Cada año, un ciudadano europeo promedio carga sobre sus hombros una mochila de 180 kilos de residuos de envases: un cúmulo de plásticos, papeles y vidrios que representa un reto logístico, pero también una amenaza ambiental que contamina ecosistemas. La Unión Europea empezará a aplicar este miércoles el nuevo reglamento sobre envases y residuos de envases, que impulsará la transición hacia el uso de embalajes reciclables y establecerá, de forma gradual, metas de reutilización y de incorporación de materiales reciclados. En palabras de la comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall, esta medida “ayudará a reducir los residuos, aumentará el reciclaje, hará que los recipientes en contacto con alimentos sean más seguros para los consumidores al limitar sustancias nocivas como los PFAS, y reducirá nuestra dependencia de materias primas vírgenes”. Según Roswall, estos representan “pasos esenciales hacia una economía verdaderamente circular”.
Este cambio de paradigma se producirá a través de un proceso que las autoridades europeas definen como pragmático. “No tenemos un ‘Big Bang’ mañana, sino un primer conjunto de obligaciones que entran en vigor, seguidas de muchas otras reglas que realmente solo se aplicarán a partir de 2030”, explican fuentes comunitarias.
En este sentido, el enfoque inicial de Bruselas no será punitivo. Las mismas fuentes señalan que las autoridades nacionales deben priorizar el acompañamiento sobre la sanción en esta etapa temprana. “Deberían emitir advertencias, por ejemplo, pero no deberían imponer multas u otro tipo de sanciones inicialmente, porque creo que estamos todos juntos en un viaje para hacer que estas cosas sucedan de una manera positiva”. Este “viaje” implica sustituir un sistema en el que cada Estado miembro aplica la normativa europea a través de su legislación nacional para establecer un marco único que se aplique de manera uniforme entre los Veintisiete.
Para el ciudadano, uno de los impactos más directos de esta norma será la restricción de los PFAS, los llamados ‘químicos eternos’, en los envases que tocan nuestra comida. Estas sustancias, utilizadas comúnmente en cajas de pizza y envoltorios de comida rápida para repeler la grasa, ya no podrán superar ciertos límites, protegiendo así el organismo humano de componentes que se acumulan de forma permanente.
También entrarán en vigor nuevas obligaciones de información para garantizar la trazabilidad de los embalajes. Así, las autoridades podrán identificar al fabricante cuando detecten un producto que incumpla las normas europeas. Esta información no tendrá que aparecer necesariamente sobre el propio envase, podrá incluirse en los documentos de entrega o envío.
Junto a esta protección intangible, llegará progresivamente una tangible: la armonización del etiquetado. Bruselas busca acabar con la confusión que generan los distintos símbolos de reciclaje que puede encontrar un consumidor para un mismo objeto. El objetivo es que, con el tiempo, etiquetas digitales y señales comunes guíen a cualquier europeo hacia el contenedor correcto.
Bruselas trata de vender en esta unificación una oportunidad de ahorro para la industria. “Los frutos del mercado interior, una vez estandarizado, serán realmente masivos: por eso la industria del envase está tan interesada en que esto suceda”, afirman fuentes de la Comisión Europea.
Para acompañar esta flexibilización, Roswall instó al Parlamento y al Consejo Europeo (que representa a los Estados miembros) a aprobar sin demora el paquete de simplificación conocido como Omnibus, una medida clave para evitar que las pequeñas empresas se vean obligadas a designar representantes legales en cada uno de los países de la UE.
Se estima que la reducción de costes de cumplimiento para las empresas que venden en varios países será significativa, ya que no tendrán que rediseñar sus envases para cada frontera estatal. No obstante, la Comisión reconoce que existen «costes de ajuste» a corto plazo. Por ello, se han incluido exenciones específicas para las microempresas, como los pequeños productores artesanales o tiendas locales, que tendrán obligaciones de reporte reducidas y no tendrán que emitir declaraciones de conformidad.
El reglamento también pone fin a una escena común de la era del comercio electrónico: grandes cajas que contienen solo un pequeño objeto rodeado de aire. A partir de ahora, se limitará el espacio vacío permitido en los recipientes de transporte.
Esta lucha contra el desperdicio de material y energía se intensificará hacia el año 2030. Los fabricantes tendrán que avanzar hacia embalajes que puedan reciclarse, al tiempo que aumentará el peso de los materiales reciclados en su composición. Las botellas de plástico PET destinadas a bebidas deberán estar fabricadas con al menos 30% de material reciclado, mientras que los distribuidores tendrán que garantizar que el 10% de las bebidas comercializadas se distribuya en envases reutilizables.
El camino iniciado este agosto es, como indicó la comisaria Roswall, una apuesta por “reemplazar las reglas nacionales fragmentadas, difíciles de navegar para los operadores económicos”, y sustituirlas por un sistema unificado.
