Hace apenas diez meses, Javier José Vázquez Zayas invirtió sus ahorros en cinco decenas de gallinas ponedoras sin imaginar la magnitud que adquiriría su proyecto. Hoy, la finca JN Farm, ubicada en el barrio Maná de Corozal, Puerto Rico, alcanza una producción de 1,200 huevos diarios y este joven de 20 años ya es reconocido por su comunidad como «El nene de las ponedoras», según documentó el medio puertorriqueño Primera Hora.
El camino hacia la avicultura no fue un plan trazado desde la infancia, sino una respuesta a una inquietud personal. «Yo siempre quería algo mío», recordó en la entrevista. Creció en un entorno agrícola ayudando a sus padres, José y Nancy, en el cultivo de cilantrillo, pero sentía la necesidad de emprender por cuenta propia.
El despegue de JN Farm y los aprendizajes del camino
La primera puesta marcó un punto de inflexión. «Cuando las primeras gallinas empezaron a poner, me emocioné«, confesó. Ese entusiasmo lo impulsó a escalar rápidamente: a mediados de octubre recibió poco más de 1,400 ponedoras y un gallo, y a finales de febrero trasladó toda la operación a la finca actual. La mudanza, sin embargo, trajo un episodio difícil. Las aves, desacostumbradas a la oscuridad total del nuevo galpón, se amontonaron por el pánico y unas diez murieron. La pérdida fue un recordatorio de que cada jornada enseña algo distinto en la crianza.
La metodología de producción se apoya en un principio claro que él mismo resume: «Gallinas felices, huevos de calidad». A diario, sobre el mediodía, abre las puertas del rancho para que las 1,400 aves pastoreen, picoteen la hierba y se revuelquen en la tierra.
Ese manejo al aire libre es precisamente lo que, a su juicio, diferencia su producto en un mercado donde compite con huevos importados que llegan a precios muy bajos.
Renuncias personales y la fuerza del sueño
Sostener JN Farm ha exigido sacrificios notables. Vázquez Zayas era ciclista y le «iba bastante bien», pero dejó el deporte para concentrarse en el negocio. Las responsabilidades también han reducido su vida social y familiar.
«A veces, uno quiere salir con la familia, pero hay que chequear las gallinas y les digo: ‘Salgan y yo me quedo'», relató. A pesar del cansancio y de que todavía no logra colocar toda la producción diaria, nunca ha contemplado abandonar. «Lo que me motiva es ese niño que soñó con un negocio. Ya está aquí y no me puedo quitar porque esté cansado o no esté vendiendo. Tengo que levantarme por ese niño interior», sostuvo.
Con la mirada puesta en el futuro, el joven avicultor planea establecer un punto de venta ambulante en el cercano municipio de Naranjito y diversificar su oferta agrícola.
Quiere que sus huevos lleguen directamente a los hogares y que JN Farm (cuyas siglas rinden tributo a sus padres) se consolide como un proyecto de vida. «Estoy orgulloso de que nunca me quité, siempre me mantuve ahí. Estoy logrando mi sueño«, declaró a Primera Hora.
Hace apenas diez meses, Javier José Vázquez Zayas invirtió sus ahorros en cinco decenas de gallinas ponedoras sin imaginar la magnitud que adquiriría su proyecto. Hoy, la finca JN Farm, ubicada en el barrio Maná de Corozal, Puerto Rico, alcanza una producción de 1,200 huevos diarios y este joven de 20 años ya es reconocido por su comunidad como «El nene de las ponedoras», según documentó el medio puertorriqueño Primera Hora. El camino hacia la avicultura no fue un plan trazado desde la infancia, sino una respuesta a una inquietud personal. «Yo siempre quería algo mío», recordó en la entrevista. Creció en un entorno agrícola ayudando a sus padres, José y Nancy, en el cultivo de cilantrillo, pero sentía la necesidad de emprender por cuenta propia. El despegue de JN Farm y los aprendizajes del camino La primera puesta marcó un punto de inflexión. «Cuando las primeras gallinas empezaron a poner, me emocioné», confesó. Ese entusiasmo lo impulsó a escalar rápidamente: a mediados de octubre recibió poco más de 1,400 ponedoras y un gallo, y a finales de febrero trasladó toda la operación a la finca actual. La mudanza, sin embargo, trajo un episodio difícil. Las aves, desacostumbradas a la oscuridad total del nuevo galpón, se amontonaron por el pánico y unas diez murieron. La pérdida fue un recordatorio de que cada jornada enseña algo distinto en la crianza. La metodología de producción se apoya en un principio claro que él mismo resume: «Gallinas felices, huevos de calidad». A diario, sobre el mediodía, abre las puertas del rancho para que las 1,400 