¿Eres de los que seguirían durmiendo aunque explotara una bomba justo al lado? Científicos de las universidades de Lausana y Ginebra ofrecen una explicación parcial para este fenómeno. En un estudio publicado en «Current Biology», se muestra cómo el cerebro reorganiza progresivamente la forma en que procesa la información sensorial al pasar de la vigilia al sueño REM. Constantemente bombardeado por estímulos tanto del entorno como del propio cuerpo, el cerebro es un verdadero maestro en la integración de señales. Lo que sigue siendo un misterio para los neurocientíficos es el mecanismo preciso que le permite clasificar, priorizar y combinar toda esta información; y aún más misterioso es cómo cambia este proceso a medida que pasamos de un nivel de conciencia a otro, por ejemplo, de la vigilia al sueño. «El sueño REM ofrece un contexto ideal para abordar esta cuestión», afirma Jacinthe Cataldi, una de las coautoras principales del estudio en un comunicado de la revista. «Aunque su actividad neuronal comparte algunas similitudes con la del cerebro despierto, el sueño REM -prosigue- se caracteriza por una profunda desconexión del mundo exterior». Esta desconexión conlleva un umbral de activación más elevado: la información sensorial del entorno tiene más dificultad para llegar al cerebro, que, sin embargo, continúa procesando otros tipos de señales. Sin embargo, el sueño REM no es un estado uniforme. Alterna constantemente entre dos fases: REM tónico y REM fásico. Es durante esta segunda fase cuando aparecen los movimientos oculares rápidos, que dan nombre a esta etapa del sueño. El REM fásico también se caracteriza por breves espasmos musculares y ritmos cardíacos y respiratorios más variables. Las dos fases también difieren en su grado de desconexión sensorial: la sensibilidad a los estímulos externos disminuye progresivamente desde la vigilia hasta el sueño REM tónico y, finalmente, hasta el sueño REM fásico, donde alcanza su nivel más bajo. «Aprovechamos esta transición gradual bien conocida para comparar la respuesta neuronal a los estímulos auditivos externos con la respuesta a las entradas internas, en este caso, los latidos del corazón», explica Andria Pelentritou, la otra coautora principal del estudio. Los neurocientíficos registraron la actividad neuronal de 25 voluntarios durante dos noches de sueño mediante un electroencefalograma (EEG). Compararon los potenciales eléctricos generados por estímulos auditivos con los provocados por los latidos cardíacos durante la vigilia y las diferentes fases del sueño, lo que condujo a un descubrimiento: a medida que la respuesta neuronal a los sonidos del entorno se debilita, el procesamiento de las señales cardíacas se fortalece. «No se trata de una supresión global de estímulos. Más bien, el cerebro dirige su capacidad de escucha hacia adentro», resume Marzia De Lucia, del Departamento de Neurociencias Clínicas del CHUV y profesora
Un estudio suizo demuestra que, a medida que entramos en la fase REM del sueño, las señales del mundo exterior disminuyen gradualmente, mientras que las que provienen de nuestro propio cuerpo se conservan o incluso se intensifican
¿Eres de los que seguirían durmiendo aunque explotara una bomba justo al lado? Científicos de las universidades de Lausana y Ginebra ofrecen una explicación parcial para este fenómeno.En un estudio publicado en «Current Biology», se muestra cómo el cerebro reorganiza progresivamente la forma en que procesa la información sensorial al pasar de la vigilia al sueño REM.Constantemente bombardeado por estímulos tanto del entorno como del propio cuerpo, el cerebro es un verdadero maestro en la integración de señales. Lo que sigue siendo un misterio para los neurocientíficos es el mecanismo preciso que le permite clasificar, priorizar y combinar toda esta información; y aún más misterioso es cómo cambia este proceso a medida que pasamos de un nivel de conciencia a otro, por ejemplo, de la vigilia al sueño.«El sueño REM ofrece un contexto ideal para abordar esta cuestión», afirma Jacinthe Cataldi, una de las coautoras principales del estudio en un comunicado de la revista.«Aunque su actividad neuronal comparte algunas similitudes con la del cerebro despierto, el sueño REM -prosigue- se caracteriza por una profunda desconexión del mundo exterior». Esta desconexión conlleva un umbral de activación más elevado: la información sensorial del entorno tiene más dificultad para llegar al cerebro, que, sin embargo, continúa procesando otros tipos de señales.Sin embargo, el sueño REM no es un estado uniforme. Alterna constantemente entre dos fases: REM tónico y REM fásico. Es durante esta segunda fase cuando aparecen los movimientos oculares rápidos, que dan nombre a esta etapa del sueño. El REM fásico también se caracteriza por breves espasmos musculares y ritmos cardíacos y respiratorios más variables.Las dos fases también difieren en su grado de desconexión sensorial: la sensibilidad a los estímulos externos disminuye progresivamente desde la vigilia hasta el sueño REM tónico y, finalmente, hasta el sueño REM fásico, donde alcanza su nivel más bajo.«Aprovechamos esta transición gradual bien conocida para comparar la respuesta neuronal a los estímulos auditivos externos con la respuesta a las entradas internas, en este caso, los latidos del corazón», explica Andria Pelentritou, la otra coautora principal del estudio.Los neurocientíficos registraron la actividad neuronal de 25 voluntarios durante dos noches de sueño mediante un electroencefalograma (EEG). Compararon los potenciales eléctricos generados por estímulos auditivos con los provocados por los latidos cardíacos durante la vigilia y las diferentes fases del sueño, lo que condujo a un descubrimiento: a medida que la respuesta neuronal a los sonidos del entorno se debilita, el procesamiento de las señales cardíacas se fortalece.«No se trata de una supresión global de estímulos. Más bien, el cerebro dirige su capacidad de escucha hacia adentro», resume Marzia De Lucia, del Departamento de Neurociencias Clínicas del CHUV y profesora titular d
