Hay cosas que uno pensaba que no vería nunca. Teresa Peramato haciéndose la pedicura, por ejemplo. Cuando los periodistas, vaya tropa, entran en el refugio de la intimidad más insulsa, nos damos cuenta de que un personaje se hace humano cuando va a la peluquería y que los pies son una parte de la anatomía humana que no llegó a evolucionar lo suficiente como para hacer de ellos una pieza, digamos, bella, como las manos. Que la fiscal general tiene pies es una obviedad, pero, cuando los ves, las extremidades se convierten en algo extraordinario porque los personajes de esa envergadura se despersonalizan, pero se hacen de carne en estos trances. Es como si viéramos fregar a Isabel Preysler. Ay, mi querida Isabel y sus frágiles pies orientales. Los pies tienen, además, una cadencia fetichista que despierta en sus admiradores un volcán inacabado. Diríase, en este contexto, que hablamos de una escena subida de tono según quien la mire. Para García Berlanga, los pies mostraban el elixir del erotismo. El Museo del Calzado de Elda le debe la vida al director de «La escopeta nacional». Peramato eligió un tono anaranjado para sus uñas, vitamínico, veraniego, de polo, mientras la realidad se avinagra y la sepulta en nimiedades como si se reunió con no sé quién en no sé dónde. Van a entender el culto y el odio a los pies: si Leire se ofreciera a una pedicura en directo, torceríamos el gesto. No pasaría lo mismo si la protagonista de la escena fuera Elsa Pataki, a la que ustedes admirarían encantados. Ya les tengo dicho que eso de la diversidad es una falacia. A Leire le tocó ser una Mata Hari sin cocer, de mirada penetrante por lo extraña. Sus pies no son interesantes. De Peramato, al menos, impone el cargo que ejerce. No pueden tener los mismos pies una fiscal general que una fontanera. Es lo que intenta explicar Peramato, pero es que nadie la entendía. Hasta que fue a hacerse la pedicura un lunes laborable, como cualquier funcionaria, y ya nos ha quedado claro. Hay que tener los pies a punto..
No pueden tener los mismos pies una fiscal general que una fontanera
Hay cosas que uno pensaba que no vería nunca. Teresa Peramato haciéndose la pedicura, por ejemplo. Cuando los periodistas, vaya tropa, entran en el refugio de la intimidad más insulsa, nos damos cuenta de que un personaje se hace humano cuando va a la peluquería y que los pies son una parte de la anatomía humana que no llegó a evolucionar lo suficiente como para hacer de ellos una pieza, digamos, bella, como las manos. Que la fiscal general tiene pies es una obviedad, pero, cuando los ves, las extremidades se convierten en algo extraordinario porque los personajes de esa envergadura se despersonalizan, pero se hacen de carne en estos trances. Es como si viéramos fregar a Isabel Preysler. Ay, mi querida Isabel y sus frágiles pies orientales. Los pies tienen, además, una cadencia fetichista que despierta en sus admiradores un volcán inacabado. Diríase, en este contexto, que hablamos de una escena subida de tono según quien la mire. Para García Berlanga, los pies mostraban el elixir del erotismo. El Museo del Calzado de Elda le debe la vida al director de «La escopeta nacional».Peramato eligió un tono anaranjado para sus uñas, vitamínico, veraniego, de polo, mientras la realidad se avinagra y la sepulta en nimiedades como si se reunió con no sé quién en no sé dónde. Van a entender el culto y el odio a los pies: si Leire se ofreciera a una pedicura en directo, torceríamos el gesto. No pasaría lo mismo si la protagonista de la escena fuera Elsa Pataki, a la que ustedes admirarían encantados. Ya les tengo dicho que eso de la diversidad es una falacia. A Leire le tocó ser una Mata Hari sin cocer, de mirada penetrante por lo extraña. Sus pies no son interesantes. De Peramato, al menos, impone el cargo que ejerce. No pueden tener los mismos pies una fiscal general que una fontanera. Es lo que intenta explicar Peramato, pero es que nadie la entendía. Hasta que fue a hacerse la pedicura un lunes laborable, como cualquier funcionaria, y ya nos ha quedado claro. Hay que tener los pies a punto..
