Normalmente, para una persona jubilada, poder mantener su calidad de vida significa ahorrar dinero, ya sea buscando tiendas más baratas o buscando ofertas. Aun así, incluso acudiendo a tiendas más lejanas para poder comprar productos rebajados y ahorrar algo de dinero. Debido al aumento de precios existente, muchas personas han empezado a caer en el «cansancio del ahorro» e incluso han cambiado sus hábitos de ahorro originales.
En plena época de inflación, el caso de las personas mayores con pensiones hace que sientan una mayor preocupación. Según una encuesta realizada, uno de los principales motivos que más les genera ansiedad es el continuo aumento de los precios, con un 74,5%, superando de manera aplastante el resto de opciones y volviéndose el mayor quebradero de cabeza para las personas de la tercera edad.
Cuando ahorrar deja de compensar
Una mujer japonesa de 75 años llamada Yoshiko (seudónimo), es viuda y vive sola en una casa unifamiliar ya hipotecada por el fallecimiento de su marido. La renta vitalicia que recibe cada mes es de 110.000 yenes, que, cambiado al euro, son unos 594,66 euros. Esta es su única fuente de ingresos.
Durante muchos años de su vida ha intentado siempre mantener los gastos en alimentos o cosas de primera necesidad lo más bajo posible. Diariamente compara diferentes folletos de supermercados e incluso va a supermercados que están lejos de su casa, aunque no esté en las mejores condiciones para hacerlo.
Durante el 2026, el precio de los alimentos ha seguido creciendo, por lo que el estilo de vida de Yoshiko cambió. Por muchos largos recorridos que hiciera para ir a las tiendas baratas, el precio final seguía siendo más alto que antes. Ante esta oleada de subida de precios constante, ella empezó a dudar de si sus esfuerzos habían sido en vano.
«Por mucho que intente ir al supermercado más barato, al final no ahorro mucho. Intentar ahorrar unas pocas decenas de yenes solo me deja con una sensación de vacío«, afirmó frustrada. Desanimada y con cada año que pasa más débil físicamente, Yoshiko empezó a comprar en tiendas de conveniencia que estaban a apenas minutos de su domicilio.
El coste físico de hacer la compra
Comprar en una tienda cerca de tu casa no solo te ahorra largos trayectos con bolsas cargadas, sino que hace que se reduzca considerablemente la fatiga física. El único inconveniente es que comprar productos como una simple barra de pan o un brick de leche puede llegar a costar casi el doble que si lo compraras en un supermercado.
Yoshiko frecuentaba estas tiendas porque pensó que ahorrar dinero era algo inútil, pero cuando veía que su dinero bajaba estaba cada vez más triste por estar malgastándolo.
Sin embargo, el hecho de tener que cargar bolsas pesadas desde tan lejos era algo físicamente agotador para ella.
De lo que se había dado cuenta es que antes su único objetivo era ahorrar dinero, mientras que ahora puede disfrutar más de su vida. A día de hoy, ir de compras no es algo que espere con ilusión, sino que se convirtió en una rutina dolorosa en la que busca andar cada vez menos.
Cada vez que suben los precios, la fuerza va bajando, por lo que aceptar la inflación reduciendo los gastos no solo es inviable, sino que provoca una fatiga por exceso de ahorro. Los expertos recomiendan que las personas mayores reevalúen su estructura de gastos y aprovechar recursos como el servicio de entrega de comidas a domicilio, la entrega de supermercados, las compras online y los descuentos para socios, reservando su limitada fuerza física para los aspectos verdaderamente importantes de la vida.