Cada año, un ciudadano europeo promedio carga sobre sus hombros una mochila de 180 kilos de residuos de envases: un cúmulo de plásticos, papeles y vidrios que representa un reto logístico, pero también una amenaza ambiental que contamina ecosistemas. La Unión Europea empezará a aplicar este miércoles el nuevo reglamento sobre envases y residuos de envases, que impulsará la transición hacia el uso de embalajes reciclables y establecerá, de forma gradual, metas de reutilización y de incorporación de materiales reciclados. En palabras de la comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall, esta medida “ayudará a reducir los residuos, aumentará el reciclaje, hará que los recipientes en contacto con alimentos sean más seguros para los consumidores al limitar sustancias nocivas como los PFAS, y reducirá nuestra dependencia de materias primas vírgenes”. Según Roswall, estos representan “pasos esenciales hacia una economía verdaderamente circular”.. Este cambio de paradigma se producirá a través de un proceso que las autoridades europeas definen como pragmático. “No tenemos un ‘Big Bang’ mañana, sino un primer conjunto de obligaciones que entran en vigor, seguidas de muchas otras reglas que realmente solo se aplicarán a partir de 2030”, explican fuentes comunitarias.. En este sentido, el enfoque inicial de Bruselas no será punitivo. Las mismas fuentes señalan que las autoridades nacionales deben priorizar el acompañamiento sobre la sanción en esta etapa temprana. “Deberían emitir advertencias, por ejemplo, pero no deberían imponer multas u otro tipo de sanciones inicialmente, porque creo que estamos todos juntos en un viaje para hacer que estas cosas sucedan de una manera positiva”. Este “viaje” implica sustituir un sistema en el que cada Estado miembro aplica la normativa europea a través de su legislación nacional para establecer un marco único que se aplique de manera uniforme entre los Veintisiete.. Para el ciudadano, uno de los impactos más directos de esta norma será la restricción de los PFAS, los llamados ‘químicos eternos’, en los envases que tocan nuestra comida. Estas sustancias, utilizadas comúnmente en cajas de pizza y envoltorios de comida rápida para repeler la grasa, ya no podrán superar ciertos límites, protegiendo así el organismo humano de componentes que se acumulan de forma permanente.. También entrarán en vigor nuevas obligaciones de información para garantizar la trazabilidad de los embalajes. Así, las autoridades podrán identificar al fabricante cuando detecten un producto que incumpla las normas europeas. Esta información no tendrá que aparecer necesariamente sobre el propio envase, podrá incluirse en los documentos de entrega o envío.. Junto a esta protección intangible, llegará progresivamente una tangible: la armonización del etiquetado. Bruselas busca acabar con la confusión que generan los distintos símbolos de reciclaje que puede encontrar un consumidor para un mismo objeto. El objetivo es que, con el tiempo, etiquetas digitales y señales comunes guíen a cualquier europeo hacia el contenedor correcto.. Bruselas trata de vender en esta unificación una oportunidad de ahorro para la industria. “Los frutos del mercado interior, una vez estandarizado, serán realmente masivos: por eso la industria del envase está tan interesada en que esto suceda”, afirman fuentes de la Comisión Europea.. Para acompañar esta flexibilización, Roswall instó al Parlamento y al Consejo Europeo (que representa a los Estados miembros) a aprobar sin demora el paquete de simplificación conocido como Omnibus, una medida clave para evitar que las pequeñas empresas se vean obligadas a designar representantes legales en cada uno de los países de la UE.. Se estima que la reducción de costes de cumplimiento para las empresas que venden en varios países será significativa, ya que no tendrán que rediseñar sus envases para cada frontera estatal. No obstante, la Comisión reconoce que existen «costes de ajuste» a corto plazo. Por ello, se han incluido exenciones específicas para las microempresas, como los pequeños productores artesanales o tiendas locales, que tendrán obligaciones de reporte reducidas y no tendrán que emitir declaraciones de conformidad.. El reglamento también pone fin a una escena común de la era del comercio electrónico: grandes cajas que contienen solo un pequeño objeto rodeado de aire. A partir de ahora, se limitará el espacio vacío permitido en los recipientes de transporte.. Esta lucha contra el desperdicio de material y energía se intensificará hacia el año 2030. Los fabricantes tendrán que avanzar hacia embalajes que puedan reciclarse, al tiempo que aumentará el peso de los materiales reciclados en su composición. Las botellas de plástico PET destinadas a bebidas deberán estar fabricadas con al menos 30% de material reciclado, mientras que los distribuidores tendrán que garantizar que el 10% de las bebidas comercializadas se distribuya en envases reutilizables.. El camino iniciado este agosto es, como indicó la comisaria Roswall, una apuesta por “reemplazar las reglas nacionales fragmentadas, difíciles de navegar para los operadores económicos”, y sustituirlas por un sistema unificado.
