Cada verano (y ya van 10), allá a lo lejos, alrededor de una de las boyas de la playa de Sant Sebastià, la que se encuentra justo frente al Club Natació Atlètic-Barceloneta (CNAB), se forma un revuelo importante. Desde la orilla, a unos 170 metros, pocos reparan en ello. Podrían ser gaviotas batallando por un despojo presuntamente alimenticio de una embarcación, o un banco de peces desaforados, o una erupción submarina. Pero no. Son un grupo de pirados geniales que quedan mar adentro para jugar a poloboya.. Seguir leyendo
Cada verano (y ya van 10), allá a lo lejos, alrededor de una de las boyas de la playa de Sant Sebastià, la que se encuentra justo frente al Club Natació Atlètic-Barceloneta (CNAB), se forma un revuelo importante. Desde la orilla, a unos 170 metros, pocos reparan en ello. Podrían ser gaviotas batallando por un despojo presuntamente alimenticio de una embarcación, o un banco de peces desaforados, o una erupción submarina. Pero no. Son un grupo de pirados geniales que quedan mar adentro para jugar a poloboya.. ¿Polo qué? Poloboya, un deporte inventado en 2017 por este grupo locos por el mar y por el waterpolo y que enfrenta a dos equipos, uno que ataca, otro que defiende, que tienen que palmear la bola contra la boya después de encadenar, como mínimo, tres pases. No se contabilizan los goles, pero el palmeo de cabeza, vale doble. Pocas reglas más que no sean las ganas de pasárselo bien y hacer deporte. “El nivel no importa. Para nada. Se trata de pasar un buen rato”, dice David, uno de los pioneros, por si no queda claro con el lema del grupo: “Si flotes, vine, que riurem” (’si flotas, ven, que echaremos unas risas’).. Si flotas, ven, que echaremos unas risas», es el lema de este deporte. Pero la cosa no empezó con unas risas. Manel, que se había apuntado al curso de iniciación al waterpolo del CNAB, no tocaba bola. “¡No me la pasaban!”, recuerda, con humor. “Las habilidades que había desarrollado haciendo kite, surf, triatlón, esquí, maratón o skate en el waterpolo no servían de nada”. Así que en verano, cuando acabó el curso, se compró una pelota y nadó hasta la boya cada día a practicar. “La boya era mi compañera de entrenamiento: siempre estaba ahí, no se quejaba nunca y, sobre todo: casi siempre me devolvía la pelota”.. La soledad de náufrago -con su amigo Wilson…- de Manel duró poco. El tiempo que tardó David en dejarse caer por ahí. Ya eran dos.“Un día apareció Joana. Y luego, Carlos. Y un montón de gente que, poco a poco, fue formando parte de esta aventura”, explica Manel.. Jugadores de poloboya en la Barceloneta 2026 en una foto cedida.. “Una de las primeras veces que nos echábamos al mar la bola fue a parar al lado de unas chicas que rondaban por ahí”, recuerda David. “Antes de devolvérnosla se la pasaron entre ellas… Y se vinieron a la boya a jugar. ¡Joder! Qué nivelazo…! Eran de una selección californiana de waterpolo que participaba en el mundial sub-18 que se jugaba en Barcelona″. Manel, esta vez con David, volvió a los tiempos en que no rascaba bola…. Pero realmente, el nivel de los jugadores o jugadoras no importa. El poloboya es inclusivo: hay gente que ha jugado a waterpolo de joven, hay jóvenes que juegan, y no tan jóvenes, hombres y mujeres; y es también cosmopolita: hay participantes de hasta nueve nacionalidades (siendo la Barceloneta, no podía ser de otra manera). “Cualquiera [que flote…] puede jugar, aunque nunca haya cogido una pelota con una sola mano en el agua», insisten. Y algún jugador del Atlètic-Barceloneta -actual campeón de la Champions League de waterpolo, palabras mayores…- se ha escapado más de una vez y ha sentado cátedra. Un lujo: es como si uno baja al parque con una pelota de fútbol y se pone a hacer toques con Messi. O con Javi Puado.. Han jugado partidos de poloboya a la luz de la luna llena y al amanecer. Cualquiera puede convocar una quedada entre el más de centenar de apuntados al correspondiente chat. Si confirman un mínimo de seis, hay partido. “Si somos más, pues jugamos cinco contra cinco, o seis contra seis, o se hacen tres equipos”, apunta David. Y desde el club, sobre la misma playa, 10, 12 o 18 tipos y tipas o más, con sus gorros de waterpolo azules o rojos (hay más: bañadores de hombre y de mujer, camisetas… todo un merchandising con el logo de Poloboia), hacen zigzag entre la gente que toma el sol, se lanzan al agua y, pasándose la pelota, llegan hasta la boya y empiezan a divertirse.. Una jugadora de poloboya en el fondo del mar en una foto cedida por @poloboia.. Alguna vez han jugado a escondidas: nadie los vio cuando jugaron con nocturnidad, a la luz de la luna llena. Y muy pocos cuando jugaron al amanecer. El único testimonio está en la apabullante cuenta de instagram, @poloboiala. Son maneras diferentes de disfrutar del mar. Igual que el día -bastante frecuente- en que el agua, en plena Barcelona, está más transparente que en la Costa Brava y uno se distrae admirando el fondo del mar, los peces…. Cuando sí que habrá ajetreo en la mismísima playa será el próximo 20 de septiembre, con la celebración de la 10ª edición del, atención, Poloboia World Championship, con el patrocinio de El vaso de oro, mítico bar del barrio que colabora con la causa desde el minuto cero de esta historia. ¡Se trata de hacer barrio, que esto es la Barceloneta!
Desde hace 10 años un grupo de pirados geniales nadan desde la playa hasta la boya: juegan a un deporte genuino, original de la Barceloneta y abierto a todo el mundo
