La crisis sísmica que atraviesa nuestro país, con dos terremotos de 4,8 en Granada y una sucesión de múltiples réplicas, ha puesto fin a la «tranquilidad» de los últimos años en este aspecto. Este experto solicita la aplicación inmediata en España en este terreno de la normativa europea, el Eurocódigo 8, ya que la actual norma sismorresistente ha quedado obsoleta. La clave, advierte, es aprovechar esta «advertencia» para impulsar una cultura preventiva antes de que llegue un terremoto de mayor magnitud de consecuencias imprevisibles.
Granada acaba de demostrar que España no es, ni mucho menos, ajena al riesgo sísmico. ¿Qué nos están diciendo estos terremotos sobre la verdadera vulnerabilidad de nuestras ciudades y de nuestro parque de viviendas?
Nos dicen lo que ya sabíamos, y que tenemos mala memoria. Que, en el sudeste español, fundamentalmente la Vega de Granada, y el valle del Segura y un poco hasta Alicante, y también Almería, la actividad sísmica es normal y recurrente, como nos muestran los antecedentes históricos.
En relación a los efectos, si vemos la secuencia de los tres seísmos importantes en la zona, a saber, Albolote-Atarfe en 1956, Lorca en 2011, y Granada-Alhendín en 2026, es evidente que la progresiva aplicación de la normativa sísmica ha mejorado en 2011 y más aún en 2026 el comportamiento del parque de edificaciones más modernas. En Granada, como en Lorca, los fallos básicos no han sido estructurales sino de fachadas y elementos volados u ornamentales, problemas no menores, que en Lorca produjeron 9 muertos. En Lorca la aceleración horizontal del suelo fue muy superior a la de Granada, y eso ha sido fundamental en la respuesta de los edificios. Los tres terremotos tuvieron hipocentros muy superficiales, lo que produce una afectación muy intensa en la zona inmediatamente superior, pero tiene menor foco territorial (a diferencia por ejemplo de lo que ha sucedido en Colombia). Si se produjera un terremoto de grado 6, que entra dentro de lo posible, sería multiplicar por 30 la energía liberada en Lorca. Los efectos en las edificaciones antiguas serían probablemente muy importantes, más controlados en los que han aplicado la norma española del 2002, pero insuficiente en todo lo correspondiente a elementos no estructurales, que como vimos en Lorca también matan, y en cualquier caso con una protección inferior a la que proporciona la actual norma europea.
Resumiendo, no todas nuestras ciudades ni todos nuestros edificios tienen el mismo grado de vulnerabilidad. Las construcciones más recientes, levantadas con criterios técnicos más modernos, ofrecen en general un comportamiento mucho mejor. El problema está principalmente en una parte del parque edificado más antiguo, construido con otros estándares y que, en determinados casos, presenta tipologías especialmente vulnerables.
La de hoy no es la España de 1956 (en términos de sismorresistencia), pero sí que tenemos un gran margen de mejora, para prepararnos mucho mejor ante un terremoto más severo. Y precisamente el momento para hacerlo es ahora, no después de una catástrofe.
En Europa existe una normativa antisísmica –el Eurocódigo 8–, aunque nuestro país sigue aplicando su propia normativa. ¿Se hace de forma eficaz?
España ha avanzado enormemente en seguridad estructural y eso se aprecia precisamente cuando comparamos el comportamiento de edificios recientes con construcciones mucho más antiguas. Hoy conocemos mucho mejor cómo debe responder una estructura frente a un terremoto y disponemos de herramientas de cálculo y criterios de diseño mucho más sofisticados.
El problema es que nuestra norma sísmica específica, la NCSE-02, pertenece a otra generación normativa. Han pasado más de dos décadas desde su aprobación y, mientras tanto, Europa ha desarrollado criterios más evolucionados a través del Eurocódigo 8, particularmente en aspectos como la ductilidad, la jerarquía resistente o el control de daños. Son criterios enfocados en que las personas tengan tiempo de salir con vida de los edificios, incluso con sismos muy severos, evitar siempre el colapso.
