Miles de personas se manifestaron este domingo en Mallorca exigiendo a las administraciones locales, autonómicas y estatales que pongan freno a los turistas que invaden la isla. Me da igual si son los 70.000 que dicen los organizadores y los 25.000 que contabiliza la Policía. El caso es que algunos –muchos ya en algunas partes de España– ven ya a la «gallina de los huevos de oro» como un problema, más que como una solución. El turismo emplea ya a más de tres millones de personas, que suponen casi el 14% de los afiliados a la Seguridad Social de nuestro país. Su impacto en el PIB nacional anda por ahí y 2026 podría ser además el año en el que España supere por primera vez la cifra «mágica»: 100 millones de visitantes extranjeros en un año. Y sin embargo, nunca llueve a gusto de todos y muchos han dicho «basta». Basta a no poder circular como antes por sus calles; basta a no poder ir a esa cala escondida que tanto disfrutaban hace unos años; basta a salir a tomarse una cerveza y pagar una morterada; basta a no encontrar restaurante si no es reservando con semanas de antelación; basta a que los negocios de toda la vida sean reemplazados por cafeterías «de especialidad»; y basta a no poder permitirse una vivienda en su isla. Porque en la isla balear, más de 100.000 viviendas están destinadas a uso turístico y la presión sobre el mercado es asfixiante. De todos esos «peros», el problema de la vivienda es obviamente el más grave. Pero lo que hay que entender es que el asunto no se soluciona de la noche a la mañana echando para atrás a los turistas que vienen a España a atraídos por las incontables maravillas que atesoramos. Se trata, claro, de un problema de oferta y demanda. Y esto puede solventarse por dos vías: reducimos la demanda poniendo trabas a la llegada de turistas y por extensión dejamos sin sustento a muchas familias; o aumentamos la oferta, bien incentivando la construcción privada eliminando trabas y desbloqueando suelo, bien levantando –de verdad, no solo con promesas– vivienda pública. Puede ser que los turistas generen incomodidades en el día a día, pero no hay que olvidar que el año pasado se dejaron aquí la friolera de 135.000 millones de euros. ¿Habría que intentar desmasificar algo el turismo que nos llega, atrayendo a lo mejor a menos visitantes, pero de mayor poder adquisitivo? Por supuesto. Pero eso no quita para que el turismo sea una industria indispensable que da de comer a millones de personas en España, le pese a quien le pese.
El turismo es una industria indispensable que da de comer a millones de personas en España, le pese a quien le pese
Miles de personas se manifestaron este domingo en Mallorca exigiendo a las administraciones locales, autonómicas y estatales que pongan freno a los turistas que invaden la isla. Me da igual si son los 70.000 que dicen los organizadores y los 25.000 que contabiliza la Policía. El caso es que algunos –muchos ya en algunas partes de España– ven ya a la «gallina de los huevos de oro» como un problema, más que como una solución.El turismo emplea ya a más de tres millones de personas, que suponen casi el 14% de los afiliados a la Seguridad Social de nuestro país. Su impacto en el PIB nacional anda por ahí y 2026 podría ser además el año en el que España supere por primera vez la cifra «mágica»: 100 millones de visitantes extranjeros en un año. Y sin embargo, nunca llueve a gusto de todos y muchos han dicho «basta». Basta a no poder circular como antes por sus calles; basta a no poder ir a esa cala escondida que tanto disfrutaban hace unos años; basta a salir a tomarse una cerveza y pagar una morterada; basta a no encontrar restaurante si no es reservando con semanas de antelación; basta a que los negocios de toda la vida sean reemplazados por cafeterías «de especialidad»; y basta a no poder permitirse una vivienda en su isla. Porque en la isla balear, más de 100.000 viviendas están destinadas a uso turístico y la presión sobre el mercado es asfixiante.De todos esos «peros», el problema de la vivienda es obviamente el más grave. Pero lo que hay que entender es que el asunto no se soluciona de la noche a la mañana echando para atrás a los turistas que vienen a España a atraídos por las incontables maravillas que atesoramos. Se trata, claro, de un problema de oferta y demanda. Y esto puede solventarse por dos vías: reducimos la demanda poniendo trabas a la llegada de turistas y por extensión dejamos sin sustento a muchas familias; o aumentamos la oferta, bien incentivando la construcción privada eliminando trabas y desbloqueando suelo, bien levantando –de verdad, no solo con promesas– vivienda pública.Puede ser que los turistas generen incomodidades en el día a día, pero no hay que olvidar que el año pasado se dejaron aquí la friolera de 135.000 millones de euros. ¿Habría que intentar desmasificar algo el turismo que nos llega, atrayendo a lo mejor a menos visitantes, pero de mayor poder adquisitivo? Por supuesto. Pero eso no quita para que el turismo sea una industria indispensable que da de comer a millones de personas en España, le pese a quien le pese.
