Emilio, propietario de cuatro restaurantes, asegura que 19 trabajadores de sala de su cadena tienen titulación superior y vincula algunos cambios profesionales con la búsqueda de menos estrés y carga de trabajo
Emilio, hostelero en Madrid, defendió en una entrevista emitida en 2023 para Espejo Público que los camareros que cumplen con sus obligaciones laborales están bien remunerados y pueden llegar a fin de mes. El empresario también aseguró que en los establecimientos que gestiona trabajan 19 empleados de sala con titulación superior, algunos de los cuales habrían optado por la hostelería después de no encontrar una salida relacionada con sus estudios o de abandonar otros puestos sometidos a una elevada presión.. Añadió que algunas personas habían dejado la que teóricamente era su vocación porque «había llegado a agobiarse en exceso». Como ejemplo, mencionó a un amigo suyo que trabajó para un importante banco y que «había tenido a su cargo a 150 personas». Según el relato de Emilio, aquel amigo dejó esa responsabilidad por el estrés y llevaba ya tres años trabajando en sus restaurantes.. Menos presión para los camareros que para los responsables. Emilio admitió que en este último sector se sufre «un estrés considerable». No obstante, diferenció entre las responsabilidades de los distintos puestos y afirmó que la presión es menor para un camarero que para un encargado, un responsable de ventas o un jefe de sala. «Los camareros tienen menos horas y menos estrés», señaló durante la entrevista.. Sus palabras circunscriben esa comparación a la estructura de los negocios que dirige y a su experiencia como empresario. Emilio no negó las exigencias propias del trabajo en sala, pero sostuvo que los puestos con capacidad de decisión y responsabilidad sobre el funcionamiento del establecimiento soportan una carga mayor. En ese contexto situó la incorporación de profesionales titulados que, según su testimonio, habrían encontrado en la hostelería unas condiciones más compatibles con su bienestar y su tiempo personal.. «No están mal remunerados». El hostelero también rechazó que el trabajo de camarero sea necesariamente una ocupación mal pagada. Según afirmó, estos empleados «no están mal remunerados» y, «si uno cumple con todo, como tiene que ser, ganan bastante bien, y al fin y al cabo llegan a fin de mes». Al ser preguntado sobre las denuncias de bajos salarios o incumplimientos contractuales en una parte del sector, reconoció que, a su juicio, hay empresarios que se aprovechan de la necesidad de otras personas.. Emilio añadió que también existen trabajadores sin la cualificación necesaria para desempeñar correctamente el oficio de camarero y que, por ello, precisarían formación. Su reflexión apuntó a la profesionalización de este trabajo, que, en su opinión, exige más conocimientos y habilidades de los que se perciben desde fuera. El empresario condensó esta idea al afirmar que «Ser camarero no es poner en un vaso 2 hielos y una rodajita de limón».. Sobre la posible frustración de quienes ejercen este trabajo pese a contar con estudios universitarios, Emilio respondió que «es una cuestión personal y habría que preguntarles a ellos». Destacó dos ejemplos particulares de sus empleados: «uno ha hecho teología y otro empresariales». Según su valoración, ambos «se sienten cómodos aquí, hacen un tándem brutal, no ganan nada mal y tienen tiempo». El hostelero vinculó así su permanencia en el sector tanto a las condiciones económicas como a la disponibilidad de tiempo y a una menor presión frente a determinados puestos de responsabilidad.
Emilio, hostelero en Madrid, defendió en una entrevista emitida en 2023 para Espejo Público que los camareros que cumplen con sus obligaciones laborales están bien remunerados y pueden llegar a fin de mes. El empresario también aseguró que en los establecimientos que gestiona trabajan 19 empleados de sala con titulación superior, algunos de los cuales habrían optado por la hostelería después de no encontrar una salida relacionada con sus estudios o de abandonar otros puestos sometidos a una elevada presión.. Añadió que algunas personas habían dejado la que teóricamente era su vocación porque «había llegado a agobiarse en exceso». Como ejemplo, mencionó a un amigo suyo que trabajó para un importante banco y que «había tenido a su cargo a 150 personas». Según el relato de Emilio, aquel amigo dejó esa responsabilidad por el estrés y llevaba ya tres años trabajando en sus restaurantes.. Menos presión para los camareros que para los responsables. Emilio admitió que en este último sector se sufre «un estrés considerable». No obstante, diferenció entre las responsabilidades de los distintos puestos y afirmó que la presión es menor para un camarero que para un encargado, un responsable de ventas o un jefe de sala. «Los camareros tienen menos horas y menos estrés», señaló durante la entrevista.. Sus palabras circunscriben esa comparación a la estructura de los negocios que dirige y a su experiencia como empresario. Emilio no negó las exigencias propias del trabajo en sala, pero sostuvo que los puestos con capacidad de decisión y responsabilidad sobre el funcionamiento del establecimiento soportan una carga mayor. En ese contexto situó la incorporación de profesionales titulados que, según su testimonio, habrían encontrado en la hostelería unas condiciones más compatibles con su bienestar y su tiempo personal.. «No están mal remunerados». El hostelero también rechazó que el trabajo de camarero sea necesariamente una ocupación mal pagada. Según afirmó, estos empleados «no están mal remunerados» y, «si uno cumple con todo, como tiene que ser, ganan bastante bien, y al fin y al cabo llegan a fin de mes». Al ser preguntado sobre las denuncias de bajos salarios o incumplimientos contractuales en una parte del sector, reconoció que, a su juicio, hay empresarios que se aprovechan de la necesidad de otras personas.. Emilio añadió que también existen trabajadores sin la cualificación necesaria para desempeñar correctamente el oficio de camarero y que, por ello, precisarían formación. Su reflexión apuntó a la profesionalización de este trabajo, que, en su opinión, exige más conocimientos y habilidades de los que se perciben desde fuera. El empresario condensó esta idea al afirmar que «Ser camarero no es poner en un vaso 2 hielos y una rodajita de limón».. Sobre la posible frustración de quienes ejercen este trabajo pese a contar con estudios universitarios, Emilio respondió que «es una cuestión personal y habría que preguntarles a ellos». Destacó dos ejemplos particulares de sus empleados: «uno ha hecho teología y otro empresariales». Según su valoración, ambos «se sienten cómodos aquí, hacen un tándem brutal, no ganan nada mal y tienen tiempo». El hostelero vinculó así su permanencia en el sector tanto a las condiciones económicas como a la disponibilidad de tiempo y a una menor presión frente a determinados puestos de responsabilidad.
