La visita de León XIV coincide con un proceso cada vez más acelerado de descomposición del sanchismo. Más allá de la maquinaria de propaganda de La Moncloa y la siempre fiel armada mediática del régimen, los esfuerzos por unir la figura de un hombre ejemplar y coherente con una persona sin valores que está rodeado de escándalos de corrupción resultarían hilarantes, si no fuera porque vivimos una situación extremadamente grave. El fervor que está mostrando, teniendo en cuenta el anticlericalismo ramplón y decimonónico del Gobierno socialista comunista, solo responde al interés más descarnado. El aparato mediático monclovita utiliza la visita para no tener que hablar de las cloacas, el juicio al hermano, la investigación a su mujer, la próxima sentencia sobre Ábalos y Koldo, los juicios que tendrán que afrontar o el tsunami Zapatero. A estas alturas es más que probable que el PSOE tenga que ser imputado, algo que, si fuera el PP, provocaría la caída del Gobierno, y que se vaya estrechando el círculo alrededor de Sánchez. No parece que nada sea ejemplar. Por supuesto, a la Iglesia le conviene llevarse bien y, curiosamente, a él también para intentar apropiarse de la figura del Papa.. Hay que aclarar que sus mensajes son muy coherentes, como es lógico, con la Doctrina de la Iglesia. Es bueno partir de la base de que es una obra de Dios dirigida por hombres que a veces no han sido todo lo ejemplares que cabría esperar. La realidad es que, desde las enseñanzas de Jesucristo hasta nuestros días, los valores cristianos no son de ninguna ideología política, sino de la Humanidad. La pérdida de los Estados Pontificios fue una bendición, mientras que la excesiva influencia política que sufrió durante el Bajo Imperio Romano fue una maldición que duró demasiados siglos. Conforme el Imperio iba retrocediendo y era cada vez más débil, la jerarquía, que desgraciadamente se fue llenando de miembros de la nobleza que vieron que era un poderoso instrumento de poder terrenal, fue ocupando el vacío hasta que, finalmente, un conjunto de territorios quedó bajo el dominio de la Iglesia gracias a la falsa donación de Constantino que sirvió para justificar la de Pipino. La primera fue un decreto imperial apócrifo por el que la Iglesia justificó legalmente su soberanía política y territorial sobre Roma, Italia y el Imperio Romano de Occidente. La Donatio Constantini fue un fraude elaborado entre los años 750 y 760, simulando haber sido emitido por el emperador Constantino el Grande en agradecimiento al Papa Silvestre I por haberlo curado milagrosamente de la lepra. La chapuza jurídica daba poder soberano, supremacía espiritual al obispo de Roma sobre los patriarcas de Antioquía, Alejandría, Constantinopla y Jerusalén; el derecho a usar las insignias, vestiduras y honores de la dignidad imperial, lo que muestra unas lamentables ambiciones mundanas, y justificaba que la capital se trasladara a Constantinopla. El rey Pipino utilizaría este precedente para atacar a los lombardos y restituir a la Iglesia las tierras confiscadas, dando lugar a la Donación (756 d.C.), que sería el origen de los Estados Pontificios.. A pesar de las ambiciones políticas y territoriales de algunos pontífices y cardenales, el bien siempre ha prevalecido, permitiendo que el magisterio haya sido extraordinario en todo el mundo. Una Iglesia que nació impulsada por la bondad, la caridad y la igualdad ha conseguido perdurar durante milenios, porque es una obra de Dios. La izquierda se confunde al intentar politizar e instrumentalizar los mensajes del Pontífice como si fuera un político alineado con el sanchismo, el comunismo o el Grupo de Puebla. No dice nada nuevo o que esté alejado de lo que defendían sus antecesores cuando habla de la inmigración, las guerras, la pobreza, la polarización, las críticas a las ideologías mundanas o pide que se huya de «enfoques identitarios que parecen arreglarlo todo, pero que llenan el mundo de fantasmas y enemigos».. Cualquier Papa conoce muy bien el horror que han significado ideologías