En un partido muy cerrado del Mundial, con dificultad para España para crear ocasiones contra Uruguay, el gol de Baena cerca del descanso cambió la cara del encuentro y las posibilidades de España ante un rival herido y con muchos problemas. Durante la primera media hora, Uruguay fue el equipo que dictó el ritmo. La presión alta celeste cortó los circuitos habituales de España y les obligó a buscar salidas sin convicción, sin el automatismo que les había caracterizado en el torneo. Los sudamericanos querían el partido con una intensidad que sus rivales tardaron en igualar, y esa diferencia de ambición se notó en el campo: Uruguay llegaba, robaba, transitaba, mientras España acumulaba posesión sin encontrar el camino hacia la portería de Muslera Uruguay desperdició su momento Darwin Núñez tuvo en sus botas la ocasión que habría cambiado el marcador y, probablemente, el devenir del partido. Recibió solo dentro del área, con tiempo y espacio suficientes para elegir, y optó por un taconazo que no encontró portería. No fue un error de ejecución a la primera, sino una decisión tomada con alternativas claras sobre la mesa. En un Mundial, esos momentos tienen un peso que va más allá del instante: la selección de una opción mala cuando la buena está disponible es el tipo de decisión que los equipos pagan tarde o temprano, y Uruguay lo pagó antes de lo que nadie esperaba. Porque pocos minutos antes del descanso apareció Baena. El centrocampista del Villarreal recibió el balón dentro del área y gracias a Muslera adelantó a la selección español. El veterano portero de Uruguay, con una trayectoria tan larga que su presencia ya es parte del paisaje de la selección celeste, se dejó batir por un tiro que debería haber detenido. Fue un error técnico en el instante de mayor presión, cuando el partido pedía firmeza. Baena no se limitó al gol. Fue el jugador más determinante que ofreció España durante el encuentro, el único que pareció capaz de alterar el orden que Uruguay había establecido con tanta disciplina. Fue la diferencia individual que los partidos de Mundial exigen cuando los sistemas se anulan entre sí. España supo sobrevivir a su peor versión durante cuarenta minutos y encontrar la eficacia que el partido no le había dado. Ese es el signo de los equipos que llegan lejos en los torneos: no dependen exclusivamente de estar bien para ganar. El gol de Baena antes del descanso fue el tipo de golpe que desequilibra la cabeza del rival.
El equipo de De la Fuente se ha adelantado en el tercer partido del Mundial cuando se acercaba al descanso gracias a un fallo del portero rival
En un partido muy cerrado del Mundial, con dificultad para España para crear ocasiones contra Uruguay, el gol de Baena cerca del descanso cambió la cara del encuentro y las posibilidades de España ante un rival herido y con muchos problemas.Durante la primera media hora, Uruguay fue el equipo que dictó el ritmo. La presión alta celeste cortó los circuitos habituales de España y les obligó a buscar salidas sin convicción, sin el automatismo que les había caracterizado en el torneo. Los sudamericanos querían el partido con una intensidad que sus rivales tardaron en igualar, y esa diferencia de ambición se notó en el campo: Uruguay llegaba, robaba, transitaba, mientras España acumulaba posesión sin encontrar el camino hacia la portería de MusleraUruguay desperdició su momentoDarwin Núñez tuvo en sus botas la ocasión que habría cambiado el marcador y, probablemente, el devenir del partido. Recibió solo dentro del área, con tiempo y espacio suficientes para elegir, y optó por un taconazo que no encontró portería. No fue un error de ejecución a la primera, sino una decisión tomada con alternativas claras sobre la mesa. En un Mundial, esos momentos tienen un peso que va más allá del instante: la selección de una opción mala cuando la buena está disponible es el tipo de decisión que los equipos pagan tarde o temprano, y Uruguay lo pagó antes de lo que nadie esperaba.Porque pocos minutos antes del descanso apareció Baena. El centrocampista del Villarreal recibió el balón dentro del área y gracias a Muslera adelantó a la selección español. El veterano portero de Uruguay, con una trayectoria tan larga que su presencia ya es parte del paisaje de la selección celeste, se dejó batir por un tiro que debería haber detenido. Fue un error técnico en el instante de mayor presión, cuando el partido pedía firmeza.Baena no se limitó al gol. Fue el jugador más determinante que ofreció España durante el encuentro, el único que pareció capaz de alterar el orden que Uruguay había establecido con tanta disciplina. Fue la diferencia individual que los partidos de Mundial exigen cuando los sistemas se anulan entre sí.España supo sobrevivir a su peor versión durante cuarenta minutos y encontrar la eficacia que el partido no le había dado. Ese es el signo de los equipos que llegan lejos en los torneos: no dependen exclusivamente de estar bien para ganar. El gol de Baena antes del descanso fue el tipo de golpe que desequilibra la cabeza del rival.
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