España penaliza fiscalmente al ahorro financiero más que la media de los países de la Unión Europea, con un gravamen efectivo del 22% frente al promedio europeo del 14%
Chumy Chúmez (1927-2003), pseudónimo de José María González Castrillo, fue un humorista, escritor y director de cine que un día dijo que «los españoles no ahorran, se lo gastan todo en impuestos».Es difícil, por no decir imposible, definir mejor y con menos palabras la voracidad fiscal del Estado. La expresión del que también fuera impulsor de la revista satírica «Hermano Lobo, semanario de humor dentro de lo que cabe», merecería un lugar destacado en los manuales de fiscalidad.El Instituto de Estudios Económicos (IEE), que preside Íñigo Fernández de Mesa y dirige Gregorio Izquierdo, acaba de publicar un informe sobre «La tributación del ahorro financiero en España» que concluye que «el ahorro financiero en España soporta una tributación efectiva del 22% de su rentabilidad, muy por encima del 14% de media en los países de la Unión Europea».El estudio ha sido realizado en colaboración con la sección española de la European Financial Planning Association (EFPA España), que preside Santiago Satrústegui. Ha sido elaborado por una quincena de expertos fiscales y destaca que «en el caso de las ganancias de capital sobre los productos financieros, el tipo marginal máximo en España es del 30%, frente al 18% de media en la Unión Europea».Esas ganancias de capital incluyen desde los beneficios obtenidos en operaciones bursátiles hasta las remuneraciones de cuentas corrientes o las populares, entre un segmento de ahorradores, imposiciones a plazo fijo y, por supuesto, los dividendos percibidos de cualquier empresa.Los expertos reunidos por el IEE y EFPA escriben que «España presenta una carga fiscal relativamente elevada sobre los instrumentos de ahorro más conservadores, sobre todo depósitos y bonos públicos, con una tributación efectiva en torno al 30%».Se trata de una presión fiscal «ligeramente por encima del promedio de la OCDE, que es del 29%, y de forma más clara de la media de la Unión Europea, que está en el 25%».Estos datos muestran que el sistema español grava de forma considerable incluso las decisiones de ahorro más prudentes y se aleja de enfoques más neutrales que minimizan las distorsiones sobre el capital.Quizá eso sea una de las justificaciones para que casi un tercio de los activos financieros de las familias españolas sean efectivo o depósitos en cuentas corrientes y de ahorro con retribuciones mínimas.Los datos de las Cuentas Financieras de la Economía Española, correspondientes al primer trimestre de 2026, que acaba de publicar el Banco de España que gobierna José Luis Escrivá, son claros. Los hogares españoles tienen 3,4 billones de euros en activos financieros y de ellos casi un tercio, 1,15 billones, son dinero efectivo o está depositado en cuentas, es decir, es poco o, en algunos casos, nada productivo.La voracidad del fisco hispano, que con Pedro Sánchez en el Gobierno y María Jesús Montero en Hacienda, ahora relevada por Arcadi España, se ha negado a deflacta
Chumy Chúmez (1927-2003), pseudónimo de José María González Castrillo, fue un humorista, escritor y director de cine que un día dijo que «los españoles no ahorran, se lo gastan todo en impuestos». Es difícil, por no decir imposible, definir mejor y con menos palabras la voracidad fiscal del Estado. La expresión del que también fuera impulsor de la revista satírica «Hermano Lobo, semanario de humor dentro de lo que cabe», merecería un lugar destacado en los manuales de fiscalidad. El Instituto de Estudios Económicos (IEE), que preside Íñigo Fernández de Mesa y dirige Gregorio Izquierdo, acaba de publicar un informe sobre «La tributación del ahorro financiero en España» que concluye que «el ahorro financiero en España soporta una tributación efectiva del 22% de su rentabilidad, muy por encima del 14% de media en los países de la Unión Europea». El estudio ha sido realizado en colaboración con la sección española de la European Financial Planning Association (EFPA España), que preside Santiago Satrústegui. Ha sido elaborado por una quincena de expertos fiscales y destaca que «en el caso de las ganancias de capital sobre los productos financieros, el tipo marginal máximo en España es del 30%, frente al 18% de media en la Unión Europea». Esas ganancias de capital incluyen desde los beneficios obtenidos en operaciones bursátiles hasta las remuneraciones de cuentas corrientes o las populares, entre un segmento de ahorradores, imposiciones a plazo fijo y, por supuesto, los dividendos percibidos de cualquier empresa. Los expertos reunidos por el IEE y EFPA escriben que «España presenta una carga fiscal relativamente elevada sobre los instrumentos de ahorro más conservadores, sobre todo depósitos y bonos públicos, con una tributación efectiva en torno al 30%». Se trata de una presión fiscal «ligeramente por encima del promedio de la OCDE, que es del 29%, y de forma más clara de la media de la Unión Europea, que está en el 25%». Estos datos muestran que el sistema español grava de forma considerable incluso las decisiones de ahorro más prudentes y se aleja de enfoques más neutrales que minimizan las distorsiones sobre el capital. Quizá eso sea una de las justificaciones para que casi un tercio de los activos financieros de las familias españolas sean efectivo o depósitos en cuentas corrientes y de ahorro con retribuciones mínimas. Los datos de las Cuentas Financieras de la Economía Española, correspondientes al primer trimestre de 2026, que acaba de publicar el Banco de España que gobierna José Luis Escrivá, son claros. Los hogares españoles tienen 3,4 billones de euros en activos financieros y de ellos casi un tercio, 1,15 billones, son dinero efectivo o está depositado en cuentas, es decir, es poco o, en algunos casos, nada productivo. La voracidad del fisco hispano, que con Pedro Sánchez en el Gobierno y María Jesús Montero en Hacienda, ahora relevada por Arcadi España, se ha negado
