El abandono de la ganadería extensiva, que contribuía a la limpieza de los montes y a la eliminación de una parte de la biomasa, y de los anillos de eras que rodeaban a los pueblos restan cortafuegos
La oleada de incendios forestales que azota una parte importante de España está afectando, sobre todo, el medio rural y al campo español, con importantes pérdidas, aún pendientes de evaluar.Se impone un nuevo modelo de gestión del territorio, partiendo antes de una serie de hechos, según destacan diversos expertos:La biomasaEn España la naturaleza produce cada año alrededor de 50 millones de toneladas de biomasa, según las fuentes consultadas. De esa cantidad total, se extraen entre 15 y 20 millones. Tomando como base esta última cifra, todos los años se acumulan alrededor de 30 millones, como mínimo, que se quedan en los bosques, montes y medio natural y se transforman en combustible altamente inflamable cuando salta la chispa, bien por hechos naturales, como un rayo, o por la intervención del hombre.CausasEse incremento de la biomasa que permanece sobre el terreno y que es pasto fácil para las llamas tiene varias causas.La primera de ellas es que los pueblos de muchas zonas se han quedado vacíos o, en el mejor de los casos, con muy pocos habitantes, además de una edad avanzada, que ya no están en activo.La segunda es el abandono de la ganadería extensiva (vacuno, ovino y caprino) que contribuía a la limpieza de los montes y a la eliminación de una parte de la biomasa; esta actividad ganadera es muy sacrificada y no resulta atractiva para los jóvenes, por lo que no hay relevo generacional.La tercera hace referencia a los cambios en el modelo agrícola. Sirva un ejemplo para explicarlo: hasta hace unas décadas, cada pueblo pequeño estaba rodeado por un anillo de eras que se mantenían limpias porque se utilizaban para llevar el cereal allí cuando se segaba; ahora eso ya no se hace y las eras, que antes estaban limpias y cuidadas y hacían de cortafuegos natural, se encuentran abandonadas, llenas de maleza y ya no cumplen con ese papel, por lo que bien se podría decir que la naturaleza se ha metido en los pueblos.La cuarta causa es que el aprovechamiento de una parte de la biomasa (madera, piñas) por los habitantes de los pueblos para calentar sus casas, por ejemplo, se ha reducido a la mínima expresión por la falta de población, por su edad avanzada y por las trabas burocráticas y medio ambientales de todo tipo, ya que se han multiplicado las normas absurdas.Mala gestión del territorioLa conclusión que se extrae de todas las causas anteriores es que la gestión del territorio y de la naturaleza entendida en sentido amplio deja mucho que desear, se hace desde los despachos y sin contar con los habitantes, incluso contra sus intereses, de las localidades más cercanas. De ahí el aumento de la biomasa un año tras otro.Posibles solucionesHay coincidencia entre los expertos consultados en que es necesario coger este toro por los cuernos y elaborar un pacto de estado, no solo forestal, sino de carácter integral, contando por supuesto con los habitantes del medio rural y con las instituciones más cercanas. Entre las
La oleada de incendios forestales que azota una parte importante de España está afectando, sobre todo, el medio rural y al campo español, con importantes pérdidas, aún pendientes de evaluar. Se impone un nuevo modelo de gestión del territorio, partiendo antes de una serie de hechos, según destacan diversos expertos: La biomasa En España la naturaleza produce cada año alrededor de 50 millones de toneladas de biomasa, según las fuentes consultadas. De esa cantidad total, se extraen entre 15 y 20 millones. Tomando como base esta última cifra, todos los años se acumulan alrededor de 30 millones, como mínimo, que se quedan en los bosques, montes y medio natural y se transforman en combustible altamente inflamable cuando salta la chispa, bien por hechos naturales, como un rayo, o por la intervención del hombre. Causas Ese incremento de la biomasa que permanece sobre el terreno y que es pasto fácil para las llamas tiene varias causas. La primera de ellas es que los pueblos de muchas zonas se han quedado vacíos o, en el mejor de los casos, con muy pocos habitantes, además de una edad avanzada, que ya no están en activo. La segunda es el abandono de la ganadería extensiva (vacuno, ovino y caprino) que contribuía a la limpieza de los montes y a la eliminación de una parte de la biomasa; esta actividad ganadera es muy sacrificada y no resulta atractiva para los jóvenes, por lo que no hay relevo generacional. La tercera hace referencia a los cambios en el modelo agrícola. Sirva un ejemplo para explicarlo: hasta hace unas décadas, cada pueblo pequeño estaba rodeado por un anillo de eras que se mantenían limpias porque se utilizaban para llevar el cereal allí cuando se segaba; ahora eso ya no se hace y las eras, que antes estaban limpias y cuidadas y hacían de cortafuegos natural, se encuentran abandonadas, llenas de maleza y ya no cumplen con ese papel, por lo que bien se podría decir que la naturaleza se ha metido en los pueblos. La cuarta causa es que el aprovechamiento de una parte de la biomasa (madera, piñas) por los habitantes de los pueblos para calentar sus casas, por ejemplo, se ha reducido a la mínima expresión por la falta de población, por su edad avanzada y por las trabas burocráticas y medio ambientales de todo tipo, ya que se han multiplicado las normas absurdas. Mala gestión del territorio La conclusión que se extrae de todas las causas anteriores es que la gestión del territorio y de la naturaleza entendida en sentido amplio deja mucho que desear, se hace desde los despachos y sin contar con los habitantes, incluso contra sus intereses, de las localidades más cercanas. De ahí el aumento de la biomasa un año tras otro. Posibles soluciones Hay coincidencia entre los expertos consultados en que es necesario coger este toro por los cuernos y elaborar un pacto de estado, no solo forestal, sino de carácter integral, contando por supuesto con los habitantes del medio rural y con las instituciones más cercana
