[[LINK:TAG|||tag|||633612e6ecd56e3616931ac7|||Mónica García]] ha desperdiciado una ocasión de oro para dejar a un lado su nefasto bagaje como gestora de la sanidad pública en España y llegar a las elecciones autonómicas de Madrid limpia de polvo y paja para competir con Isabel Díaz Ayuso por la presidencia de la Comunidad de Madrid. Le hubiera bastado, por ejemplo, con marcar distancia con Pedro Sánchez, poner el grito en el cielo por la corrupción nauseabunda y manifiesta que golpea a sus socios socialistas de Gobierno y bramar por las mordidas cobradas por la compra de mascarillas mientras la gente moría en plena pandemia de Covid-19 en medio de una carestía injustificable de materiales y equipos de protección. En su lugar, la anestesióloga a la que tanto odian sus colegas de profesión ha optado por el camino fácil, el de dorar la píldora a Pedro Sánchez y a sus compañeros de gabinete, aplaudiendo genuflexa sus acciones en esta crisis sin parangón en toda la historia de la democracia. Lejos de reprochar al PSOE su contubernio con José Luis Ábalos, o de tirar de las orejas al presidente por estar cercado por el escándalo que salpica a sus dos secretarios de Organización y a sus familiares más cercanos, la todavía ministra de Sanidad y eterna aspirante a derrocar a la presidenta popular en Madrid ha optado por defender la continuidad del actual Gobierno que, a su juicio, es «solvente», «limpio» y «honrado». Un Gobierno que, en su opinión, «avanza», enfatizó ante los medios, poniendo el énfasis en los mismos derechos etéreos de los que tanto alardea Sánchez y que, entre tanta masacre impositiva, tanta orgía, tanta querida recolocada y tanta comisión ilegal nadie en su sano juicio es capaz de ver. García liga así su futuro político a Sánchez, lo que da pistas del negro porvenir que le espera en política.
La anestesióloga a la que tanto odian sus colegas de profesión ha optado por el camino fácil, el de dorar la píldora a Pedro Sánchez
Mónica García ha desperdiciado una ocasión de oro para dejar a un lado su nefasto bagaje como gestora de la sanidad pública en España y llegar a las elecciones autonómicas de Madrid limpia de polvo y paja para competir con Isabel Díaz Ayuso por la presidencia de la Comunidad de Madrid. Le hubiera bastado, por ejemplo, con marcar distancia con Pedro Sánchez, poner el grito en el cielo por la corrupción nauseabunda y manifiesta que golpea a sus socios socialistas de Gobierno y bramar por las mordidas cobradas por la compra de mascarillas mientras la gente moría en plena pandemia de Covid-19 en medio de una carestía injustificable de materiales y equipos de protección.En su lugar, la anestesióloga a la que tanto odian sus colegas de profesión ha optado por el camino fácil, el de dorar la píldora a Pedro Sánchez y a sus compañeros de gabinete, aplaudiendo genuflexa sus acciones en esta crisis sin parangón en toda la historia de la democracia. Lejos de reprochar al PSOE su contubernio con José Luis Ábalos, o de tirar de las orejas al presidente por estar cercado por el escándalo que salpica a sus dos secretarios de Organización y a sus familiares más cercanos, la todavía ministra de Sanidad y eterna aspirante a derrocar a la presidenta popular en Madrid ha optado por defender la continuidad del actual Gobierno que, a su juicio, es «solvente», «limpio» y «honrado».Un Gobierno que, en su opinión, «avanza», enfatizó ante los medios, poniendo el énfasis en los mismos derechos etéreos de los que tanto alardea Sánchez y que, entre tanta masacre impositiva, tanta orgía, tanta querida recolocada y tanta comisión ilegal nadie en su sano juicio es capaz de ver. García liga así su futuro político a Sánchez, lo que da pistas del negro porvenir que le espera en política.
