Manuel Ortiz llevó a su hija al colegio como cualquier otro día. No obstante, más allá de ser miércoles, no todo parecía igual. Sonaban sirenas alrededor de la localidad de Urda, el municipio toledano en el que vive, y se temía que algo malo estaba pasando, pero continúo normal y fue al centro médico. Tenía cita, pero «vio mucho revuelo» y se empezaban a escuchar las primeras informaciones: había ocurrido un accidente de tren.
«Enseguida me vinieron a la cabeza las imágenes de Adamuz, y me temía una catástrofe igual», cuenta a LA RAZÓN el toledano, asegurando que «me temía una catástrofe igual». Inmediatamente, cogió el coche y se dirigió al lugar del accidente. «Llegué a las 9:16, poco después de producirse. Fui de los primeros en llegar a la zona».
Y al llegar, se certificaron sus peores presagios. Poco antes de las nueve de la mañana de este miércoles, un tren de AVE impactó de lleno contra el último vagón de un tren Iryo, el cual permanecía parado en la vía por orden de control de transportes. El restablecimiento de la circulación había llegado al primero, pero en teoría no al segundo. Dos vagones cayeron por el terraplén en el que se encontraban en ese momento, camino a Los Yébenes, siguiente parada a la que no llegaron.
«Un error humano», dicen desde el Gobierno, asegurando que se trataba de un «fallo de comunicación». Mientras, desde el servicio de alta velocidad niegan la interpretación del Ministerio, asegurando que «no había llegado señal ninguna».
Una tragedia mayor que la de Adamuz
Hasta ahora, más de 65 muertos y decenas de heridos, muchos de ellos graves. Otros tantos desaparecidos que podrían estar entre los escombros, o bien en los cuerpos todavía sin identificar. Una tragedia todavía mayor a la de Adamuz, también en este año. Hace solo nueve meses, la localidad cordobesa lamentaba el fallecimiento de 46 personas. Una situación similar, misma línea de tren involucrada con tan solo unos kilómetros de diferencia.
«Sigo en shock, intenté ayudar en lo que pude, socorrer a los heridos. Ojalá alguien se haya podido salvar por mi ayuda». Manuel realizó varios viajes con su coche desde la zona cero del accidente hasta Urda para trasladar a las víctimas. Desde muy temprano, hizo todo lo que pudo durante el día de ayer. «El olor a catástrofe se palpaba en el ambiente, la situación era dantesca».
Como él, muchos vecinos de la localidad de Urda, de unos 2.400 habitantes, acudieron sin pensar a ayudar y hacer «lo que hiciera falta». Entre los vecinos urdeños quizás muchos se conocían, entre víctimas, no. Pero en una tragedia de este calibre, no hay nombres ni apellidos, solo personas a las que salvar su vida.
«Hemos ido todos a una. Somos un pueblo muy solidario. En cuanto me han visto, muchos me han seguido. Yo llegaba con el coche, tiraba del freno de mano y me tiraba de él casi en marcha. En ese momento te da igual todo. Y cada vez empezaba a moverse más gente».
Una de las víctimas era una joven procedente de Cantabria que viajaba en uno de los vagones. Era la última de una larga lista de personas que se socorrió, y consigo llevaba el móvil de una compañera, a la que no fue capaz de encontrar: «Su padre le estaba llamando al móvil, no daba con ella. Ha sido un momento muy duro, ojalá puedan localizarla».
Manuel Ortiz llevó a su hija al colegio como cualquier otro día. No obstante, más allá de ser miércoles, no todo parecía igual. Sonaban sirenas alrededor de la localidad de Urda, el municipio toledano en el que vive, y se temía que algo malo estaba pasando, pero continúo normal y fue al centro médico. Tenía cita, pero «vio mucho revuelo» y se empezaban a escuchar las primeras informaciones: había ocurrido un accidente de tren.. «Enseguida me vinieron a la cabeza las imágenes de Adamuz, y me temía una catástrofe igual», cuenta a LA RAZÓN el toledano, asegurando que «me temía una catástrofe igual». Inmediatamente, cogió el coche y se dirigió al lugar del accidente. «Llegué a las 9:16, poco después de producirse. Fui de los primeros en llegar a la zona».. Y al llegar, se certificaron sus peores presagios. Poco antes de las nueve de la mañana de este miércoles, un tren de AVE impactó de lleno contra el último vagón de un tren Iryo, el cual permanecía parado en la vía por orden de control de transportes. El restablecimiento de la circulación había llegado al primero, pero en teoría no al segundo. Dos vagones cayeron por el terraplén en el que se encontraban en ese momento, camino a Los Yébenes, siguiente parada a la que no llegaron.. «Un error humano», dicen desde el Gobierno, asegurando que se trataba de un «fallo de comunicación». Mientras, desde el servicio de alta velocidad niegan la interpretación del Ministerio, asegurando que «no había llegado señal ninguna».. Una tragedia mayor que la de Adamuz. Hasta ahora, más de 65 muertos y decenas de heridos, muchos de ellos graves. Otros tantos desaparecidos que podrían estar entre los escombros, o bien en los cuerpos todavía sin