como el comunismo, el fascismo, el nazismo o determinados populismos. No solo lo conoce, sino que se concretaron en las brutales persecuciones de los católicos, por citar algunos ejemplos, en la Unión Soviética y los países del Este, China y la Guerra Civil Española. Cuando se idealiza la Revolución Francesa, consecuencia de una evidente ignorancia, es bueno recordar que en la Vendée se mataron a más de doscientos mil católicos. No olvidemos lo sucedido en Roma, la Inglaterra anglicana durante los Tudor, Alemania con la Reforma o México con la Cristiada. Millones de católicos han dado su vida por su fe a lo largo de los siglos. Otra cuestión distinta es que vivimos otros tiempos, pero no hay que olvidar el peligro que ha sido y sigue siendo el comunismo en cualquier país que consigue el gobierno.. La visita de León XIV es un gran y merecido regalo a España, donde la política debe quedar al margen y la instrumentalización sanchista es un insulto a la inteligencia. Hay que entender la labor ecuménica que desde hace tiempo preside la labor de los Papas y que es razonable con el objetivo de buscar un mundo mejor. Alejados de las vanidades de antaño y los fastos imperiales tan mundanos que nada tienen que ver con Jesucristo y la sencillez que predicaba, un mundo mejor pasa, precisamente, porque la religión no sea ninguna barrera, sino un punto de encuentro para estar más cerca de Dios. Otra cuestión distinta son los radicalismos de algunas confesiones y su utilización política, como sucede con un sector del Islam y en países como Irán. Por ello, es positivo destacar los aspectos positivos de Al Ándalus, aunque sin olvidar los horrores de una invasión que, afortunadamente, se pudo revertir con la Reconquista. Lo mismo se puede señalar cuando se busca el entendimiento con el resto de las confesiones cristianas, pero valorando la actuación de la Contrarreforma.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«La visita de León XIV es un gran regalo a España, donde la política debe quedar al margen y la instrumentalización sanchista es un insulto a la inteligencia»
La visita de León XIV coincide con un proceso cada vez más acelerado de descomposición del sanchismo. Más allá de la maquinaria de propaganda de La Moncloa y la siempre fiel armada mediática del régimen, los esfuerzos por unir la figura de un hombre ejemplar y coherente con una persona sin valores que está rodeado de escándalos de corrupción resultarían hilarantes, si no fuera porque vivimos una situación extremadamente grave. El fervor que está mostrando, teniendo en cuenta el anticlericalismo ramplón y decimonónico del Gobierno socialista comunista, solo responde al interés más descarnado. El aparato mediático monclovita utiliza la visita para no tener que hablar de las cloacas, el juicio al hermano, la investigación a su mujer, la próxima sentencia sobre Ábalos y Koldo, los juicios que tendrán que afrontar o el tsunami Zapatero. A estas alturas es más que probable que el PSOE tenga que ser imputado, algo que, si fuera el PP, provocaría la caída del Gobierno, y que se vaya estrechando el círculo alrededor de Sánchez. No parece que nada sea ejemplar. Por supuesto, a la Iglesia le conviene llevarse bien y, curiosamente, a él también para intentar apropiarse de la figura del Papa.. Hay que aclarar que sus mensajes son muy coherentes, como es lógico, con la Doctrina de la Iglesia. Es bueno partir de la base de que es una obra de Dios dirigida por hombres que a veces no han sido todo lo ejemplares que cabría esperar. La realidad es que, desde las enseñanzas de Jesucristo hasta nuestros días, los valores cristianos no son de ninguna ideología política, sino de la Humanidad. La pérdida de los Estados Pontificios fue una bendición, mientras que la excesiva influencia política que sufrió durante el Bajo Imperio Romano fue una maldición que duró demasiados siglos. Conforme el Imperio iba retrocediendo y era cada vez más débil, la jerarquía, que desgraciadamente se fue llenando de miembros de la nobleza que vieron