Marruecos expulsa miles de niños sobre Ceuta, ¡reclama que «es suya»! Ceuta (Hispania Transfretana) y Melilla (Russaddir) eran españolas cuando Marruecos era «protectorado español», y mucho antes de que Marruecos existiera, o soñara con ser. No hay colonialismo español, eso es un embuste intolerable. Luego, Marruecos asedia a España con civiles, entre ellos niños. El «gobierno progresista» deriva a esos niños marroquíes a comunidades del PP, para que la presión económica, social, erosione a sus «enemigos». Ergo, Marruecos presiona al gobierno semiespañol y éste estruja al PP. ¡¿Usan niños como elemento de guerra y política?! ¿Y estamos normalizando esto…? ¿Pero en qué época vivimos, en la de Nabucodonosor? ¿Habitamos el siglo XXI, o la Antigüedad salvaje y cruel de los sacrificios humanos? Los niños tienen que estar en su país, al amparo de sus padres, su cultura y sus leyes, por lamentable que esto sea. Ningún país puede criar a la población del vecino. Hay que devolver a los menores con sus familias, y si resulta complicado, existe otra fórmula sencilla: mandarlos con las autoridades marroquíes para que ellas encuentren a los parientes de unos niños que el «efecto llamada» de gobernantes vividores ha condenado a una prueba de muerte y barbarie. ¿Cuántos niños han muerto en este último asalto a Ceuta? ¿Dónde está la fraternidad universal progresista con los desheredados del mundo, esa beatífica solidaridad que pretende acoger a todos los descamisados de la Tierra y subsidiarlos con impuestos españoles? El planeta tiene más de 8.300 millones de habitantes. Casi todos poseen iPhone, como los marroquíes que asaltan las fronteras de España, pero carecen del pasaporte español que el gobierno semiespañol les ha prometido. ¿Vendrán todos? ¿Cuál es la cuota adecuada, según los poderosos moralmente jactanciosos del gobierno plurinacionalista feminista? ¿1.000, 5.000 millones…? Soñemos: si «acogemos» a cinco mil millones de menores, aunque hayan cumplido los 45, ¡el PIB subirá mucho! Porque los pobres tienen la costumbre –como los ricos– de comer diariamente, y eso mejora las estadísticas macroeconómicas. ¡Qué contentos estarán nuestros cuadros dirigentes vividores viendo las cifras de Eurostat! ¡Y en Bruselas también batirán palmitas de placer!
«Los niños tienen que estar en su país, al amparo de sus padres. Ningún país puede criar a la población del vecino»
Marruecos expulsa miles de niños sobre Ceuta, ¡reclama que «es suya»! Ceuta (Hispania Transfretana) y Melilla (Russaddir) eran españolas cuando Marruecos era «protectorado español», y mucho antes de que Marruecos existiera, o soñara con ser. No hay colonialismo español, eso es un embuste intolerable. Luego, Marruecos asedia a España con civiles, entre ellos niños. El «gobierno progresista» deriva a esos niños marroquíes a comunidades del PP, para que la presión económica, social, erosione a sus «enemigos». Ergo, Marruecos presiona al gobierno semiespañol y éste estruja al PP. ¡¿Usan niños como elemento de guerra y política?! ¿Y estamos normalizando esto…? ¿Pero en qué época vivimos, en la de Nabucodonosor? ¿Habitamos el siglo XXI, o la Antigüedad salvaje y cruel de los sacrificios humanos? Los niños tienen que estar en su país, al amparo de sus padres, su cultura y sus leyes, por lamentable que esto sea. Ningún país puede criar a la población del vecino. Hay que devolver a los menores con sus familias, y si resulta complicado, existe otra fórmula sencilla: mandarlos con las autoridades marroquíes para que ellas encuentren a los parientes de unos niños que el «efecto llamada» de gobernantes vividores ha condenado a una prueba de muerte y barbarie. ¿Cuántos niños han muerto en este último asalto a Ceuta? ¿Dónde está la fraternidad universal progresista con los desheredados del mundo, esa beatífica solidaridad que pretende acoger a todos los descamisados de la Tierra y subsidiarlos con impuestos españoles? El planeta tiene más de 8.300 millones de habitantes. Casi todos poseen iPhone, como los marroquíes que asaltan las fronteras de España, pero carecen del pasaporte español que el gobierno semiespañol les ha prometido. ¿Vendrán todos? ¿Cuál es la cuota adecuada, según los poderosos moralmente jactanciosos del gobierno plurinacionalista feminista? ¿1.000, 5.000 millones…? Soñemos: si «acogemos» a cinco mil millones de menores, aunque hayan cumplido los 45, ¡el PIB subirá mucho! Porque los pobres tienen la costumbre –como los ricos– de comer diariamente, y eso mejora las estadísticas macroeconómicas. ¡Qué contentos estarán nuestros cuadros dirigentes vividores viendo las cifras de Eurostat! ¡Y en Bruselas también batirán palmitas de placer!
