La sepsis no es una enfermedad nueva, ni desconocida, ni rara, pero sí es una de las grandes emergencias silenciosas de la Medicina moderna. Aparece sin avisar, se confunde con infecciones banales y, cuando muestra su verdadera cara, ya ha puesto en marcha un proceso inflamatorio capaz de destruir órganos en cuestión de horas. Cada año, miles de personas en España desarrollan sepsis grave o shock séptico. Muchas sobreviven, otras no, y un número creciente arrastra secuelas físicas y psicológicas que duran años.. Este domingo, con motivo del Día Mundial de la Sepsis, los especialistas recuerdan que la clave sigue siendo la misma: tiempo. Cada hora sin diagnóstico ni tratamiento aumenta el riesgo de muerte. Pero hoy, por primera vez, la ciencia empieza a ofrecer herramientas que podrían cambiar ese margen crítico.. La primera gran transformación llega desde los laboratorios de microbiología. «Las novedades que permiten detectar la sepsis para impedir que se produzca un fallo multiorgánico son fundamentalmente las basadas en nuevos tests diagnósticos que permiten dar resultados con mayor rapidez», explica Luis Buzón, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc).. Ya no se trata solo de cultivos de sangre. Los hospitales trabajan con PCR ultrarrápidas en líquido cefalorraquídeo, biopsias de tejidos, orina o muestras respiratorias. La tecnología permite identificar el microorganismo en horas, no en días.. Pero esa rapidez tiene una condición: que haya un microbiólogo disponible las 24 horas. «Es crítico que exista un microbiólogo en el hospital para trabajar las muestras en el momento en que las recibe», insiste Buzón.. La IA, más eficaz que un médico eligiendo antibióticos. La sepsis es una carrera contra el reloj. Y la microbiología, que durante décadas fue un proceso lento y manual, se ha convertido en una pieza clave de la medicina de precisión. España, además, está siendo pionera en el uso de inteligencia artificial para elegir el antibiótico más adecuado en función del perfil del paciente y del microorganismo.. «Tenemos ya ejemplos en España de que la IA es más eficaz que un médico eligiendo antibióticos en perfiles concretos», explica el especialista. No se trata de sustituir al clínico, sino de darle herramientas para decidir más rápido y con más información.. Pero incluso con el mejor diagnóstico, la sepsis sigue teniendo un componente imprevisible. «El desarrollo del fallo multiorgánico no depende solo de la precocidad del diagnóstico y del tratamiento», recuerda Buzón. La evolución depende de la interacción entre el microorganismo y la genética del paciente. Dos personas con la misma infección pueden tener desenlaces radicalmente distintos.. La investigación avanza hacia modelos que permitan predecir esa respuesta individual. Un reciente artículo científico publicado en Frontiers in Medicine apunta a que, en unos años, será posible anticipar qué pacientes tienen más riesgo de desarrollar sepsis grave o shock séptico. Hoy es solo una hipótesis, pero la IA y los biomarcadores están acelerando ese camino.. Mientras tanto, el tratamiento del shock séptico (la complicación más grave de una infección, que causa una caída drástica de la presión arterial y un fallo en el funcionamiento de los órganos vitales) sigue evolucionando.. Las guías internacionales revisan cada cierto tiempo las indicaciones sobre fluidoterapia, vasopresores y resucitación. Pero el esquema esencial permanece: «En el tratamiento del shock séptico hay tres pasos que nunca cambian. El primero es localizar el foco de la infección y resolverlo cuanto antes, ya sea mediante drenaje, cirugía o actuando directamente sobre la zona afectada. El segundo es una resucitación rápida con fluidos intravenosos, imprescindible para revertir la caída brusca de la presión arterial y restaurar la perfusión de los órganos. Y el tercero es iniciar de inmediato un tratamiento antibiótico empírico eficaz, sin esperar al resultado del cultivo. Se empieza con antibióticos de amplio espectro y, cuando el laboratorio identifica el microorganismo, se ajusta el tratamiento. La rapidez