No habrá al principio multas hasta 2030 para dar prioridad a la información. La armonización del etiquetado es un objetivo en paralelo, ya que cada Estado usa estándares propios
Cada año, un ciudadano europeo promedio carga sobre sus hombros una mochila de 180 kilos de residuos de envases: un cúmulo de plásticos, papeles y vidrios que representa un reto logístico, pero también una amenaza ambiental que contamina ecosistemas. La Unión Europea empezará a aplicar este miércoles el nuevo reglamento sobre envases y residuos de envases, que impulsará la transición hacia el uso de embalajes reciclables y establecerá, de forma gradual, metas de reutilización y de incorporación de materiales reciclados. En palabras de la comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall, esta medida “ayudará a reducir los residuos, aumentará el reciclaje, hará que los recipientes en contacto con alimentos sean más seguros para los consumidores al limitar sustancias nocivas como los PFAS, y reducirá nuestra dependencia de materias primas vírgenes”. Según Roswall, estos representan “pasos esenciales hacia una economía verdaderamente circular”.. Este cambio de paradigma se producirá a través de un proceso que las autoridades europeas definen como pragmático. “No tenemos un ‘Big Bang’ mañana, sino un primer conjunto de obligaciones que entran en vigor, seguidas de muchas otras reglas que realmente solo se aplicarán a partir de 2030”, explican fuentes comunitarias.. En este sentido, el enfoque inicial de Bruselas no será punitivo. Las mismas fuentes señalan que las autoridades nacionales deben priorizar el acompañamiento sobre la sanción en esta etapa temprana. “Deberían emitir advertencias, por ejemplo, pero no deberían imponer multas u otro tipo de sanciones inicialmente, porque creo que estamos todos juntos en un viaje para hacer que estas cosas sucedan de una manera positiva”. Este “viaje” implica sustituir un sistema en el que cada Estado miembro aplica la normativa europea a través de su legislación nacional para establecer un marco único que se aplique de manera uniforme entre los Veintisiete.. Para el ciudadano, uno de los impactos más directos de esta norma será la restricción de los PFAS, los llamados ‘químicos eternos’, en los envases que tocan nuestra comida. Estas sustancias, utilizadas comúnmente en cajas de pizza y envoltorios de comida rápida para repeler la grasa, ya no podrán superar ciertos límites, protegiendo así el organismo humano de componentes que se acumulan de forma permanente.. También entrarán en vigor nuevas obligaciones de información para garantizar la trazabilidad de los embalajes. Así, las autoridades podrán identificar al fabricante cuando detecten un producto que incumpla las normas europeas. Esta información no tendrá que aparecer necesariamente sobre el propio envase, podrá incluirse en los documentos de entrega o envío.. Junto a esta protección intangible, llegará progresivamente una tangible: la armonización del etiquetado. Bruselas busca acabar con la confusión que generan los distintos símbolos de reciclaje que puede encontrar un consumidor para un mismo objeto. El objetivo es que, con el tiempo, etiquetas digitales y señales comunes guíen a cualquier europeo hacia el contenedor correcto.. Bruselas trata de vender en esta unificación una oportunidad de ahorro para la industria. “Los frutos del mercado interior, una vez estandarizado, serán realmente masivos: por eso la industria del envase está tan interesada en que esto suceda”, afirman fuentes de la Comisión Europea.. Para acompañar esta flexibilización, Roswall instó al Parlamento y al Consejo Europeo (que representa a los Estados miembros) a aprobar sin demora el paquete de simplificación conocido como Omnibus, una medida clave para evitar que las pequeñas empresas se vean obligadas a designar representantes legales en cada uno de los países de la UE.. Se estima que la reducción de costes de cumplimiento para las empresas que venden en varios países será significativa, ya que no tendrán que rediseñar sus envases para cada frontera estatal. No obstante, la Comisión reconoce que existen «costes de ajuste» a corto plazo. Por ello, se han incluido exenciones específicas para las microempresas, como los pequeños productores artesanales o tiendas locales, que tendrán obligaciones de reporte reducidas y no tendrán que emitir declaraciones de conformidad.. El reglamento también pone fin a una escena común de la era del comercio electrónico: grandes cajas que contienen solo un pequeño objeto rodeado de aire. A partir de ahora, se limitará el espacio vacío permitido en los recipientes de transporte.. Esta lucha contra el desperdicio de material y energía se intensificará hacia el año 2030. Los fabricantes tendrán que avanzar hacia embalajes que puedan reciclarse, al tiempo que aumentará el peso de los materiales reciclados en su composición. Las botellas de plástico PET destinadas a bebidas deberán estar fabricadas con al menos 30% de material reciclado, mientras que los distribuidores tendrán que garantizar que el 10% de las bebidas comercializadas se distribuya en envases reutilizables.. El camino iniciado este agosto es, como indicó la comisaria Roswall, una apuesta por “reemplazar las reglas nacionales fragmentadas, difíciles de navegar para los operadores económicos”, y sustituirlas por un sistema unificado.
