Ya han pasado 10 años. Eran las 2:38 horas del 22 de agosto de 2016 cuando Diana se «acojonó». Así se lo dijo a un amigo de clase, con el que iba hablando por WhatsApp para sentirse segura mientras regresaba caminando a su casa de veraneo en A Pobra do Caramiñal (La Coruña). Apenas le quedaban un par de kilómetros para llegar, pero José Enrique Abuín Gey, alias «El Chicle», ya la había elegido. Él estaba «de caza» por las fiestas del pueblo con el Alfa Romeo gris de su mujer y la mala suerte quiso que Diana se cruzara en su camino. Ella creyó que era uno de los feriantes que esos días ocupaban el pueblecito gallego con motivo de las fiestas patronales. «¿Qué te ha dicho?», le preguntó su amigo. «Morena, ven aquí», contestó ella a las 2:42. Fue la última vez que Diana escribió un WhatsApp. Un minuto después su amigo le preguntó: «¿Y qué le has dicho?» Ella ya no contestó.
«El Chicle» ya la había atrapado. Según quedaría plasmado en los hechos probados de la sentencia dictada a finales de 2020, Abuín aprovechó «una zona de parque apartada, despoblada y escasamente iluminada, con naves abandonadas» para «seguirla en su coche, lentamente y sin perderla de vista, acechándola hasta llegar al sitio más apropiado».
Tras amordazarla y atarla con bridas de pies y manos, la metió en el maletero del coche y cogió la autovía de Barbanza (AG-11). A las 2:58 tiró su móvil desde el viaducto que cruza Taragoña, que meses más tarde sería encontrado por una mariscadora. Poco después de las 3:00 de la madrugada cogió la salida hacia Asados en el punto kilométrico 17.
La llevó hacia el lugar más lúgubre de toda Galicia. Una fábrica abandonada, «Muebles M R», a pocos minutos de la casa de sus padres y donde él había vivido toda la vida: conocía bien el terreno porque, como todos los agresores sexuales, actúan en un radio de acción en el que se sienten cómodos. Allí, este individuo violó a Diana. Pudo hacerlo durante una hora porque su muerte no se produciría hasta casi 60 minutos después de llegar a ese lugar.
Tras agredirla sexualmente, Abuín apretó la brida que le había colocado al cuello «hasta que la mató por estrangulamiento con fractura perimortal del asta mayor del hueso hioides», según explicaría el forense en el informe de la autopsia. 20 días después volvió al lugar del crimen para lastrar el cadáver. Le colocó dos grandes bloques de adobe «con un peso de 18,5 kilos, unidos entre sí con un cable, que pasó por la zona dorsolumbar del cuerpo y aseguró en las axilas». «El Chicle» metió el cadáver en un pozo de 10 metros que había en el sótano. Allí «tiró su bolso, su tanga y su cuerpo», con la brida aún sujeta al cuello.
497 días de silencio
«El Chicle» tuvo la capacidad de mantenerse callado y durante casi 500 días nadie supo nada. Fueron 16 meses en los que la familia de Diana se fue destruyendo en la incertidumbre. El encomiable trabajo de los agentes de la Guardia Civil encargados de la investigación del caso (Judicial de Coruña y UCO) dio sus frutos en las navidades del año siguiente. Abuín había estado mosqueado unos meses pensando que los investigadores le seguían «por lo de la chica de Madrid», según confesaría él mismo a un agente de su confianza. Era cierto: fue el sospechoso número uno desde muy pronto pero los agentes no tenían pruebas para poder llevarle ante el juez. Pasaron los meses y «El Chicle» se relajó. Su pulsión de depredador sexual afloró y volvió a actuar. Afortunadamente quedó en un conato. Ocurrió las navidades del año siguiente en Boiro.