Por eso es fundamental avanzar hacia la plena implementación de los criterios del Eurocódigo 8. España no puede ser el único país de la UE con una protección sísmica por debajo de este código, diseñado por cierto con gran presencia de ingenieros españoles, y que ya se enseña en nuestras universidades.
Una cosa es que un edificio cumpla la normativa y otra que esté diseñado para quedar prácticamente indemne. ¿Qué puede esperar un ciudadano de un edificio construido conforme a la normativa sismorresistente: que no se derrumbe, que siga siendo habitable o que apenas sufra daños? ¿Dónde está realmente el límite de protección que ofrecen nuestras normas?
Diseñar un edificio frente a un terremoto no significa necesariamente diseñarlo para que después de una sacudida muy intensa quede exactamente como estaba antes.
La prioridad de la ingeniería sísmica, como la entiende el Eurocódigo, es proteger vidas: conseguir que la estructura tenga capacidad para deformarse y avisar, disipar la energía del terremoto sin sufrir un colapso frágil que ponga en peligro a sus ocupantes. Precisamente por eso conceptos como la ductilidad son tan importantes. Otra cosa será la viabilidad de recuperar el edificio para su uso, en unos casos será factible y en otros no.
Además, hay otro aspecto que Lorca dejó muy claro: la estructura principal puede no colapsar y, aun así, producirse daños peligrosos en fachadas, cornisas, cerramientos, falsos techos u otros elementos. Por eso la seguridad sísmica debe contemplar el edificio en su conjunto y no únicamente su estructura resistente.
El objetivo, por tanto, no debe confundirse con garantizar «daño cero». Ante un terremoto importante puede haber daños graves; lo esencial es evitar que esos daños se traduzcan en pérdida de vidas o en un colapso instantáneo que impida la evacuación
¿Qué ocurriría si alguna zona de España sufriera un terremoto mucho mayor que los que estamos viviendo estos días? ¿Qué elementos serían más vulnerables: viviendas, puentes, carreteras, hospitales, redes de agua, gas y electricidad u otras infraestructuras críticas?
En general la vulnerabilidad aumentaría con la edad del edificio, pues las normativas y los proyectos han ido mejorando con los años.
Si pensamos en tipologías funcionales, probablemente las viviendas sean donde menos se hayan aplicados criterios por encima de la normativa de obligado cumplimiento en cada momento. En obra pública, eventualmente el proyectista tiene en cuenta criterios más allá de la norma. Pero eventualmente. Lo que si podemos decir es que necesitamos evaluar nuestras infraestructuras críticas (hospitales, escuelas, centrales de energía y telecomunicaciones, servicios públicos…) en las zonas de riesgo, que están perfectamente acotadas, para reforzarlas si fuera menester, porque su colapso sería doblemente pernicioso. Necesitamos que muchas de ellas sigan funcionando cuando más las necesitamos. Ahí debería estar una de las principales prioridades de cualquier política preventiva.
Y lo cierto es que hoy no sabemos su capacidad de respuesta.
En cuanto al parque de viviendas y edificios de uso comercial, que son la mayoría de las edificaciones, su vulnerabilidad depende de muchos factores, empezando por su edad o lo diáfana que sea la planta baja, el tipo de cerramientos, o las características de la fachada.
No podemos anticipar exactamente cómo se comportaría una ciudad concreta sin analizar sus edificios, sus infraestructuras y las características del terremoto posible. Pero ese análisis si podemos hacerlo, y entonces sí, diseñar políticas preventivas.
Granada tiene un enorme patrimonio histórico, empezando por la Alhambra, pero también un parque inmobiliario muy diverso y edificios construidos hace décadas. ¿Hasta qué punto el verdadero problema está en las nuevas construcciones o, sobre todo, en adaptar y reforzar lo que ya tenemos construido?
