Los proveedores de servicios digitales están obligados, por norma europea (artículo 18 de DSA, Digital Services Act) a comunicar hechos delictivos o sospechas de hechos delictivos que se detecten en todas las plataformas. Son delitos que implican una amenaza para la vida o la seguridad de una o varias personas. El suicidio no es considerado un delito, pero sí se reportan todos los anuncios de voluntad suicida que se detectan en las redes. Por ejemplo, un usuario que escribe en Facebook: “Hoy es mi último día”.. Seguir leyendo
Dos grupos de la Unidad Central de Ciberdelincuencia trabajan 24 horas al día: “No somos psicólogos. Brindamos un auxilio urgente en un momento puntual para que nadie se quede desatendido”
Los proveedores de servicios digitales están obligados, por norma europea (artículo 18 de DSA, Digital Services Act) a comunicar hechos delictivos o sospechas de hechos delictivos que se detecten en todas las plataformas. Son delitos que implican una amenaza para la vida o la seguridad de una o varias personas. El suicidio no es considerado un delito, pero sí se reportan todos los anuncios de voluntad suicida que se detectan en las redes. Por ejemplo, un usuario que escribe en Facebook: “Hoy es mi último día”.. “El suicidio no es ni está contemplado como hecho delictivo, pero se reporta y nosotros intervenimos, como servicio humanitario, para identificar a la persona que está detrás de ese anuncio y tratar de prestarle ayuda”, explica Miriam Poza, inspectora jefa de la brigada de investigación tecnológica de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la policía judicial. Dirige dos equipos formados por 15 personas que trabajan 24 horas los 365 días del año.. Cuando reciben un anuncio como el citado antes, se ponen manos a la obra para identificar a la persona que lo ha escrito. Es lo que se conoce como Operación Fin. “Así la bautizamos en 2018 cuando, al ver que el tema de los anuncios de voluntad suicida podía convertirse en una temática recurrente, instauramos un protocolo y una base de actuación”, añade Poza. Ese año recibieron 4 anuncios; en 2021 pasaron a ser 50, y en 2025 alcanzaron los 162. En lo que va de 2026, han contabilizado 119.. Junto a Poza, están sentados en la mesa del complejo policial de Canillas (Madrid), la inspectora Virginia y el inspector Óscar (prefieren no dar sus apellidos), que desde hace años trabajan para localizar a las personas que están detrás de un post en Facebook, Instagram, X, Tik Tok o cualquier otra red social. En estos 8 años, han atendido 541 casos y no han llegado a tiempo solo en dos. Lo cuenta Óscar: “En un caso, no se pudo hacer nada porque la persona había programado la publicación; ya había fallecido cuando se publicó y cuando llegamos nosotros. En el otro caso, se trataba de una persona que llevaba una vida errante, iba cambiando de alojamiento casi a diario y conseguimos llegar al que había dormido el día anterior. Al dirigirnos al siguiente, el suicidio ya se había materializado”.. En España, según los datos más recientes disponibles, murieron por suicidio 3.953 personas en 2024; el año anterior, la cifra fue 4.116. El suicidio es, según la OMS, un problema de salud pública que no depende de una sola causa, sino en el que influyen múltiples factores: sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales. La persona que se suicida no quiere acabar con su vida, sino con el sufrimiento que padece.. La inspectora Virginia subraya algo que considera fundamental: “Nosotros no somos psicólogos, ni pretendemos serlo, no estamos capacitados para eso. Somos policías, investigadores expertos en identificación de usuarios y perfiles en redes. Lo que hacemos en estos casos es identificar en el menor tiempo posible a la persona que ha dejado un aviso de voluntad suicida para llegar a él y ofrecerle un auxilio urgente no terapéutico”. Y añade: “Lo que hacemos es revertir una situación de emergencia en ese momento. Tendemos la mano en un momento puntual para que la persona