La tarde del 25 de diciembre de 2017 abordó a una joven en la calle, la amenazó con un cuchillo para robarle el móvil e intentó introducirla a la fuerza en el maletero de su coche. «Como grites, te corto», le dijo en gallego. El mismo modus operandi que con Diana. En esta ocasión la víctima logró zafarse y pedir ayuda. Gracias a unos testigos, «El Chicle» pudo ser detenido. La Guardia Civil tenía delante al violador y asesino de Diana. Era una ocasión que no podían dejar pasar. Llamaron a declarar a su mujer, Rosario, y le explicaron todo lo que había para que ella le dejara sin coartada y dijera la verdad: que aquella noche del 22 de agosto Abuín no había estado en casa durmiendo con ella, como dijo en su día. «El Chicle» vio a Rosario, entendió lo que pasaba y «derrotó», como se dice en argot policial. Es decir, confesó ser el responsable de la desaparición de «la chica de Madrid» y, lo más importante, llevó a los agentes hasta el lugar donde había ocultado su cuerpo. El cadáver de Diana fue recuperado la tarde de Nochevieja, a las puertas de 2018. Llovía a mares en esa nave de Asados y muchos investigadores se quedaron ese año sin poder despedir el año al lado de su familia pero tenían una recompensa mayor: comunicar el triste hallazgo a la familia de Diana para que pudieran comenzar, por fin, su duelo.
Sin permisos penitenciarios
«El Chicle» fue condenado por el crimen de Diana Quer a prisión permanente revisable y a cinco años de cárcel por la tentativa de agresión sexual y detención ilegal a la mujer de Boiro. Además, se reabrió el caso de la violación a la hermana gemela de su mujer en 2005, cuando la chica era menor de edad. Entonces nadie la creyó pero en 2024 el Supremo confirmó su condena a otros 14 años de cárcel por estos hechos. Abuín tiene, por tanto, mucho tiempo por delante en la prisión leonesa de Mansilla de las Mulas. Aunque tenía derecho a solicitar salidas temporales desde finales de 2025, su historial reincidente y la escasa evolución penitenciaria complican ningún permiso. El tercer grado no podrá ni planteárselo hasta 2039.
El apoyo a Valeria
Y mientras él sigue cumpliendo condena, la familia de Diana trata de continuar con la vida. Juan Carlos Quer, a través de LA RAZÓN, agradece a toda la gente que «sufrió su tragedia y nos prestó su apoyo para defender su legado». Gracias a ello, asegura, se pudo «evitar la derogación de la pena de Prisión Permanente Revisable, que quedó bien asentada en nuestro Código Penal con el apoyo de 3,2 millones de ciudadanos». Ahora quiere «seguir en un segundo plano, prestando mi tiempo y apoyo a mi hija Valeria».
Ya han pasado 10 años. Eran las 2:38 horas del 22 de agosto de 2016 cuando Diana se «acojonó». Así se lo dijo a un amigo de clase, con el que iba hablando por WhatsApp para sentirse segura mientras regresaba caminando a su casa de veraneo en A Pobra do Caramiñal (La Coruña). Apenas le quedaban un par de kilómetros para llegar, pero José Enrique Abuín Gey, alias «El Chicle», ya la había elegido. Él estaba «de caza» por las fiestas del pueblo con el Alfa Romeo gris de su mujer y la mala suerte quiso que Diana se cruzara en su camino. Ella creyó que era uno de los feriantes que esos días ocupaban el pueblecito gallego con motivo de las fiestas patronales. «¿Qué te ha dicho?», le preguntó su amigo. «Morena, ven aquí», contestó ella a las 2:42. Fue la última vez que Diana escribió un WhatsApp. Un minuto después su amigo le preguntó: «¿Y qué le has dicho?» Ella ya no contestó.. «El Chicle» ya la había atrapado. Según quedaría plasmado en los hechos probados de la sentencia dictada a finales de 2020, Abuín aprovechó «una zona de parque apartada, despoblada y escasamente iluminada, con naves abandonadas» para «seguirla en su coche, lentamente