La realidad es variopinta. Mientras que la Alhambra se comporta admirablemente, ha habido varias iglesias que han presentado problemas. Habría que ver para empezar el suelo que tenemos debajo en cada caso. Pero aunque el criterio general nos dice que las edificaciones con más años tendrán más problemas, lo primario, y que no cuesta nada más que una acción administrativa es asegurarse la solvencia de los edificios y construcciones futuras. Plantear eso como alternativo a reforzar lo que esté en peligro, es una falacia. Y lo primero es fácil e inmediato, pero es cierto que no corrige automáticamente la vulnerabilidad que ya existe.
Para saber dónde actuar necesitamos inventarios y evaluaciones técnicas que permitan identificar los edificios más vulnerables, establecer prioridades y decidir dónde es realmente necesario intervenir. En las infraestructuras críticas, y públicas en general, eso es innegociable, una auditoría sistemática sobre el riesgo sísmico de las infraestructuras. Y después, a los particulares facilitarles esas actuaciones mediante ayudas, incentivos y programas específicos de refuerzo, en su caso.
En patrimonio histórico, además, cualquier actuación exige evidentemente un tratamiento específico y compatible con su conservación. Pero la filosofía es la misma: conocer la vulnerabilidad antes de que el terremoto sea quien nos la revele.
Después de lo ocurrido, ¿qué debería cambiar mañana mismo?
No creo que exista una única medida. Necesitamos actuar en varios frentes al mismo tiempo.
En primer lugar, continuar modernizando el marco normativo e incorporar plenamente los criterios más avanzados de diseño sísmico, es decir, aplicar el Eurocódigo 8. En segundo lugar, conocer mucho mejor el estado del parque construido mediante una evaluación ordenada de los edificios situados en las zonas de mayor riesgo. Y, en tercer lugar, priorizar el refuerzo de las construcciones más vulnerables y sobre todo de las infraestructuras críticas.
Pero hay también una cuestión de cultura preventiva. El riesgo sísmico suele recuperar protagonismo durante unos días después de cada terremoto y después desaparece de la conversación pública. Ese es precisamente el error que debemos evitar, empezando por las zonas donde olvidar es suicida.
Granada nos ha dado una oportunidad excepcional: una advertencia suficientemente seria como para aprender de ella, pero sin una tragedia detrás. Lo responsable es aprovecharla para actuar ahora.
Porque no sabemos cuándo llegará el próximo terremoto importante, lo que si sabemos es que llegará. Este es el momento de actuar. Municipios y autonomías con las auditorías, ministerios con la normativa, pero también los técnicos, reclamando sin ambages lo que sabemos que es defensa de la seguridad de los ciudadanos, frente al silencio negligente que puede acabar en tragedia.
La crisis sísmica que atraviesa nuestro país, con dos terremotos de 4,8 en Granada y una sucesión de múltiples réplicas, ha puesto fin a la «tranquilidad» de los últimos años en este aspecto. Este experto solicita la aplicación inmediata en España en este terreno de la normativa europea, el Eurocódigo 8, ya que la actual norma sismorresistente ha quedado obsoleta. La clave, advierte, es aprovechar esta «advertencia» para impulsar una cultura preventiva antes de que llegue un terremoto de mayor magnitud de consecuencias imprevisibles.. Granada acaba de demostrar que España no es, ni mucho menos, ajena al riesgo sísmico. ¿Qué nos están diciendo estos terremotos sobre la verdadera vulnerabilidad de nuestras ciudades y de nuestro parque de viviendas?. Nos dicen lo que ya sabíamos, y que tenemos mala memoria. Que, en el sudeste español, fundamentalmente la Vega de Granada, y el valle del Segura y un poco hasta Alicante, y también Almería, la actividad sísmica es normal y recurrente, como nos muestran los antecedentes históricos.. En relación a los efectos, si vemos la secuencia de los tres seísmos importantes en la zona, a saber, Albolote-Atarfe en 1956, Lorca en 2011, y Granada-Alhendín en 2026, es evidente que la progresiva aplicación de la normativa sísmica ha