Prometía ser una de las mejores noches de ballet de la temporada y de lo que se ha visto por estos lares últimamente, pero los hados del teatro son los maestros del imprevisto, y resultó una accidentada noche salvada para el público que llenaba el patio del Conde Duque por el buen hacer y el arrojo de los bailarines. Interrupciones técnicas (al parecer debido a una fatal coincidencia de fallos de luz y sonido), cambios en el programa y el constante deambular de algún público errático, casi arruinan la velada.. Seguir leyendo. LONDON CITY BALLET. Mephisto Waltz: Ashley Page / Franz Liszt; Concerto (Pas de deux): Kenneth MacMillan / Dimitri Shostakovich; Soon: Tasha Chu / Sam Robinson y Gavin Bryars; Cuadros de una exposición: Alexei Ratmanski / Modest Mussorski. London City Ballet. Director artístico: Christopher Marney. Los Veranos de La Villa. Conde Duque. 24 y 25 de julio.
El buen hacer y arrojo de los bailarines del London City Ballet salvan una velada con interrupciones técnicas y cambios en el programa previsto en el Conde Duque de Madrid
Prometía ser una de las mejores noches de ballet de la temporada y de lo que se ha visto por estos lares últimamente, pero los hados del teatro son los maestros del imprevisto, y resultó una accidentada noche salvada para el público que llenaba el patio del Conde Duque por el buen hacer y el arrojo de los bailarines. Interrupciones técnicas (al parecer debido a una fatal coincidencia de fallos de luz y sonido), cambios en el programa y el constante deambular de algún público errático, casi arruinan la velada. Como siempre en arte, no es cuestión de cantidad, sino de sentido, sensibilidad y calidades. Fue una función inquieta, pero que por momentos permitió el disfrute de buen ballet, ese que a la vez que entretiene lleva al espectador al terreno del pensar. La plantilla salió a ganar terreno, y la danza de exigentes lecturas permitió calibrar a la tropa. El London City Ballet [LCB] con su renacer actual se convierte, curiosamente, en ejemplarizante más allá de las islas. Es un modelo de compañía que funciona y su módulo se adapta a unos circuitos donde los teatros menores británicos, que en ciertas cosas se parecen a los coliseos españoles: escenarios magros o poco proporcionados, tecnología y prestaciones básicas, aforos medios, presupuestos discretos, tengan la posibilidad de programar buen ballet. Entonces llega un proyecto muy pensado, con el reclutado de un grupo de buenos bailarines, una selección de obras atinada y se triunfa. El LCB, dirigido desde 2023 por el exbailarín, maestro y coreógrafo Christopher Marney, ha encontrado su vía de progresión compaginando la nueva creación con la recuperación de un repertorio singular. La seriedad del empeño se vuelve atractivo suficiente para artistas maduros y jóvenes buscando su sitio. LCB tiene agenda llena y planes a largo plazo. Un momento de la actuación del London City Ballet en el centro Conde Duque de Madrid.SCOPE (ayuntamiento de madrid)De todos los elogios y parabienes que recibe Marney constantemente de la prensa británica, el más interesante es sin duda que este exbailarín y coreógrafo está muy sensibilizado con el concepto de repertorio, con la recuperación de obras olvidadas (o que corren el riesgo de perderse de los escenarios) y, en consecuencia, con el sostenimiento de los estilos, muy diferenciados entre sí, de la plétora de creadores coréuticos de nuestra época, especialmente de la Escuela Inglesa, una de las modernas junto a la norteamericana, la cubana o la coreana, por citar tres ejemplos diáfanos y con sus propias definiciones estéticas. La corriente británica, con ingentes recursos, es la que ha producido más cantidad de obras y creadores a lo largo de su primer siglo, a veces yendo a la saga de la pujanza estadounidense y relacionándose con ella. Probablemente, esta actitud y dedicación expresa de Marney es el único recurso y la única posibilidad real de que el arte coreográfico sobreviva a la Era del Silicio y la Inteligenc
