En Singapur, un grupo de personas de entre 50 y 70 años se reúne cada semana en zonas de ejercicio al aire libre para practicar una disciplina que, a primera vista, parecería ajena a su realidad, el parkour. Lejos de las acrobacias espectaculares asociadas a los jóvenes, estas sesiones se centran en habilidades prácticas: mantener el equilibrio, superar pequeños obstáculos urbanos y, sobre todo, aprender a caerse y levantarse de forma segura. Los fisioterapeutas respaldan este enfoque, destacando que mejora la fuerza muscular, la conciencia del entorno y reduce el miedo a las caídas, uno de los mayores riesgos para la salud en edades avanzadas.
En una soleada mañana de viernes, nueve participantes calentaban en un complejo de viviendas públicas. Entre estiramientos y conversaciones animadas, el grupo se preparaba para una hora y media de práctica. Saltaron bordillos, treparon pequeños muros y esquivaron obstáculos con una agilidad que sorprendía a cualquiera que asociara el parkour exclusivamente con adolescentes. Cada salto sobre una barandilla era recibido con vítores y aplausos. Todos los asistentes eran mayores, algunos recién iniciados y otros con años de práctica.
El responsable de estas clases es Tan See Boon, fundador de Movement.sg, que imparte sesiones siete veces por semana en distintos puntos de la ciudad. Tan cuenta a Business Insider que ha creado un nicho singular enseñando parkour a personas mayores. Su objetivo no es que hagan volteretas, sino que aprendan a moverse con fluidez por la ciudad, recuperar el equilibrio al tropezar y protegerse si sufren una caída.
En 2017, mientras esperaba en un puesto de comida, Tan conoció a una mujer de 64 años que le preguntó si el parkour podía mejorar su equilibrio. Tras ver algunos vídeos, quiso probar. Al principio caminaba apoyándose en un carrito por miedo a caerse. Meses después, se movía con independencia y seguridad. Su transformación llamó la atención de los medios locales y provocó una avalancha de consultas de jubilados. Tan comprendió que podía convertir esta práctica en un proyecto social y en un negocio sostenible.
Alumnos veteranos que siguen entrenando desde 2018
Entre quienes continúan en las clases está Sarah Wang, exmaestra de 61 años, que disfruta de la variedad de cada sesión y del reto de adaptarse a nuevos entornos. Su amiga Lin Yingying, de 66 años, también se unió y afirma que su fuerza y movilidad han mejorado notablemente. Antes bajaba escaleras de lado por el dolor de rodillas; ahora lo hace de frente sin molestias.
El profesor adjunto Sean Soe, de la Universidad Tecnológica de Singapur, confirma que el parkour aporta agilidad, equilibrio dinámico, coordinación y autoeficacia ante las caídas, una confianza crucial para evitar accidentes. Pero advierte de riesgos: quienes tienen osteoporosis o baja densidad ósea son más propensos a fracturas, y el ejercicio de alta intensidad puede suponer una carga para el sistema cardiovascular. Por ello recomienda consultar al médico antes de comenzar cualquier programa.
Clases adaptadas, ritmo individual y atención personalizada
Tan es consciente de estas limitaciones y adapta cada sesión a las capacidades de sus alumnos. Ofrece instrucciones casi personalizadas y ajusta los ejercicios en función de la movilidad de cada participante. Las clases duran 90 minutos, cuestan 35 dólares singapurenses y reúnen entre 4 y 12 personas. Aunque sus ingresos son menores que cuando dirigía una gran escuela de parkour, Tan valora la libertad y la ausencia de estrés.
Espera que algún día uno de sus alumnos veteranos se convierta en entrenador sénior. Mientras tanto, celebra la energía que se genera entre jóvenes instructores y mayores que se niegan a rendirse. “Cuando llegue a su edad, espero ser como ellos. En cada lección me demuestran el espíritu de nunca rendirse, de no usar la edad como excusa”, afirma.
En Singapur, personas de entre 50 y 70 años se reúnen semanalmente en zonas de ejercicio al aire libre para practicar parkour, una actividad que al principio puede parecer extraña a su estilo de vida. Al margen de las acrobacias impresionantes típicamente asociadas a los jóvenes, estos talleres se concentran en el desarrollo de habilidades prácticas: lograr la estabilidad, conquistar pequeños obstáculos de la ciudad y, principalmente, dominar el arte de caer y levantarse con seguridad. Los fisioterapeutas apoyan este método, haciendo hincapié en sus beneficios para mejorar la fuerza muscular, la percepción sensorial del entorno y mitigar el miedo a las caídas, que es una preocupación significativa para la salud de los ancianos. En una brillante mañana de viernes, nueve participantes se estaban preparando en una urbanización pública. Durante intervalos de estiramiento y diálogo, el equipo se preparó para una sesión de entrenamiento de noventa minutos. Con una destreza que desafiaba a los que solo asociaban el parkour con los adolescentes, saltaron sobre baches, treparon barreras menores y evadían obstáculos. Las ovaciones y los aplausos acompañaban cada salto sobre una barandilla. Todos los participantes eran de edad avanzada, compuesto por los principiantes y expertos experimentados.
El concepto de envejecimiento activo se está promoviendo a través de la creciente popularidad de las clases adaptadas para personas de 50 a 70 años. Estas clases incluyen ejercicios diseñados para ayudar a los participantes a superar los desafíos diarios y aprender a caer con seguridad.
En Singapur, personas de entre 50 y 70 años se reúnen semanalmente en zonas de ejercicio al aire libre para practicar parkour, una actividad que al principio puede parecer extraña a su estilo de vida. Al margen de las acrobacias impresionantes típicamente asociadas a los jóvenes, estos talleres se concentran en el desarrollo de habilidades prácticas: lograr la estabilidad, conquistar pequeños obstáculos de la ciudad y, principalmente, dominar el arte de caer y levantarse con seguridad. Los fisioterapeutas apoyan este método, haciendo hincapié en sus beneficios para mejorar la fuerza muscular, la percepción sensorial del entorno y mitigar el miedo a las caídas, que es una preocupación significativa para la salud de los ancianos. En una brillante mañana de viernes, nueve participantes se estaban preparando en una urbanización pública. Durante intervalos de estiramiento y diálogo, el equipo se preparó para una sesión de entrenamiento de noventa minutos. Con una destreza que desafiaba a los que solo asociaban el parkour con los adolescentes, saltaron sobre baches, treparon barreras menores y evadían obstáculos. Las ovaciones y los aplausos acompañaban cada salto sobre una barandilla. Todos los participantes eran de edad avanzada, compuesto por los principiantes y expertos experimentados.