y sin perderla de vista, acechándola hasta llegar al sitio más apropiado».. Tras amordazarla y atarla con bridas de pies y manos, la metió en el maletero del coche y cogió la autovía de Barbanza (AG-11). A las 2:58 tiró su móvil desde el viaducto que cruza Taragoña, que meses más tarde sería encontrado por una mariscadora. Poco después de las 3:00 de la madrugada cogió la salida hacia Asados en el punto kilométrico 17.. La llevó hacia el lugar más lúgubre de toda Galicia. Una fábrica abandonada, «Muebles M R», a pocos minutos de la casa de sus padres y donde él había vivido toda la vida: conocía bien el terreno porque, como todos los agresores sexuales, actúan en un radio de acción en el que se sienten cómodos. Allí, este individuo violó a Diana. Pudo hacerlo durante una hora porque su muerte no se produciría hasta casi 60 minutos después de llegar a ese lugar.. Tras agredirla sexualmente, Abuín apretó la brida que le había colocado al cuello «hasta que la mató por estrangulamiento con fractura perimortal del asta mayor del hueso hioides», según explicaría el forense en el informe de la autopsia. 20 días después volvió al lugar del crimen para lastrar el cadáver. Le colocó dos grandes bloques de adobe «con un peso de 18,5 kilos, unidos entre sí con un cable, que pasó por la zona dorsolumbar del cuerpo y aseguró en las axilas». «El Chicle» metió el cadáver en un pozo de 10 metros que había en el sótano. Allí «tiró su bolso, su tanga y su cuerpo», con la brida aún sujeta al cuello.. 497 días de silencio. «El Chicle» tuvo la capacidad de mantenerse callado y durante casi 500 días nadie supo nada. Fueron 16 meses en los que la familia de Diana se fue destruyendo en la incertidumbre. El encomiable trabajo de los agentes de la Guardia Civil encargados de la investigación del caso (Judicial de Coruña y UCO) dio sus frutos en las navidades del año siguiente. Abuín había estado mosqueado unos meses pensando que los investigadores le seguían «por lo de la chica de Madrid», según confesaría él mismo a un agente de su confianza. Era cierto: fue el sospechoso número uno desde muy pronto pero los agentes no tenían pruebas para poder llevarle ante el juez. Pasaron los meses y «El Chicle» se relajó. Su pulsión de depredador sexual afloró y volvió a actuar. Afortunadamente quedó en un conato. Ocurrió las navidades del año siguiente en Boiro.. La tarde del 25 de diciembre de 2017 abordó a una joven en la calle, la amenazó con un cuchillo para robarle el móvil e intentó introducirla a la fuerza en el maletero de su coche. «Como grites, te corto», le dijo en gallego. El mismo modus operandi que con Diana. En esta ocasión la víctima logró zafarse y pedir ayuda. Gracias a unos testigos, «El Chicle» pudo ser detenido. La Guardia Civil tenía delante al violador y asesino de Diana. Era una ocasión que no podían dejar pasar. Llamaron a declarar a su mujer, Rosario, y le explicaron todo lo que había para que ella le dejara sin coartada y dijera la verdad: que aquella noche del 22 de agosto Abuín no había estado en casa durmiendo con ella, como dijo en su día. «El Chicle» vio a Rosario, entendió lo que pasaba y «derrotó», como se dice en argot policial. Es decir, confesó ser el responsable de la desaparición de «la chica de Madrid» y, lo más importante, llevó a los agentes hasta el lugar donde había ocultado su cuerpo. El cadáver de Diana fue recuperado la tarde de Nochevieja, a las puertas de 2018. Llovía a mares en esa nave de Asados y muchos investigadores se quedaron ese año sin poder despedir el año al lado de su familia pero tenían una recompensa mayor: comunicar el triste hallazgo a la familia de Diana para que pudieran comenzar, por fin, su duelo.. Sin permisos penitenciarios. «El Chicle» fue condenado por