no se quede desatendida, para que esté asistida y acompañada. Nuestra función acaba ahí, no hacemos seguimiento posterior, de eso se encargan los profesionales”. En ese momento puntual, explican los dos inspectores, se envía un dispositivo policial, un Samur Social o una ambulancia si han podido conversar telefónicamente con la persona y detectan alguna situación delicada.. Los datos que manejan permiten definir el perfil que hay detrás de los anuncios: un 60% son hombres y un 40%, mujeres. En cuanto a las edades: un 65% son mayores de edad y un 35% menores.. La inspectora Virginia explica cómo trabajan para localizar a la persona que está detrás de un anuncio de voluntad suicida. “Si nos alerta algún ciudadano y nos envía un post, miramos los datos asociados a esa cuenta, que normalmente son una dirección de correo o un teléfono. Pueden ser verdaderos o falsos y el nombre de usuario puede ser real o no. Monitorizamos todo para encontrarlo: redes, amigos, familiares en las redes, miramos rutinas, bases de datos policiales y no policiales, cruzamos 100.000 datos hasta conseguir dar con una persona”. Y añade: “Si conseguimos un teléfono y podemos llamar a la propia persona, alguien de su familia o amigos, maravilloso. Que no, intentamos buscar una dirección, enviamos un coche para verificarlo con la policía local”.. El inspector Óscar cuenta cómo gestionan la urgencia ante un aviso que podría acabar con la vida de una persona. “En todos los anuncios que recibimos existe un 100% de riesgo de que se quite la vida. Nosotros no valoramos si puede hacerlo o no; lo que hacemos, ante la mínima duda, es comisionar un indicativo policial que se convierte en intervención en vía pública o en un domicilio”. En el caso de menores, explica el inspector Óscar, siempre se ponen en contacto con los padres. “Si desconocen la situación, muchos se ponen a la defensiva y te dicen: ‘¿Mi hijo? Imposible’. Les haces ver que ojalá no. ‘Pero, ¿y si sí?, ¿estás dispuesto a correr un riesgo tan elevado? ¿No será más interesante que te contemos lo que ha pasado?» En otros casos, apunta, ya ha habido intentos previos o están con algún tipo de tratamiento. ”Y ahí nos dicen: “Pensaba que estaba mejor, gracias por avisarnos”.. A algunos a los que han prestado ese auxilio urgente, les han llamado después para agradecérselo. Citan el caso de un profesor que había expresado la voluntad de quitarse la vida. “Se aficionó a las criptomonedas y aconsejó inversiones a familiares y amigos y cuando eso pegó un bajón, no sabía cómo explicarles que les había arruinado. Le identificamos, localizamos, hablamos con él y con la mujer que no tenía ni idea de nada. Al tiempo nos llamó para decirnos que gracias a nuestra intervención había recibido la ayuda y el apoyo necesarios y estaban saliendo adelante”.. Los avisos llegan a veces a través de ciudadanos normales a los que les salta algún post en redes y otros, la mayoría, de las mencionadas plataformas digitales. En este último caso, un algoritmo detecta avisos por palabras clave. Lo explica Poza: “Pero no tiene emoción, sólo capta palabras. Los inspectores son los que se encargan de filtrar si es efectivamente un anuncio o no. Lo revisamos todo, se comprueba absolutamente todo, se trabaja a contrarreloj con equipos que están las 24 horas del día. Por eso apelamos a un uso razonable de las redes, a cuidar el lenguaje, a no hacer bromas con esto. El año pasado nos llegó un aviso de un usuario que con una foto en la que el reloj del coche marcaba las 9 de la mañana y 40 grados de temperatura y una frase: ‘Me pego un tiro’. Ante cualquier aviso se pone en marcha un dispositivo para comprobarlo todo que implica trabajo y desplazamientos de muchas personas. Es importante hacer un uso responsable de las redes”.. Si necesita ayuda, tiene pensamientos o ideaciones suicidas puede llamar al 024; al teléfono de la Esperanza (717 003 717) o escribir por WhatsApp al 666 640 665. También ofrece asistencia la Fundación ANAR (900 20 20 10).
