Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, está echando mano cada vez más de toda su capacidad para la demagogia. Las últimas pruebas han sido dos mujeres. María del Mar Jiménez, una señora jubilada, alegó en La Sexta que las pensiones públicas son mejores que las privadas, porque en Estados Unidos algunos fondos de empresa han quebrado. Y añadió que, como el PP no le había subido la pensión y el PSOE sí, entonces iba a votar a los socialistas, aunque las pensiones sigan siendo bajas. Cabe señalar ahí una contradicción, porque no pueden ser las pensiones públicas tan buenas si son bajas, como la otra en la que incurrió la señora Jiménez al criticar al PP por la crisis de la vivienda, y no a la izquierda gobernante. Pero lo destacable es la demonización de las pensiones privadas y la negación de la realidad del sistema público. Las pensiones privadas no quiebran, aunque pueda hacerlo una empresa en particular: el sistema de capitalización garantiza pensiones en función del ahorro invertido, lo que es una diferencia crucial, porque el sistema público depende de los políticos, mientras que en el privado los ciudadanos son dueños de sus pensiones, y no las cobran a expensas de los cotizantes y contribuyentes como sucede con el sistema público. Los enemigos de la libertad de las trabajadoras se llenan la boca con «pensiones dignas», ignorando que no hay nada más digno que una mujer independiente, dueña de su pensión. Si cada vez más gente percibe estos engaños sobre las pensiones, Warren estará tocado. Pareció recuperar fuerzas con la explosión demagógica a propósito de Maricarmen Abascal, la anciana desahuciada, y tristemente fallecida. El discurso público se abarrotó de mensajes contra los rentistas asesinos y las empresas desalmadas, «buitres» según la izquierda ignara, que clamó por medidas en un sentimental y disparatado abanico intervencionista, que iba desde el (muy franquista, por cierto) control de los precios de los alquileres hasta diversas expropiaciones y recortes de derechos. Todas las medidas propuestas van en contra del incremento de la oferta y dañan en especial a los vulnerables que pretenden proteger. Warren Sánchez habló de «tragedia social», como si no fuera culpa del intervencionismo político. Ahora promete, como prometió antes, que no habrá más desahucios. Si cada vez más gente percibe estos engaños sobre la vivienda, Warren estará hundido.
Las acciones sugeridas van en contra del aumento de la oferta y perjudican notablemente a los que están destinados a proteger.
Warren Sánchez, el individuo con una abundancia de soluciones, está empleando progresivamente todo su potencial para tácticas demagógicas. Las evaluaciones finales involucraron a dos mujeres. María del Mar Jiménez, una persona jubilada, declaró en La Sexta que las pensiones públicas son superiores a las privadas, debido al hecho de que ciertos fondos de empresas en los Estados Unidos se han vuelto insolventes. Además, declaró que, dado que el PP no aumentó su pensión y el PSOE sí, apoyaría a los socialistas, a pesar de que los importes de las pensiones siguen siendo relativamente bajos. Existe una contradicción, ya que las pensiones públicas no pueden ser tan favorables cuando son bajas, especialmente teniendo en cuenta a la Sra. La crítica de Jiménez al PP por la crisis de la vivienda en lugar de la actual administración de izquierda. Un aspecto notable es la difamación de las pensiones privadas y el rechazo de la existencia del sistema público. Las pensiones privadas no alcanzan un punto de equilibrio si una empresa individual puede administrarlo: el sistema de capitalización garantiza las pensiones mediante la utilización de los ahorros invertidos, que es una distinción significativa. Esto se debe a que el sistema público depende de los políticos, mientras que en el sistema privado, los ciudadanos son dueños de sus pensiones y no las reciben a expensas de los suscriptores y contribuyentes, como ocurre en el sistema público. Los adversarios de la libertad de las mujeres trabajadoras hablan de «pensiones respetables» mientras pasan por alto el hecho de que ningún aspecto tiene más respeto que una mujer autónoma, que controla su propia pensión.