aves pastoreen, picoteen la hierba y se revuelquen en la tierra. Ese manejo al aire libre es precisamente lo que, a su juicio, diferencia su producto en un mercado donde compite con huevos importados que llegan a precios muy bajos. Renuncias personales y la fuerza del sueño Sostener JN Farm ha exigido sacrificios notables. Vázquez Zayas era ciclista y le «iba bastante bien», pero dejó el deporte para concentrarse en el negocio. Las responsabilidades también han reducido su vida social y familiar. «A veces, uno quiere salir con la familia, pero hay que chequear las gallinas y les digo: ‘Salgan y yo me quedo'», relató. A pesar del cansancio y de que todavía no logra colocar toda la producción diaria, nunca ha contemplado abandonar. «Lo que me motiva es ese niño que soñó con un negocio. Ya está aquí y no me puedo quitar porque esté cansado o no esté vendiendo. Tengo que levantarme por ese niño interior», sostuvo. Con la mirada puesta en el futuro, el joven avicultor planea establecer un punto de venta ambulante en el cercano municipio de Naranjito y diversificar su oferta agrícola. Quiere que sus huevos lleguen directamente a los hogares y que JN Farm (cuyas siglas rinden tributo a sus padres) se consolide como un proyecto de vida. «Estoy orgulloso de que nunca me quité, siempre me mantuve ahí. Estoy logrando mi sueño», declaró a Primera Hora.
El proyecto avícola que nació en un modesto rancho familiar de Corozal ya alcanza 1.200 unidades diarias, aunque su creador admite que la competencia con importaciones baratas mantiene el negocio en una lucha constante
Hace apenas diez meses, Javier José Vázquez Zayas invirtió sus ahorros en cinco decenas de gallinas ponedoras sin imaginar la magnitud que adquiriría su proyecto. Hoy, la finca JN Farm, ubicada en el barrio Maná de Corozal, Puerto Rico, alcanza una producción de 1,200 huevos diarios y este joven de 20 años ya es reconocido por su comunidad como «El nene de las ponedoras», según documentó el medio puertorriqueño Primera Hora.El camino hacia la avicultura no fue un plan trazado desde la infancia, sino una respuesta a una inquietud personal. «Yo siempre quería algo mío», recordó en la entrevista. Creció en un entorno agrícola ayudando a sus padres, José y Nancy, en el cultivo de cilantrillo, pero sentía la necesidad de emprender por cuenta propia.El despegue de JN Farm y los aprendizajes del caminoLa primera puesta marcó un punto de inflexión. «Cuando las primeras gallinas empezaron a poner, me emocioné», confesó. Ese entusiasmo lo impulsó a escalar rápidamente: a mediados de octubre recibió poco más de 1,400 ponedoras y un gallo, y a finales de febrero trasladó toda la operación a la finca actual. La mudanza, sin embargo, trajo un episodio difícil. Las aves, desacostumbradas a la oscuridad total del nuevo galpón, se amontonaron por el pánico y unas diez murieron. La pérdida fue un recordatorio de que cada jornada enseña algo distinto en la crianza.La metodología de producción se apoya en un principio claro que él mismo resume: «Gallinas felices, huevos de calidad». A diario, sobre el mediodía, abre las puertas del rancho para que las 1,400 aves pastoreen, picoteen la hierba y se revuelquen en la tierra.Ese manejo al aire libre es precisamente lo que, a su juicio, diferencia su producto en un mercado donde compite con huevos importados que llegan a precios muy bajos. Renuncias personales y la fuerza del sueñoSostener JN Farm ha exigido sacrificios notables. Vázquez Zayas era ciclista y le «iba bastante bien», pero dejó el deporte para concentrarse en el negocio. Las responsabilidades también han reducido su vida social y familiar.»A veces, uno quiere salir con la familia, pero hay que chequear las gallinas y les digo: ‘Salgan y yo me quedo'», relató. A pesar del cansancio y de que todavía no logra colocar toda la producción diaria, nunca ha contemplado abandonar. «Lo que me motiva es ese niño que soñó con un negocio. Ya está aquí y no me puedo quitar porque esté cansado o no esté vendiendo. Tengo que levantarme por ese niño interior», sostuvo.Con la mirada puesta en el futuro, el joven avicultor planea establecer un punto de venta ambulante en el cercano municipio de Naranjito y diversificar su oferta agrícola.Quiere que sus huevos lleguen directamente a los hogares y que JN Farm (cuyas siglas rinden tributo a sus padres) se consolide como un proyecto de vida. «Estoy orgulloso de que nunca me quité, siempre me mantuve ahí. Estoy logrando mi sueño», declaró a Primera Hora.
