de todo el continente, con revalorizaciones generalizadas en línea con todo el sector turístico, las sombras en el transporte aéreo de pasajeros no se han disipado. Esta marcada tendencia alcista se produjo como reacción directa del mercado a los últimos anuncios de la Administración estadounidense que apuntan al fin de las tensiones en Oriente Medio, lo que ha provocado un desplome simultáneo en los precios del petróleo. Pese a ello, el futuro inmediato de las aerolíneas continúa sumido en la incertidumbre por cuatro zancadillas que marcarán sus resultados: primero, que la recuperación de los mercados comerciales y la estabilización del sector energético tardará aún tiempo en recuperar los precios anteriores al conflicto, lo que va a provocar que con esta situación y lo ya acumulado, caigan sus ganancias casi a la mitad este año por el aumento acumulado de los precios de los combustibles; segundo, la caída de la rentabilidad por vuelo por el aumento de los costes; tercero, los problemas en la cadena de suministro del sector aeronáutico; y cuarto, los problemas para cumplir con el calendario sobre descarbonización. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ya asume que el beneficio neto del sector se reducirá casi a la mitad este año, desde los 45.000 millones de dólares (39.668 millones de euros) en 2025 hasta 23.000 millones de dólares (20.275 millones de euros), mientras que el margen neto se hundirá del 4,2% al 2%. Según las previsiones presentadas por el director general de la IATA, Willie Walsh, el sector se enfrenta a un escenario «especialmente complejo por el encarecimiento del queroseno de aviación», que, según las previsiones de la organización, tendrá un precio medio un 70% superior al del año pasado, pese a que se firmara la paz entre EE UU, Israel e Irán. Ese incremento elevará en unos 100.000 millones de dólares (88.150 millones de euros) la factura global de combustible de las aerolíneas en 2026. «Es un año difícil para todas las aerolíneas», afirmó Walsh, que advierte de que la situación es aún más complicada para las compañías que no han terminado de recuperarse financieramente de la pandemia ni de la guerra de Ucrania, que ahora tienen que enfrentarse a nuevas fallas en la cadena de suministro aeroespacial por tensiones geopolíticas y cambios en las políticas comerciales. Pese al deterioro de la rentabilidad, la demanda de transporte aéreo sigue mostrando resiliencia, incluso en un contexto de aumento de tarifas –el 49% de los viajeros prevé gastar más en viajes este año que en 2025 y otro 43% planea mantener el mismo nivel de gasto–, por lo que la IATA calcula que el tráfico de pasajeros crecerá un 2,1% este año, mientras que el transporte de carga avanzará un 0,7%, aunque ambos ritmos serán inferiores a los obser