que era un poderoso instrumento de poder terrenal, fue ocupando el vacío hasta que, finalmente, un conjunto de territorios quedó bajo el dominio de la Iglesia gracias a la falsa donación de Constantino que sirvió para justificar la de Pipino. La primera fue un decreto imperial apócrifo por el que la Iglesia justificó legalmente su soberanía política y territorial sobre Roma, Italia y el Imperio Romano de Occidente. La Donatio Constantini fue un fraude elaborado entre los años 750 y 760, simulando haber sido emitido por el emperador Constantino el Grande en agradecimiento al Papa Silvestre I por haberlo curado milagrosamente de la lepra. La chapuza jurídica daba poder soberano, supremacía espiritual al obispo de Roma sobre los patriarcas de Antioquía, Alejandría, Constantinopla y Jerusalén; el derecho a usar las insignias, vestiduras y honores de la dignidad imperial, lo que muestra unas lamentables ambiciones mundanas, y justificaba que la capital se trasladara a Constantinopla. El rey Pipino utilizaría este precedente para atacar a los lombardos y restituir a la Iglesia las tierras confiscadas, dando lugar a la Donación (756 d.C.), que sería el origen de los Estados Pontificios.. A pesar de las ambiciones políticas y territoriales de algunos pontífices y cardenales, el bien siempre ha prevalecido, permitiendo que el magisterio haya sido extraordinario en todo el mundo. Una Iglesia que nació impulsada por la bondad, la caridad y la igualdad ha conseguido perdurar durante milenios, porque es una obra de Dios. La izquierda se confunde al intentar politizar e instrumentalizar los mensajes del Pontífice como si fuera un político alineado con el sanchismo, el comunismo o el Grupo de Puebla. No dice nada nuevo o que esté alejado de lo que defendían sus antecesores cuando habla de la inmigración, las guerras, la pobreza, la polarización, las críticas a las ideologías mundanas o pide que se huya de «enfoques identitarios que parecen arreglarlo todo, pero que llenan el mundo de fantasmas y enemigos».. Cualquier Papa conoce muy bien el horror que han significado ideologías como el comunismo, el fascismo, el nazismo o determinados populismos. No solo lo conoce, sino que se concretaron en las brutales persecuciones de los católicos, por citar algunos ejemplos, en la Unión Soviética y los países del Este, China y la Guerra Civil Española. Cuando se idealiza la Revolución Francesa, consecuencia de una evidente ignorancia, es bueno recordar que en la Vendée se mataron a más de doscientos mil católicos. No olvidemos lo sucedido en Roma, la Inglaterra anglicana durante los Tudor, Alemania con la Reforma o México con la Cristiada. Millones de católicos han dado su vida por su fe a lo largo de los siglos. Otra cuestión distinta es que vivimos otros tiempos, pero no hay que olvidar el peligro que ha sido y sigue siendo el comunismo en cualquier país que consigue el gobierno.. La visita de León XIV es un gran y merecido regalo a España, donde la política debe quedar al margen y la instrumentalización sanchista es un insulto a la inteligencia. Hay que entender la labor ecuménica que desde hace tiempo preside la labor de los Papas y que es razonable con el objetivo de buscar un mundo mejor. Alejados de las vanidades de antaño y los fastos imperiales tan mundanos que nada tienen que ver con Jesucristo y la sencillez que predicaba, un mundo mejor pasa, precisamente, porque la religión no sea ninguna barrera, sino un punto de encuentro para estar más cerca de Dios. Otra cuestión distinta son los radicalismos de algunas confesiones y su utilización política, como sucede con un sector del Islam y en países como Irán. Por ello, es positivo destacar los aspectos positivos de Al Ándalus, aunque sin olvidar los horrores de una invasión que, afortunadamente, se pudo revertir con la Reconquista. Lo mismo se puede señalar cuando se busca el entendimiento con el resto de las confesiones cristianas, pero valorando la actuación de la Contrarreforma.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