mejorado en 2011 y más aún en 2026 el comportamiento del parque de edificaciones más modernas. En Granada, como en Lorca, los fallos básicos no han sido estructurales sino de fachadas y elementos volados u ornamentales, problemas no menores, que en Lorca produjeron 9 muertos. En Lorca la aceleración horizontal del suelo fue muy superior a la de Granada, y eso ha sido fundamental en la respuesta de los edificios. Los tres terremotos tuvieron hipocentros muy superficiales, lo que produce una afectación muy intensa en la zona inmediatamente superior, pero tiene menor foco territorial (a diferencia por ejemplo de lo que ha sucedido en Colombia). Si se produjera un terremoto de grado 6, que entra dentro de lo posible, sería multiplicar por 30 la energía liberada en Lorca. Los efectos en las edificaciones antiguas serían probablemente muy importantes, más controlados en los que han aplicado la norma española del 2002, pero insuficiente en todo lo correspondiente a elementos no estructurales, que como vimos en Lorca también matan, y en cualquier caso con una protección inferior a la que proporciona la actual norma europea.. Resumiendo, no todas nuestras ciudades ni todos nuestros edificios tienen el mismo grado de vulnerabilidad. Las construcciones más recientes, levantadas con criterios técnicos más modernos, ofrecen en general un comportamiento mucho mejor. El problema está principalmente en una parte del parque edificado más antiguo, construido con otros estándares y que, en determinados casos, presenta tipologías especialmente vulnerables.. La de hoy no es la España de 1956 (en términos de sismorresistencia), pero sí que tenemos un gran margen de mejora, para prepararnos mucho mejor ante un terremoto más severo. Y precisamente el momento para hacerlo es ahora, no después de una catástrofe.. En Europa existe una normativa antisísmica –el Eurocódigo 8–, aunque nuestro país sigue aplicando su propia normativa. ¿Se hace de forma eficaz?. España ha avanzado enormemente en seguridad estructural y eso se aprecia precisamente cuando comparamos el comportamiento de edificios recientes con construcciones mucho más antiguas. Hoy conocemos mucho mejor cómo debe responder una estructura frente a un terremoto y disponemos de herramientas de cálculo y criterios de diseño mucho más sofisticados.. El problema es que nuestra norma sísmica específica, la NCSE-02, pertenece a otra generación normativa. Han pasado más de dos décadas desde su aprobación y, mientras tanto, Europa ha desarrollado criterios más evolucionados a través del Eurocódigo 8, particularmente en aspectos como la ductilidad, la jerarquía resistente o el control de daños. Son criterios enfocados en que las personas tengan tiempo de salir con vida de los edificios, incluso con sismos muy severos, evitar siempre el colapso.. Por eso es fundamental avanzar hacia la plena implementación de los criterios del Eurocódigo 8. España no puede ser el único país de la UE con una protección sísmica por debajo de este código, diseñado por cierto con gran presencia de ingenieros españoles, y que ya se enseña en nuestras universidades.. Una cosa es que un edificio cumpla la normativa y otra que esté diseñado para quedar prácticamente indemne. ¿Qué puede esperar un ciudadano de un edificio construido conforme a la normativa sismorresistente: que no se derrumbe, que siga siendo habitable o que apenas sufra daños? ¿Dónde está realmente el límite de protección que ofrecen nuestras normas?. Diseñar un edificio frente a un terremoto no significa necesariamente diseñarlo para que después de una sacudida muy intensa quede exactamente como estaba antes.. La prioridad de la ingeniería sísmica, como la entiende el Eurocódigo, es proteger vidas: conseguir que la estructura tenga capacidad para deformarse y avisar, disipar la energía del terremoto sin sufrir un colapso frágil que ponga en peligro a sus ocupantes. Precisamente por eso conceptos como la ductilidad son tan importantes. Otra cosa será la viabilidad de recuperar el edificio para su uso, en unos casos será factible y en otros no.. Además, hay otro aspecto que Lorca dejó