el crimen de Diana Quer a prisión permanente revisable y a cinco años de cárcel por la tentativa de agresión sexual y detención ilegal a la mujer de Boiro. Además, se reabrió el caso de la violación a la hermana gemela de su mujer en 2005, cuando la chica era menor de edad. Entonces nadie la creyó pero en 2024 el Supremo confirmó su condena a otros 14 años de cárcel por estos hechos. Abuín tiene, por tanto, mucho tiempo por delante en la prisión leonesa de Mansilla de las Mulas. Aunque tenía derecho a solicitar salidas temporales desde finales de 2025, su historial reincidente y la escasa evolución penitenciaria complican ningún permiso. El tercer grado no podrá ni planteárselo hasta 2039.. El apoyo a Valeria. Y mientras él sigue cumpliendo condena, la familia de Diana trata de continuar con la vida. Juan Carlos Quer, a través de LA RAZÓN, agradece a toda la gente que «sufrió su tragedia y nos prestó su apoyo para defender su legado». Gracias a ello, asegura, se pudo «evitar la derogación de la pena de Prisión Permanente Revisable, que quedó bien asentada en nuestro Código Penal con el apoyo de 3,2 millones de ciudadanos». Ahora quiere «seguir en un segundo plano, prestando mi tiempo y apoyo a mi hija Valeria».
Su padre recuerda el apoyo recibido tras el crimen de su hija. Un caso que sacudió España y la mantuvo en vilo hasta la detención y confesión de su asesino
Ya han pasado 10 años. Eran las 2:38 horas del 22 de agosto de 2016 cuando Diana se «acojonó». Así se lo dijo a un amigo de clase, con el que iba hablando por WhatsApp para sentirse segura mientras regresaba caminando a su casa de veraneo en A Pobra do Caramiñal (La Coruña). Apenas le quedaban un par de kilómetros para llegar, pero José Enrique Abuín Gey, alias «El Chicle», ya la había elegido. Él estaba «de caza» por las fiestas del pueblo con el Alfa Romeo gris de su mujer y la mala suerte quiso que Diana se cruzara en su camino. Ella creyó que era uno de los feriantes que esos días ocupaban el pueblecito gallego con motivo de las fiestas patronales. «¿Qué te ha dicho?», le preguntó su amigo. «Morena, ven aquí», contestó ella a las 2:42. Fue la última vez que Diana escribió un WhatsApp. Un minuto después su amigo le preguntó: «¿Y qué le has dicho?» Ella ya no contestó.. «El Chicle» ya la había atrapado. Según quedaría plasmado en los hechos probados de la sentencia dictada a finales de 2020, Abuín aprovechó «una zona de parque apartada, despoblada y escasamente iluminada, con naves abandonadas» para «seguirla en su coche, lentamente y sin perderla de vista, acechándola hasta llegar al sitio más apropiado».. Tras amordazarla y atarla con bridas de pies y manos, la metió en el maletero del coche y cogió la autovía de Barbanza (AG-11). A las 2:58 tiró su móvil desde el viaducto que cruza Taragoña, que meses más tarde sería encontrado por una mariscadora. Poco después de las 3:00 de la madrugada cogió la salida hacia Asados en el punto kilométrico 17.. La llevó hacia el lugar más lúgubre de toda Galicia. Una fábrica abandonada, «Muebles M R», a pocos minutos de la casa de sus padres y donde él había vivido toda la vida: conocía bien el terreno porque, como todos los agresores sexuales, actúan en un radio de acción en el que se sienten cómodos. Allí, este individuo violó a Diana. Pudo hacerlo durante una hora porque su muerte no se produciría hasta casi 60 minutos después de llegar a ese lugar.. Tras agredirla sexualmente, Abuín apretó la brida que le había colocado al cuello «hasta que la mató por estrangulamiento con fractura perimortal del asta mayor del hueso hioides», según explicaría el forense en el informe de la autopsia. 