identificar. Una tragedia todavía mayor a la de Adamuz, también en este año. Hace solo nueve meses, la localidad cordobesa lamentaba el fallecimiento de 46 personas. Una situación similar, misma línea de tren involucrada con tan solo unos kilómetros de diferencia.. «Sigo en shock, intenté ayudar en lo que pude, socorrer a los heridos. Ojalá alguien se haya podido salvar por mi ayuda». Manuel realizó varios viajes con su coche desde la zona cero del accidente hasta Urda para trasladar a las víctimas. Desde muy temprano, hizo todo lo que pudo durante el día de ayer. «El olor a catástrofe se palpaba en el ambiente, la situación era dantesca».. Como él, muchos vecinos de la localidad de Urda, de unos 2.400 habitantes, acudieron sin pensar a ayudar y hacer «lo que hiciera falta». Entre los vecinos urdeños quizás muchos se conocían, entre víctimas, no. Pero en una tragedia de este calibre, no hay nombres ni apellidos, solo personas a las que salvar su vida.. «Hemos ido todos a una. Somos un pueblo muy solidario. En cuanto me han visto, muchos me han seguido. Yo llegaba con el coche, tiraba del freno de mano y me tiraba de él casi en marcha. En ese momento te da igual todo. Y cada vez empezaba a moverse más gente».. Una de las víctimas era una joven procedente de Cantabria que viajaba en uno de los vagones. Era la última de una larga lista de personas que se socorrió, y consigo llevaba el móvil de una compañera, a la que no fue capaz de encontrar: «Su padre le estaba llamando al móvil, no daba con ella. Ha sido un momento muy duro, ojalá puedan localizarla».
Más de 65 muertos y decenas de heridos, muchos de ellos graves, balance hasta ahora de la tragedia en Toledo, tan solo nueve meses después de Adamuz
Manuel Ortiz llevó a su hija al colegio como cualquier otro día. No obstante, más allá de ser miércoles, no todo parecía igual. Sonaban sirenas alrededor de la localidad de Urda, el municipio toledano en el que vive, y se temía que algo malo estaba pasando, pero continúo normal y fue al centro médico. Tenía cita, pero «vio mucho revuelo» y se empezaban a escuchar las primeras informaciones: había ocurrido un accidente de tren.. «Enseguida me vinieron a la cabeza las imágenes de Adamuz, y me temía una catástrofe igual», cuenta a LA RAZÓN el toledano, asegurando que «me temía una catástrofe igual». Inmediatamente, cogió el coche y se dirigió al lugar del accidente. «Llegué a las 9:16, poco después de producirse. Fui de los primeros en llegar a la zona».. Y al llegar, se certificaron sus peores presagios. Poco antes de las nueve de la mañana de este miércoles, un tren de AVE impactó de lleno contra el último vagón de un tren Iryo, el cual permanecía parado en la vía por orden de control de transportes. El restablecimiento de la circulación había llegado al primero, pero en teoría no al segundo. Dos vagones cayeron por el terraplén en el que se encontraban en ese momento, camino a Los Yébenes, siguiente parada a la que no llegaron.. «Un error humano», dicen desde el Gobierno, asegurando que se trataba de un «fallo de comunicación». Mientras, desde el servicio de alta velocidad niegan la interpretación del Ministerio, asegurando que «no había llegado señal ninguna».. Hasta ahora, más de 65 muertos y decenas de heridos, muchos de ellos graves. Otros tantos desaparecidos que podrían estar entre los escombros, o bien en los cuerpos todavía sin identificar. Una tragedia todavía mayor a la de Adamuz, también en este año. Hace solo nueve meses, la localidad cordobesa lamentaba el fallecimiento de 46 personas. Una situación similar, misma línea de tren involucrada con tan solo unos kilómetros de diferencia.. «Sigo en shock, intenté ayudar en lo que pude, socorrer a los heridos. Ojalá alguien se haya podido salvar por mi ayuda». Manuel realizó varios viajes con su coche desde la zona cero del accidente hasta Urda para trasladar a las víctimas. Desde muy temprano, hizo todo lo que pudo durante el día de ayer. «El olor a catástrofe se palpaba en el ambiente, la situación era dantesca».. Como él, muchos vecinos de la localidad de Urda, de unos 2.400 habitantes, acudieron sin pensar a ayudar y hacer «lo que hiciera falta». Entre los vecinos urdeños quizás muchos se conocían, entre víctimas, no. Pero en una tragedia de este calibre, no hay nombres ni apellidos, solo personas a las que salvar su vida.. «Hemos ido todos a una. Somos un pueblo muy solidario. En cuanto me han visto, muchos me han seguido. Yo llegaba con el coche, tiraba del freno de mano y me tiraba de él casi en marcha. En ese momento te da igual todo. Y cada vez empezaba a moverse más gente».. Una de las víctimas era una joven procedente de Cantabria que viajaba en uno de los vagones. Era la última de una larga lista de personas que se socorrió, y consigo llevaba el móvil de una compañera, a la que no fue capaz de encontrar: «Su padre le estaba llamando al móvil, no daba con ella. Ha sido un momento muy duro, ojalá puedan localizarla».