muy claro: la estructura principal puede no colapsar y, aun así, producirse daños peligrosos en fachadas, cornisas, cerramientos, falsos techos u otros elementos. Por eso la seguridad sísmica debe contemplar el edificio en su conjunto y no únicamente su estructura resistente.. El objetivo, por tanto, no debe confundirse con garantizar «daño cero». Ante un terremoto importante puede haber daños graves; lo esencial es evitar que esos daños se traduzcan en pérdida de vidas o en un colapso instantáneo que impida la evacuación. ¿Qué ocurriría si alguna zona de España sufriera un terremoto mucho mayor que los que estamos viviendo estos días? ¿Qué elementos serían más vulnerables: viviendas, puentes, carreteras, hospitales, redes de agua, gas y electricidad u otras infraestructuras críticas?. En general la vulnerabilidad aumentaría con la edad del edificio, pues las normativas y los proyectos han ido mejorando con los años.. Si pensamos en tipologías funcionales, probablemente las viviendas sean donde menos se hayan aplicados criterios por encima de la normativa de obligado cumplimiento en cada momento. En obra pública, eventualmente el proyectista tiene en cuenta criterios más allá de la norma. Pero eventualmente. Lo que si podemos decir es que necesitamos evaluar nuestras infraestructuras críticas (hospitales, escuelas, centrales de energía y telecomunicaciones, servicios públicos…) en las zonas de riesgo, que están perfectamente acotadas, para reforzarlas si fuera menester, porque su colapso sería doblemente pernicioso. Necesitamos que muchas de ellas sigan funcionando cuando más las necesitamos. Ahí debería estar una de las principales prioridades de cualquier política preventiva.. Y lo cierto es que hoy no sabemos su capacidad de respuesta.. En cuanto al parque de viviendas y edificios de uso comercial, que son la mayoría de las edificaciones, su vulnerabilidad depende de muchos factores, empezando por su edad o lo diáfana que sea la planta baja, el tipo de cerramientos, o las características de la fachada.. No podemos anticipar exactamente cómo se comportaría una ciudad concreta sin analizar sus edificios, sus infraestructuras y las características del terremoto posible. Pero ese análisis si podemos hacerlo, y entonces sí, diseñar políticas preventivas.. Granada tiene un enorme patrimonio histórico, empezando por la Alhambra, pero también un parque inmobiliario muy diverso y edificios construidos hace décadas. ¿Hasta qué punto el verdadero problema está en las nuevas construcciones o, sobre todo, en adaptar y reforzar lo que ya tenemos construido?. La realidad es variopinta. Mientras que la Alhambra se comporta admirablemente, ha habido varias iglesias que han presentado problemas. Habría que ver para empezar el suelo que tenemos debajo en cada caso. Pero aunque el criterio general nos dice que las edificaciones con más años tendrán más problemas, lo primario, y que no cuesta nada más que una acción administrativa es asegurarse la solvencia de los edificios y construcciones futuras. Plantear eso como alternativo a reforzar lo que esté en peligro, es una falacia. Y lo primero es fácil e inmediato, pero es cierto que no corrige automáticamente la vulnerabilidad que ya existe.. Para saber dónde actuar necesitamos inventarios y evaluaciones técnicas que permitan identificar los edificios más vulnerables, establecer prioridades y decidir dónde es realmente necesario intervenir. En las infraestructuras críticas, y públicas en general, eso es innegociable, una auditoría sistemática sobre el riesgo sísmico de las infraestructuras. Y después, a los particulares facilitarles esas actuaciones mediante ayudas, incentivos y programas específicos de refuerzo, en su caso.. En patrimonio histórico, además, cualquier actuación exige evidentemente un tratamiento específico y compatible con su conservación. Pero la filosofía es la misma: conocer la vulnerabilidad antes de que el terremoto sea quien nos la revele.. Después de lo ocurrido, ¿qué debería cambiar mañana mismo?. No creo que exista una única medida. Necesitamos actuar en varios frentes al mismo tiempo.. En