El último barómetro sanitario del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) arroja resultados inquietantes sobre la evolución del Sistema Nacional de Salud, pero si se comparan con los que ofreció este mismo estudio en 2018, cuando Pedro Sánchez llegó al poder, el balance es simplemente aterrador. En estos más de ocho años de Gobierno socialcomunista, la percepción de que la Sanidad funciona mal ha pasado del 4,4% al 20,3%, lo que equivale a decir que esa visión negativa se ha multiplicado por cinco. En este tiempo, la percepción de que funciona bastante bien ha caído un 8,6%, y el porcentaje de personas que no pueden permitirse pagar los medicamentos ha pasado del 3,8% al 8,1%, algo acorde con el empobrecimiento de la población tras años de masacre fiscal y de incrementos disparatados de los precios. Las listas de espera, uno de los indicadores que mejor sirven para medir la salud de un sistema sanitario, también son fuente de preocupación entre la población protegida, que ahora es toda por mor de la universalidad extendida por Sánchez y Mónica García para arañar votos. El 81% de los ciudadanos cree, de hecho, que han empeorado o se mantienen igual, lo que coincide con el incremento generalizado de enfermos que aguardan para pasar por el quirófano como consecuencia del incremento poblacional, la falta de reformas, la insuficiencia presupuestaria y la incompetencia del Ministerio a la hora de planificar los recursos humanos y retener el talento. Particularmente sangrante es el caso de la primaria. Mientras la anestesista alardea de no se sabe qué, solo un 21% de los pacientes consigue cita en 24-48 horas. Con precisión de cirujano, el CIS retrata la degradación de otro servicio público en la era sanchista, como sucede con los transportes o la dependencia.
La percepción de que la Sanidad funciona mal ha pasado del 4,4% al 20,3% desde 2018
El último barómetro sanitario del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) arroja resultados inquietantes sobre la evolución del Sistema Nacional de Salud, pero si se comparan con los que ofreció este mismo estudio en 2018, cuando Pedro Sánchez llegó al poder, el balance es simplemente aterrador. En estos más de ocho años de Gobierno socialcomunista, la percepción de que la Sanidad funciona mal ha pasado del 4,4% al 20,3%, lo que equivale a decir que esa visión negativa se ha multiplicado por cinco.En este tiempo, la percepción de que funciona bastante bien ha caído un 8,6%, y el porcentaje de personas que no pueden permitirse pagar los medicamentos ha pasado del 3,8% al 8,1%, algo acorde con el empobrecimiento de la población tras años de masacre fiscal y de incrementos disparatados de los precios.Las listas de espera, uno de los indicadores que mejor sirven para medir la salud de un sistema sanitario, también son fuente de preocupación entre la población protegida, que ahora es toda por mor de la universalidad extendida por Sánchez y Mónica García para arañar votos. El 81% de los ciudadanos cree, de hecho, que han empeorado o se mantienen igual, lo que coincide con el incremento generalizado de enfermos que aguardan para pasar por el quirófano como consecuencia del incremento poblacional, la falta de reformas, la insuficiencia presupuestaria y la incompetencia del Ministerio a la hora de planificar los recursos humanos y retener el talento. Particularmente sangrante es el caso de la primaria. Mientras la anestesista alardea de no se sabe qué, solo un 21% de los pacientes consigue cita en 24-48 horas. Con precisión de cirujano, el CIS retrata la degradación de otro servicio público en la era sanchista, como sucede con los transportes o la dependencia.