salva vidas, pero la biología del paciente sigue siendo decisiva», explica Buzón.. Por otro lado, la sepsis ya no se entiende solo como una emergencia aguda. Las nuevas directrices internacionales ponen el foco en las secuelas físicas y psíquicas que sufren los supervivientes: deterioro cognitivo, fatiga crónica, trastorno de estrés postraumático, ansiedad, depresión y dificultades funcionales.. Para entender la velocidad con la que actúa la sepsis, basta escuchar a Alicia Hernanz, delegada de la Asociación Española contra la Meningitis y la Sepsis (AEMS) en Castilla y León. Su hija Lucía tenía 13 meses cuando una infección aparentemente leve se transformó en una sepsis fulminante. Era Carnaval y la niña había pasado el día bien. Por la noche empezó a gemir en la cuna. Nada alarmante. A las pocas horas tenía 40 de fiebre. En el centro de salud les recomendaron alternar ibuprofeno y paracetamol. «Los primeros síntomas suelen parecer una enfermedad banal. No es que no sepan verlo, es que no da la cara en las primeras fases», explica Alicia.. «Como un muñeco de trapo». Pero a las 9:00 de la mañana, la niña estaba irreconocible. «Me colgaba como un muñeco de trapo. Tenía los labios amoratados, la piel reticular, toda blanca, con las venitas marcadas. No respondía». La pediatra les pidió que fueran al centro de salud de inmediato. No había UVI medicalizada en la zona. Si llamaban al helicóptero, no llegaría a tiempo. La única opción era conducir 60 kilómetros hasta el Hospital de Segovia.. En el coche, las petequias comenzaron a aparecer en la cara de la niña. «Veía cómo se dibujaban una a una. Vomitaba ‘a escopetazo’, no admitía ni agua, apenas abría los ojos. Pensé que se me moría en el coche». En Segovia, los médicos actuaron de inmediato. No podían canalizar una vía porque la sangre ya estaba coagulando. Se la pusieron en la cabeza. «Me dijeron que tenía un shock séptico, que estaba muy grave y que no sabían si iba a sobrevivir». Solo si conseguían estabilizarla podrían trasladarla al Ramón y Cajal. Lo lograron por minutos.. Lucía pasó 18 días en la UCI pediátrica, trece de ellos en coma inducido. Sufrió un trombo en el corazón, infecciones añadidas y riesgo de perder extremidades. Tras la UCI, volvió a Segovia para continuar con heparina directa al corazón. En casa, sus padres tuvieron que seguir inyectándosela cada día.. La recuperación fue lenta. Lucía no gateaba ni andaba. Durante casi un año, la familia vivió entre neurólogos, cardiólogos y atención temprana. «Tienes tanto miedo que sigues preguntándote qué has hecho mal», admite Alicia. Finalmente, la niña no tuvo secuelas. Solo una pequeña marca en la espalda por la necrosis de las petequias.. A los pocos meses de vivir la experiencia más dura de su vida, Alicia se puso a trabajar en la Fundación Irene Megías contra la Meningitis, que era la única asociación de afectados que existía entonces. Hace 10 años, cofundó la AEMS, de la que hoy es delegada en su comunidad. Lucha para que ninguna familia llegue a urgencias sin saber qué es la sepsis, alentando a los médicos a que den a conocer a los pacientes y sus familiares la existencia de la Asociación, donde pueden ayudarles y acompañarles.. Infecciosas, la especialidad que no llega. España es el único país occidental que aún no reconoce la especialidad de Enfermedades Infecciosas. «Es una anomalía, no tiene explicación lógica alguna», explica Buzón. «La ausencia de esta especialidad supone una perdida de calidad del sistema sanitario y sobre todo cuando hay un motivo por el que no se debería demorar ni un día más que es que los pacientes con enfermedades infecciosas complejas atendidos por médicos especialistas en infecciosas tienen menor mortalidad. Esto está ampliamente demostrado en evidencia científica y clínica. Simplemente por eso no es admisible que un español tenga mayor o menor riesgo de mortalidad para una patología en función de la suerte que tenga de que su hospital de referencia tenga o no un especialista en infecciosos».