primer lugar, continuar modernizando el marco normativo e incorporar plenamente los criterios más avanzados de diseño sísmico, es decir, aplicar el Eurocódigo 8. En segundo lugar, conocer mucho mejor el estado del parque construido mediante una evaluación ordenada de los edificios situados en las zonas de mayor riesgo. Y, en tercer lugar, priorizar el refuerzo de las construcciones más vulnerables y sobre todo de las infraestructuras críticas.. Pero hay también una cuestión de cultura preventiva. El riesgo sísmico suele recuperar protagonismo durante unos días después de cada terremoto y después desaparece de la conversación pública. Ese es precisamente el error que debemos evitar, empezando por las zonas donde olvidar es suicida.. Granada nos ha dado una oportunidad excepcional: una advertencia suficientemente seria como para aprender de ella, pero sin una tragedia detrás. Lo responsable es aprovecharla para actuar ahora.. Porque no sabemos cuándo llegará el próximo terremoto importante, lo que si sabemos es que llegará. Este es el momento de actuar. Municipios y autonomías con las auditorías, ministerios con la normativa, pero también los técnicos, reclamando sin ambages lo que sabemos que es defensa de la seguridad de los ciudadanos, frente al silencio negligente que puede acabar en tragedia.
LA RAZÓN entrevista a Ramiro Aurín, vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Ingenieros de Caminos, quien advierte sobre la vulnerabilidad de edificios antiguos e infraestructuras críticas
La crisis sísmica que atraviesa nuestro país, con dos terremotos de 4,8 en Granada y una sucesión de múltiples réplicas, ha puesto fin a la «tranquilidad» de los últimos años en este aspecto. Este experto solicita la aplicación inmediata en España en este terreno de la normativa europea, el Eurocódigo 8, ya que la actual norma sismorresistente ha quedado obsoleta. La clave, advierte, es aprovechar esta «advertencia» para impulsar una cultura preventiva antes de que llegue un terremoto de mayor magnitud de consecuencias imprevisibles.. Granada acaba de demostrar que España no es, ni mucho menos, ajena al riesgo sísmico. ¿Qué nos están diciendo estos terremotos sobre la verdadera vulnerabilidad de nuestras ciudades y de nuestro parque de viviendas?. Nos dicen lo que ya sabíamos, y que tenemos mala memoria. Que, en el sudeste español, fundamentalmente la Vega de Granada, y el valle del Segura y un poco hasta Alicante, y también Almería, la actividad sísmica es normal y recurrente, como nos muestran los antecedentes históricos.. En relación a los efectos, si vemos la secuencia de los tres seísmos importantes en la zona, a saber, Albolote-Atarfe en 1956, Lorca en 2011, y Granada-Alhendín en 2026, es evidente que la progresiva aplicación de la normativa sísmica ha mejorado en 2011 y más aún en 2026 el comportamiento del parque de edificaciones más modernas. En Granada, como en Lorca, los fallos básicos no han sido estructurales sino de fachadas y elementos volados u ornamentales, problemas no menores, que en Lorca produjeron 9 muertos. En Lorca la aceleración horizontal del suelo fue muy superior a la de Granada, y eso ha sido fundamental en la respuesta de los edificios. Los tres terremotos tuvieron hipocentros muy superficiales, lo que produce una afectación muy intensa en la zona inmediatamente superior, pero tiene menor foco territorial (a diferencia por ejemplo de lo que ha sucedido en Colombia). Si se produjera un terremoto de grado 6, que entra dentro de lo posible, sería multiplicar por 30 la energía liberada en Lorca. Los efectos en las edificaciones antiguas serían probablemente muy importantes, más controlados en los que han aplicado la norma española del 2002, pero insuficiente en todo lo correspondiente a elementos no estructurales, que como vimos en Lorca también matan, y en cualquier caso con una protección inferior a la que proporciona la actual norma europea.. Resumiendo, no todas nuestras ciudades ni todos nuestros edificios tienen el mismo grado de vulnerabilidad. Las construcciones más recientes, levantadas con criterios técnicos más