Carl B. Klockers, profesor de Criminología de la Universidad de Delaware, publicó en 1984 un informe titulado «Mentiras azules y placebos policiales». Analizaba las falsedades que decían los policías para obtener obediencia y resultados sin recurrir a la violencia. La calificación de «azules» aplicada a las mentiras procedía del color azul de los uniformes policiales. Luego, en 2008, Gail D. Heyman –Universidad de San Diego– y Kang Lee –Instituto de Estudios de Educación de Ontario– lideraron un estudio, iniciado entre niños, en el que desarrollaron la psicología de las «mentiras azules», las falsedades que alguien cuenta para beneficiar o proteger a su propio grupo, aunque perjudiquen a quienes quedan fuera de él: por ejemplo, encubrir a un compañero, defender a un partido o tergiversar un hecho para favorecer al propio equipo.. Diego Rubio, jefe de gabinete de Pedro Sánchez y autor de una tesis sobre la «Ética del engaño», a quien ahora culpan en el PSOE del desastre de la gestión de la crisis de Ceuta, conoce sin duda los detalles de los mecanismos y efectos de las «mentiras azules».. Las «mentiras azules» serían una manera de explicar lo inexplicable, en un intento de proteger –en este caso, al Gobierno y al partido– y mantener convencidos a los convencidos. Un asunto diferente es si son y serán efectivas en esta ocasión. Es difícil entender, no obstante, cómo las mentes pensantes de la Moncloa han desclasificado unos documentos que, digan lo que digan, contradicen las versiones gubernamentales sobre la entrada en Ceuta de más de 70.000 personas procedentes de Marruecos. Más estrafalario es lo del delegado del Gobierno en la ciudad, Miguel Ángel Pérez Triano, que no solo ha dicho que nadie le advirtió del asunto, sino que una información de ese tipo se transmite por escrito y en un sobre lacrado. Ni Mortadelo y Filemón.. La cosa era tan burda y tan ridícula que su jefe de gabinete, Gonzalo Sanz, ha dimitido y lo ha señalado como mentiroso, sin que haga falta ponerle color a esa falsedad. La esperpéntica actuación del Gobierno, quizá la más torpe desde que Sánchez está en la Moncloa, alimenta las sospechas de que hay algo que se oculta –hay documentos, claro, que no se han desclasificado–, porque tanta incompetencia es sospechosa y quizá alguien ha decidido ponerse colorado un momento para desviar la atención. Para eso también son muy útiles esos engaños destinados a proteger al grupo –al partido–: esas «mentiras azules», como las calificó por primera vez Carl B. Klockers.
La esperpéntica actuación del Gobierno, quizá la más torpe desde que Sánchez está en la Moncloa, alimenta las sospechas de que hay algo que se oculta
Carl B. Klockers, profesor de Criminología de la Universidad de Delaware, publicó en 1984 un informe titulado «Mentiras azules y placebos policiales». Analizaba las falsedades que decían los policías para obtener obediencia y resultados sin recurrir a la violencia. La calificación de «azules» aplicada a las mentiras procedía del color azul de los uniformes policiales. Luego, en 2008, Gail D. Heyman –Universidad de San Diego– y Kang Lee –Instituto de Estudios de Educación de Ontario– lideraron un estudio, iniciado entre niños, en el que desarrollaron la psicología de las «mentiras azules», las falsedades que alguien cuenta para beneficiar o proteger a su propio grupo, aunque perjudiquen a quienes quedan fuera de él: por ejemplo, encubrir a un compañero, defender a un partido o tergiversar un hecho para favorecer al propio equipo.. Diego Rubio, jefe de gabinete de Pedro Sánchez y autor de una tesis sobre la «Ética del engaño», a quien ahora culpan en el PSOE del desastre de la gestión de la crisis de Ceuta, conoce sin duda los detalles de los mecanismos y efectos de las «mentiras azules».. Las «mentiras azules» serían una manera de explicar lo inexplicable, en un intento de proteger –en este caso, al Gobierno y al partido– y mantener convencidos a los convencidos. Un asunto diferente es si son y serán efectivas en esta ocasión. Es difícil entender, no obstante, cómo las mentes pensantes de la Moncloa han desclasificado unos documentos que, digan lo que digan, contradicen las versiones gubernamentales sobre la entrada en Ceuta de más de 70.000 personas procedentes de Marruecos. Más estrafalario es lo del delegado del Gobierno en la ciudad, Miguel Ángel Pérez Triano, que no solo ha dicho que nadie le advirtió del asunto, sino que una información de ese tipo se transmite por escrito y en un sobre lacrado. Ni Mortadelo y Filemón.. La cosa era tan burda y tan ridícula que su jefe de gabinete, Gonzalo Sanz, ha dimitido y lo ha señalado como mentiroso, sin que haga falta ponerle color a esa falsedad. La esperpéntica actuación del Gobierno, quizá la más torpe desde que Sánchez está en la Moncloa, alimenta las sospechas de que hay algo que se oculta –hay documentos, claro, que no se han desclasificado–, porque tanta incompetencia es sospechosa y quizá alguien ha decidido ponerse colorado un momento para desviar la atención. Para eso también son muy útiles esos engaños destinados a proteger al grupo –al partido–: esas «mentiras azules», como las calificó por primera vez Carl B. Klockers.