Cada año, miles de personas en España desarrollan sepsis grave o shock séptico. Muchas sobreviven, otras no, y un número creciente arrastra secuelas físicas y psicológicas que duran años
La sepsis no es una enfermedad nueva, ni desconocida, ni rara, pero sí es una de las grandes emergencias silenciosas de la Medicina moderna. Aparece sin avisar, se confunde con infecciones banales y, cuando muestra su verdadera cara, ya ha puesto en marcha un proceso inflamatorio capaz de destruir órganos en cuestión de horas. Cada año, miles de personas en España desarrollan sepsis grave o shock séptico. Muchas sobreviven, otras no, y un número creciente arrastra secuelas físicas y psicológicas que duran años.. Este domingo, con motivo del Día Mundial de la Sepsis, los especialistas recuerdan que la clave sigue siendo la misma: tiempo. Cada hora sin diagnóstico ni tratamiento aumenta el riesgo de muerte. Pero hoy, por primera vez, la ciencia empieza a ofrecer herramientas que podrían cambiar ese margen crítico.. La primera gran transformación llega desde los laboratorios de microbiología. «Las novedades que permiten detectar la sepsis para impedir que se produzca un fallo multiorgánico son fundamentalmente las basadas en nuevos tests diagnósticos que permiten dar resultados con mayor rapidez», explica Luis Buzón, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc).. Ya no se trata solo de cultivos de sangre. Los hospitales trabajan con PCR ultrarrápidas en líquido cefalorraquídeo, biopsias de tejidos, orina o muestras respiratorias. La tecnología permite identificar el microorganismo en horas, no en días.. Pero esa rapidez tiene una condición: que haya un microbiólogo disponible las 24 horas. «Es crítico que exista un microbiólogo en el hospital para trabajar las muestras en el momento en que las recibe», insiste Buzón.. La IA, más eficaz que un médico eligiendo antibióticos. La sepsis es una carrera contra el reloj. Y la microbiología, que durante décadas fue un proceso lento y manual, se ha convertido en una pieza clave de la medicina de precisión. España, además, está siendo pionera en el uso de inteligencia artificial para elegir el antibiótico más adecuado en función del perfil del paciente y del microorganismo.. «Tenemos ya ejemplos en España de que la IA es más eficaz que un médico eligiendo antibióticos en perfiles concretos», explica el especialista. No se trata de sustituir al clínico, sino de darle herramientas para decidir más rápido y con más información.. Pero incluso con el mejor diagnóstico, la sepsis sigue teniendo un componente imprevisible. «El desarrollo del fallo multiorgánico no depende solo de la precocidad del diagnóstico y del tratamiento», recuerda Buzón. La evolución depende de la interacción entre el microorganismo y la genética del paciente. Dos personas con la misma infección pueden tener desenlaces radicalmente distintos.. La investigación avanza hacia modelos que permitan predecir esa respuesta individual. Un reciente artículo científico publicado en Frontiers in Medicine apunta a que, en unos años, será posible anticipar qué pacientes tienen más riesgo de desarrollar sepsis grave o shock séptico. Hoy es solo una hipótesis, pero la IA y los biomarcadores están acelerando ese camino.. Mientras tanto, el tratamiento del shock séptico (la complicación más grave de una infección, que causa una caída drástica de la presión arterial y un fallo en el funcionamiento de los órganos vitales) sigue evolucionando.. Las guías internacionales revisan cada cierto tiempo las indicaciones sobre fluidoterapia, vasopresores y resucitación. Pero el esquema esencial permanece: «En el tratamiento del shock séptico hay tres pasos que nunca cambian. El primero es localizar el foco de la infección y resolverlo cuanto antes, ya sea mediante drenaje, cirugía o actuando directamente sobre la zona afectada. El segundo es una resucitación rápida con fluidos intravenosos, imprescindible para revertir la caída brusca de la presión arterial y restaurar la perfusión de los órganos. Y el tercero es iniciar de inmediato un tratamiento antibiótico empírico eficaz, sin esperar al resultado del cultivo. Se empieza con antibióticos de amplio