modernos, ofrecen en general un comportamiento mucho mejor. El problema está principalmente en una parte del parque edificado más antiguo, construido con otros estándares y que, en determinados casos, presenta tipologías especialmente vulnerables.. La de hoy no es la España de 1956 (en términos de sismorresistencia), pero sí que tenemos un gran margen de mejora, para prepararnos mucho mejor ante un terremoto más severo. Y precisamente el momento para hacerlo es ahora, no después de una catástrofe.. En Europa existe una normativa antisísmica –el Eurocódigo 8–, aunque nuestro país sigue aplicando su propia normativa. ¿Se hace de forma eficaz?. España ha avanzado enormemente en seguridad estructural y eso se aprecia precisamente cuando comparamos el comportamiento de edificios recientes con construcciones mucho más antiguas. Hoy conocemos mucho mejor cómo debe responder una estructura frente a un terremoto y disponemos de herramientas de cálculo y criterios de diseño mucho más sofisticados.. El problema es que nuestra norma sísmica específica, la NCSE-02, pertenece a otra generación normativa. Han pasado más de dos décadas desde su aprobación y, mientras tanto, Europa ha desarrollado criterios más evolucionados a través del Eurocódigo 8, particularmente en aspectos como la ductilidad, la jerarquía resistente o el control de daños. Son criterios enfocados en que las personas tengan tiempo de salir con vida de los edificios, incluso con sismos muy severos, evitar siempre el colapso.. Por eso es fundamental avanzar hacia la plena implementación de los criterios del Eurocódigo 8. España no puede ser el único país de la UE con una protección sísmica por debajo de este código, diseñado por cierto con gran presencia de ingenieros españoles, y que ya se enseña en nuestras universidades.. Una cosa es que un edificio cumpla la normativa y otra que esté diseñado para quedar prácticamente indemne. ¿Qué puede esperar un ciudadano de un edificio construido conforme a la normativa sismorresistente: que no se derrumbe, que siga siendo habitable o que apenas sufra daños? ¿Dónde está realmente el límite de protección que ofrecen nuestras normas?. Diseñar un edificio frente a un terremoto no significa necesariamente diseñarlo para que después de una sacudida muy intensa quede exactamente como estaba antes.. La prioridad de la ingeniería sísmica, como la entiende el Eurocódigo, es proteger vidas: conseguir que la estructura tenga capacidad para deformarse y avisar, disipar la energía del terremoto sin sufrir un colapso frágil que ponga en peligro a sus ocupantes. Precisamente por eso conceptos como la ductilidad son tan importantes. Otra cosa será la viabilidad de recuperar el edificio para su uso, en unos casos será factible y en otros no.. Además, hay otro aspecto que Lorca dejó muy claro: la estructura principal puede no colapsar y, aun así, producirse daños peligrosos en fachadas, cornisas, cerramientos, falsos techos u otros elementos. Por eso la seguridad sísmica debe contemplar el edificio en su conjunto y no únicamente su estructura resistente.. El objetivo, por tanto, no debe confundirse con garantizar «daño cero». Ante un terremoto importante puede haber daños graves; lo esencial es evitar que esos daños se traduzcan en pérdida de vidas o en un colapso instantáneo que impida la evacuación. ¿Qué ocurriría si alguna zona de España sufriera un terremoto mucho mayor que los que estamos viviendo estos días? ¿Qué elementos serían más vulnerables: viviendas, puentes, carreteras, hospitales, redes de agua, gas y electricidad u otras infraestructuras críticas?. En general la vulnerabilidad aumentaría con la edad del edificio, pues las normativas y los proyectos han ido mejorando con los años.. Si pensamos en tipologías funcionales, probablemente las viviendas sean donde menos se hayan aplicados criterios por encima de la normativa de obligado cumplimiento en cada momento. En obra pública, eventualmente el proyectista tiene en cuenta criterios más allá de la norma. Pero eventualmente. Lo que si podemos decir es que necesitamos evaluar nuestras infraestructuras críticas (hospitales, escuelas, centrales de energía y telecomunicaciones, servicios públicos…) en las zonas de riesgo, que están perfectamente acotadas, para reforzarlas si fuera menester, porque su colapso sería doblemente pernicioso. Necesitamos que muchas de ellas sigan funcionando cuando más las necesitamos. Ahí debería estar una de las principales prioridades de cualquier política preventiva.. Y lo cierto es que hoy no sabemos su capacidad de respuesta.. En cuanto al parque de viviendas y edificios de uso comercial, que son la mayoría de las edificaciones, su vulnerabilidad depende de muchos factores, empezando por su edad o lo diáfana que sea la planta baja, el tipo de cerramientos, o las características de la fachada.. No podemos anticipar exactamente cómo se comportaría una ciudad concreta sin analizar sus edificios, sus infraestructuras y las características del terremoto posible. Pero ese análisis si podemos hacerlo, y entonces sí, diseñar políticas preventivas.. Granada tiene un enorme patrimonio histórico, empezando por la Alhambra, pero también un parque inmobiliario muy diverso y edificios construidos hace décadas. ¿Hasta qué punto el verdadero problema está en las nuevas construcciones o, sobre todo, en adaptar y reforzar lo que ya tenemos construido?. La realidad es variopinta. Mientras que la Alhambra se comporta admirablemente, ha habido varias iglesias que han presentado problemas. Habría que ver para empezar el suelo que tenemos debajo en cada caso. Pero aunque el criterio general nos dice que las edificaciones con más años tendrán más problemas, lo primario, y que no cuesta nada más que una acción administrativa es asegurarse la solvencia de los edificios y construcciones futuras. Plantear eso como alternativo a reforzar lo que esté en peligro, es una falacia. Y lo primero es fácil e inmediato, pero es cierto que no corrige automáticamente la vulnerabilidad que ya existe.. Para saber dónde actuar necesitamos inventarios y evaluaciones técnicas que permitan identificar los edificios más vulnerables, establecer prioridades y decidir dónde es realmente necesario intervenir. En las infraestructuras críticas, y públicas en general, eso es innegociable, una auditoría sistemática sobre el riesgo sísmico de las infraestructuras. Y después, a los particulares facilitarles esas actuaciones mediante ayudas, incentivos y programas específicos de refuerzo, en su caso.. En patrimonio histórico, además, cualquier actuación exige evidentemente un tratamiento específico y compatible con su conservación. Pero la filosofía es la misma: conocer la vulnerabilidad antes de que el terremoto sea quien nos la revele.. Después de lo ocurrido, ¿qué debería cambiar mañana mismo?. No creo que exista una única medida. Necesitamos actuar en varios frentes al mismo tiempo.. En primer lugar, continuar modernizando el marco normativo e incorporar plenamente los criterios más avanzados de diseño sísmico, es decir, aplicar el Eurocódigo 8. En segundo lugar, conocer mucho mejor el estado del parque construido mediante una evaluación ordenada de los edificios situados en las zonas de mayor riesgo. Y, en tercer lugar, priorizar el refuerzo de las construcciones más vulnerables y sobre todo de las infraestructuras críticas.. Pero hay también una cuestión de cultura preventiva. El riesgo sísmico suele recuperar protagonismo durante unos días después de cada terremoto y después desaparece de la conversación pública. Ese es precisamente el error que debemos evitar, empezando por las zonas donde olvidar es suicida.. Granada nos ha dado una oportunidad excepcional: una advertencia suficientemente seria como para aprender de ella, pero sin una tragedia detrás. Lo responsable es aprovecharla para actuar ahora.. Porque no sabemos cuándo llegará el próximo terremoto importante, lo que si sabemos es que llegará. Este es el momento de actuar. Municipios y autonomías con las auditorías, ministerios con la normativa, pero también los técnicos, reclamando sin ambages lo que sabemos que es defensa de la seguridad de los ciudadanos, frente al silencio negligente que puede acabar en tragedia.