20 días después volvió al lugar del crimen para lastrar el cadáver. Le colocó dos grandes bloques de adobe «con un peso de 18,5 kilos, unidos entre sí con un cable, que pasó por la zona dorsolumbar del cuerpo y aseguró en las axilas». «El Chicle» metió el cadáver en un pozo de 10 metros que había en el sótano. Allí «tiró su bolso, su tanga y su cuerpo», con la brida aún sujeta al cuello.. 497 días de silencio. «El Chicle» tuvo la capacidad de mantenerse callado y durante casi 500 días nadie supo nada. Fueron 16 meses en los que la familia de Diana se fue destruyendo en la incertidumbre. El encomiable trabajo de los agentes de la Guardia Civil encargados de la investigación del caso (Judicial de Coruña y UCO) dio sus frutos en las navidades del año siguiente. Abuín había estado mosqueado unos meses pensando que los investigadores le seguían «por lo de la chica de Madrid», según confesaría él mismo a un agente de su confianza. Era cierto: fue el sospechoso número uno desde muy pronto pero los agentes no tenían pruebas para poder llevarle ante el juez. Pasaron los meses y «El Chicle» se relajó. Su pulsión de depredador sexual afloró y volvió a actuar. Afortunadamente quedó en un conato. Ocurrió las navidades del año siguiente en Boiro.. La tarde del 25 de diciembre de 2017 abordó a una joven en la calle, la amenazó con un cuchillo para robarle el móvil e intentó introducirla a la fuerza en el maletero de su coche. «Como grites, te corto», le dijo en gallego. El mismo modus operandi que con Diana. En esta ocasión la víctima logró zafarse y pedir ayuda. Gracias a unos testigos, «El Chicle» pudo ser detenido. La Guardia Civil tenía delante al violador y asesino de Diana. Era una ocasión que no podían dejar pasar. Llamaron a declarar a su mujer, Rosario, y le explicaron todo lo que había para que ella le dejara sin coartada y dijera la verdad: que aquella noche del 22 de agosto Abuín no había estado en casa durmiendo con ella, como dijo en su día. «El Chicle» vio a Rosario, entendió lo que pasaba y «derrotó», como se dice en argot policial. Es decir, confesó ser el responsable de la desaparición de «la chica de Madrid» y, lo más importante, llevó a los agentes hasta el lugar donde había ocultado su cuerpo. El cadáver de Diana fue recuperado la tarde de Nochevieja, a las puertas de 2018. Llovía a mares en esa nave de Asados y muchos investigadores se quedaron ese año sin poder despedir el año al lado de su familia pero tenían una recompensa mayor: comunicar el triste hallazgo a la familia de Diana para que pudieran comenzar, por fin, su duelo.. Sin permisos penitenciarios. «El Chicle» fue condenado por el crimen de Diana Quer a prisión permanente revisable y a cinco años de cárcel por la tentativa de agresión sexual y detención ilegal a la mujer de Boiro. Además, se reabrió el caso de la violación a la hermana gemela de su mujer en 2005, cuando la chica era menor de edad. Entonces nadie la creyó pero en 2024 el Supremo confirmó su condena a otros 14 años de cárcel por estos hechos. Abuín tiene, por tanto, mucho tiempo por delante en la prisión leonesa de Mansilla de las Mulas. Aunque tenía derecho a solicitar salidas temporales desde finales de 2025, su historial reincidente y la escasa evolución penitenciaria complican ningún permiso. El tercer grado no podrá ni planteárselo hasta 2039.. El apoyo a Valeria. Y mientras él sigue cumpliendo condena, la familia de Diana trata de continuar con la vida. Juan Carlos Quer, a través de LA RAZÓN, agradece a toda la gente que «sufrió su tragedia y nos prestó su apoyo para defender su legado». Gracias a ello, asegura, se pudo «evitar la derogación de la pena de Prisión Permanente Revisable, que quedó bien asentada en nuestro Código Penal con el apoyo de 3,2 millones de ciudadanos». Ahora quiere «seguir en un segundo plano, prestando mi tiempo y apoyo a mi hija Valeria».