espectro y, cuando el laboratorio identifica el microorganismo, se ajusta el tratamiento. La rapidez salva vidas, pero la biología del paciente sigue siendo decisiva», explica Buzón.. Por otro lado, la sepsis ya no se entiende solo como una emergencia aguda. Las nuevas directrices internacionales ponen el foco en las secuelas físicas y psíquicas que sufren los supervivientes: deterioro cognitivo, fatiga crónica, trastorno de estrés postraumático, ansiedad, depresión y dificultades funcionales.. Para entender la velocidad con la que actúa la sepsis, basta escuchar a Alicia Hernanz, delegada de la Asociación Española contra la Meningitis y la Sepsis (AEMS) en Castilla y León. Su hija Lucía tenía 13 meses cuando una infección aparentemente leve se transformó en una sepsis fulminante. Era Carnaval y la niña había pasado el día bien. Por la noche empezó a gemir en la cuna. Nada alarmante. A las pocas horas tenía 40 de fiebre. En el centro de salud les recomendaron alternar ibuprofeno y paracetamol. «Los primeros síntomas suelen parecer una enfermedad banal. No es que no sepan verlo, es que no da la cara en las primeras fases», explica Alicia.. «Como un muñeco de trapo». Pero a las 9:00 de la mañana, la niña estaba irreconocible. «Me colgaba como un muñeco de trapo. Tenía los labios amoratados, la piel reticular, toda blanca, con las venitas marcadas. No respondía». La pediatra les pidió que fueran al centro de salud de inmediato. No había UVI medicalizada en la zona. Si llamaban al helicóptero, no llegaría a tiempo. La única opción era conducir 60 kilómetros hasta el Hospital de Segovia.. En el coche, las petequias comenzaron a aparecer en la cara de la niña. «Veía cómo se dibujaban una a una. Vomitaba ‘a escopetazo’, no admitía ni agua, apenas abría los ojos. Pensé que se me moría en el coche». En Segovia, los médicos actuaron de inmediato. No podían canalizar una vía porque la sangre ya estaba coagulando. Se la pusieron en la cabeza. «Me dijeron que tenía un shock séptico, que estaba muy grave y que no sabían si iba a sobrevivir». Solo si conseguían estabilizarla podrían trasladarla al Ramón y Cajal. Lo lograron por minutos.. Lucía pasó 18 días en la UCI pediátrica, trece de ellos en coma inducido. Sufrió un trombo en el corazón, infecciones añadidas y riesgo de perder extremidades. Tras la UCI, volvió a Segovia para continuar con heparina directa al corazón. En casa, sus padres tuvieron que seguir inyectándosela cada día.. La recuperación fue lenta. Lucía no gateaba ni andaba. Durante casi un año, la familia vivió entre neurólogos, cardiólogos y atención temprana. «Tienes tanto miedo que sigues preguntándote qué has hecho mal», admite Alicia. Finalmente, la niña no tuvo secuelas. Solo una pequeña marca en la espalda por la necrosis de las petequias.. A los pocos meses de vivir la experiencia más dura de su vida, Alicia se puso a trabajar en la Fundación Irene Megías contra la Meningitis, que era la única asociación de afectados que existía entonces. Hace 10 años, cofundó la AEMS, de la que hoy es delegada en su comunidad. Lucha para que ninguna familia llegue a urgencias sin saber qué es la sepsis, alentando a los médicos a que den a conocer a los pacientes y sus familiares la existencia de la Asociación, donde pueden ayudarles y acompañarles.. Infecciosas, la especialidad que no llega. España es el único país occidental que aún no reconoce la especialidad de Enfermedades Infecciosas. «Es una anomalía, no tiene explicación lógica alguna», explica Buzón. «La ausencia de esta especialidad supone una perdida de calidad del sistema sanitario y sobre todo cuando hay un motivo por el que no se debería demorar ni un día más que es que los pacientes con enfermedades infecciosas complejas atendidos por médicos especialistas en infecciosas tienen menor mortalidad. Esto está ampliamente demostrado en evidencia científica y clínica. Simplemente por eso no es admisible que un español tenga mayor o menor riesgo de mortalidad para una patología en función de la suerte que tenga de que su hospital de referencia tenga o no un especialista en infecciosos».
