El hematoma subdural crónico es una de las enfermedades cerebrovasculares más frecuentes en personas mayores y su incidencia continúa creciendo debido al envejecimiento de la población. El Dr. Antonio López Rueda, Neurorradiólogo Intervencionista del Hospital Universitario de Bellvitge, explica cómo reconocer esta patología, por qué suele confundirse con el deterioro cognitivo y qué papel desempeña la embolización de la arteria meníngea media en su tratamiento. ¿Qué es el hematoma subdural crónico y por qué aumenta su incidencia? Es una acumulación lenta de sangre entre la duramadre y la superficie del cerebro que se desarrolla durante semanas o meses. Su incidencia aumenta por el envejecimiento de la población, por la mayor supervivencia de pacientes frágiles y por el uso cada vez más frecuente de antiagregantes y anticoagulantes, que favorecen la aparición de pequeños sangrados tras traumatismos leves. ¿Qué pacientes tienen mayor riesgo y qué síntomas deben alertar? Afecta sobre todo a personas mayores, especialmente varones, y suele asociarse a caídas banales, atrofia cerebral o tratamiento con antiagregantes y anticoagulantes. Como el sangrado es progresivo, aparecen síntomas como cefalea persistente, deterioro cognitivo, cambios de conducta, alteraciones de la marcha, debilidad o problemas del habla y, en casos más avanzados, somnolencia o disminución del nivel de conciencia. ¿Por qué se confunde con frecuencia con el envejecimiento o la demencia? Porque muchos de sus síntomas son bastante similares, entre ellos la lentitud mental, la pérdida de memoria reciente, la apatía o la dificultad para caminar. Además, el inicio suele ser generalmente gradual y puede aparecer días o semanas después de un traumatismo menor que el paciente ni siquiera recuerda. El diagnóstico se confirma mediante una tomografía computarizada craneal, que permite identificar el hematoma y valorar su repercusión sobre el cerebro. ¿Qué consecuencias tiene un diagnóstico tardío? Si no se trata en el tiempo y forma adecuados, el hematoma puede aumentar la presión sobre el cerebro y provocar un deterioro neurológico irreversible, pérdida de autonomía e incluso el fallecimiento. El tratamiento depende del tamaño del hematoma, de la gravedad de los síntomas y del estado general del paciente. La cirugía continúa siendo el tratamiento de elección cuando está indicada, aunque uno de sus inconvenientes es la posibilidad de que el hematoma reaparezca y sea necesaria una nueva intervención. ¿Qué avances se han producido en los últimos años? El principal cambio ha sido la incorporación de la embolización de la arteria meníngea media, sola o combinada con la cirugía. Cuando se forma un hematoma, el organismo crea una membrana con pequeños vasos muy frágiles que sangran de forma continua y favorecen su crecimiento. Al ocluir la arteria que irriga esa membrana se detiene ese sangrado persistente y se facilita la reabsorc
El Neurorradiólogo Intervencionista del Hospital Universitario de Bellvitge explica esta técnica mínimamente invasiva mejora el abordaje de la patología
El hematoma subdural crónico es una de las enfermedades cerebrovasculares más frecuentes en personas mayores y su incidencia continúa creciendo debido al envejecimiento de la población. El Dr. Antonio López Rueda, Neurorradiólogo Intervencionista del Hospital Universitario de Bellvitge, explica cómo reconocer esta patología, por qué suele confundirse con el deterioro cognitivo y qué papel desempeña la embolización de la arteria meníngea media en su tratamiento.¿Qué es el hematoma subdural crónico y por qué aumenta su incidencia?Es una acumulación lenta de sangre entre la duramadre y la superficie del cerebro que se desarrolla durante semanas o meses. Su incidencia aumenta por el envejecimiento de la población, por la mayor supervivencia de pacientes frágiles y por el uso cada vez más frecuente de antiagregantes y anticoagulantes, que favorecen la aparición de pequeños sangrados tras traumatismos leves.¿Qué pacientes tienen mayor riesgo y qué síntomas deben alertar?Afecta sobre todo a personas mayores, especialmente varones, y suele asociarse a caídas banales, atrofia cerebral o tratamiento con antiagregantes y anticoagulantes. Como el sangrado es progresivo, aparecen síntomas como cefalea persistente, deterioro cognitivo, cambios de conducta, alteraciones de la marcha, debilidad o problemas del habla y, en casos más avanzados, somnolencia o disminución del nivel de conciencia.¿Por qué se confunde con frecuencia con el envejecimiento o la demencia?Porque muchos de sus síntomas son bastante similares, entre ellos la lentitud mental, la pérdida de memoria reciente, la apatía o la dificultad para caminar. Además, el inicio suele ser generalmente gradual y puede aparecer días o semanas después de un traumatismo menor que el paciente ni siquiera recuerda. El diagnóstico se confirma mediante una tomografía computarizada craneal, que permite identificar el hematoma y valorar su repercusión sobre el cerebro.¿Qué consecuencias tiene un diagnóstico tardío?Si no se trata en el tiempo y forma adecuados, el hematoma puede aumentar la presión sobre el cerebro y provocar un deterioro neurológico irreversible, pérdida de autonomía e incluso el fallecimiento. El tratamiento depende del tamaño del hematoma, de la gravedad de los síntomas y del estado general del paciente. La cirugía continúa siendo el tratamiento de elección cuando está indicada, aunque uno de sus inconvenientes es la posibilidad de que el hematoma reaparezca y sea necesaria una nueva intervención.¿Qué avances se han producido en los últimos años?El principal cambio ha sido la incorporación de la embolización de la arteria meníngea media, sola o combinada con la cirugía. Cuando se forma un hematoma, el organismo crea una membrana con pequeños vasos muy frágiles que sangran de forma continua y favorecen su crecimiento. Al ocluir la arteria que irriga esa membrana se detiene ese sangrado persistente y se facilita la reabsorción del h