Normalmente, para una persona jubilada, poder mantener su calidad de vida significa ahorrar dinero, ya sea buscando tiendas más baratas o buscando ofertas. Aun así, incluso acudiendo a tiendas más lejanas para poder comprar productos rebajados y ahorrar algo de dinero. Debido al aumento de precios existente, muchas personas han empezado a caer en el «cansancio del ahorro» e incluso han cambiado sus hábitos de ahorro originales. En plena época de inflación, el caso de las personas mayores con pensiones hace que sientan una mayor preocupación. Según una encuesta realizada, uno de los principales motivos que más les genera ansiedad es el continuo aumento de los precios, con un 74,5%, superando de manera aplastante el resto de opciones y volviéndose el mayor quebradero de cabeza para las personas de la tercera edad. Cuando ahorrar deja de compensar Una mujer japonesa de 75 años llamada Yoshiko (seudónimo), es viuda y vive sola en una casa unifamiliar ya hipotecada por el fallecimiento de su marido. La renta vitalicia que recibe cada mes es de 110.000 yenes, que, cambiado al euro, son unos 594,66 euros. Esta es su única fuente de ingresos. Durante muchos años de su vida ha intentado siempre mantener los gastos en alimentos o cosas de primera necesidad lo más bajo posible. Diariamente compara diferentes folletos de supermercados e incluso va a supermercados que están lejos de su casa, aunque no esté en las mejores condiciones para hacerlo. Durante el 2026, el precio de los alimentos ha seguido creciendo, por lo que el estilo de vida de Yoshiko cambió. Por muchos largos recorridos que hiciera para ir a las tiendas baratas, el precio final seguía siendo más alto que antes. Ante esta oleada de subida de precios constante, ella empezó a dudar de si sus esfuerzos habían sido en vano. «Por mucho que intente ir al supermercado más barato, al final no ahorro mucho. Intentar ahorrar unas pocas decenas de yenes solo me deja con una sensación de vacío», afirmó frustrada. Desanimada y con cada año que pasa más débil físicamente, Yoshiko empezó a comprar en tiendas de conveniencia que estaban a apenas minutos de su domicilio. El coste físico de hacer la compra Comprar en una tienda cerca de tu casa no solo te ahorra largos trayectos con bolsas cargadas, sino que hace que se reduzca considerablemente la fatiga física. El único inconveniente es que comprar productos como una simple barra de pan o un brick de leche puede llegar a costar casi el doble que si lo compraras en un supermercado. Yoshiko frecuentaba estas tiendas porque pensó que ahorrar dinero era algo inútil, pero cuando veía que su dinero bajaba estaba cada vez más triste por estar malgastándolo. Sin embargo, el hecho de tener que cargar bolsas pesadas desde tan lejos era algo físicamente agotador para ella. De lo que se había dado cuenta es que antes su único objetivo era ahorrar dinero, mientras que ahora puede disfrutar más de su vida. A día de hoy, ir de com
La escalada del coste de la vida está obligando a muchas personas a replantearse sus hábitos de consumo. El caso de una mujer de 75 años se ha convertido en un ejemplo de cómo la subida de los precios puede cambiar incluso las costumbres más arraigadas
Normalmente, para una persona jubilada, poder mantener su calidad de vida significa ahorrar dinero, ya sea buscando tiendas más baratas o buscando ofertas. Aun así, incluso acudiendo a tiendas más lejanas para poder comprar productos rebajados y ahorrar algo de dinero. Debido al aumento de precios existente, muchas personas han empezado a caer en el «cansancio del ahorro» e incluso han cambiado sus hábitos de ahorro originales.En plena época de inflación, el caso de las personas mayores con pensiones hace que sientan una mayor preocupación. Según una encuesta realizada, uno de los principales motivos que más les genera ansiedad es el continuo aumento de los precios, con un 74,5%, superando de manera aplastante el resto de opciones y volviéndose el mayor quebradero de cabeza para las personas de la tercera edad.Cuando ahorrar deja de compensarUna mujer japonesa de 75 años llamada Yoshiko (seudónimo), es viuda y vive sola en una casa unifamiliar ya hipotecada por el fallecimiento de su marido. La renta vitalicia que recibe cada mes es de 110.000 yenes, que, cambiado al euro, son unos 594,66 euros. Esta es su única fuente de ingresos.Durante muchos años de su vida ha intentado siempre mantener los gastos en alimentos o cosas de primera necesidad lo más bajo posible. Diariamente compara diferentes folletos de supermercados e incluso va a supermercados que están lejos de su casa, aunque no esté en las mejores condiciones para hacerlo.Durante el 2026, el precio de los alimentos ha seguido creciendo, por lo que el estilo de vida de Yoshiko cambió. Por muchos largos recorridos que hiciera para ir a las tiendas baratas, el precio final seguía siendo más alto que antes. Ante esta oleada de subida de precios constante, ella empezó a dudar de si sus esfuerzos habían sido en vano.»Por mucho que intente ir al supermercado más barato, al final no ahorro mucho. Intentar ahorrar unas pocas decenas de yenes solo me deja con una sensación de vacío», afirmó frustrada. Desanimada y con cada año que pasa más débil físicamente, Yoshiko empezó a comprar en tiendas de conveniencia que estaban a apenas minutos de su domicilio.El coste físico de hacer la compraComprar en una tienda cerca de tu casa no solo te ahorra largos trayectos con bolsas cargadas, sino que hace que se reduzca considerablemente la fatiga física. El único inconveniente es que comprar productos como una simple barra de pan o un brick de leche puede llegar a costar casi el doble que si lo compraras en un supermercado.Yoshiko frecuentaba estas tiendas porque pensó que ahorrar dinero era algo inútil, pero cuando veía que su dinero bajaba estaba cada vez más triste por estar malgastándolo.Sin embargo, el hecho de tener que cargar bolsas pesadas desde tan lejos era algo físicamente agotador para ella.De lo que se había dado cuenta es que antes su único objetivo era ahorrar dinero, mientras que ahora puede disfrutar más de su vida. A día de hoy, ir de compras no es
