A pesar de la falsa euforia que se intentó transmitir en el Gran Consejo del Sanchismo, la realidad es que Sánchez tiene menos opciones para repetir como presidente que mi perra Lolita. Es una opción tan inverosímil que resulta disparatada. Otra cosa es que escuchándole me doy cuenta de que el teatro español perdió un actor, aunque es cierto que también lo intentó, aunque con escasa fortuna, Óscar Puente. Tras comprobar que no era lo suyo intentó ser abogado, pero tampoco le acompañó el éxito profesional. Es cierto que insiste en que es jurista; al menos ahora reconoce que nunca dijo que era bueno. Esta en la dirección acertada y tiene que trabajar la humildad y la autocrítica. Con tiempo quizá consigamos que sea una persona educada y abandone esa obsesión por ser influencer. Los últimos meses del sanchismo serán agónicos, porque la agenda judicial es aterradora y se ha quedado en minoría en el Congreso. Los dirigentes de Junts son más listos que los del PNV y han decidido alejarse de un presidente tóxico políticamente como es Sánchez. En cambio, el escenario en el País Vasco favorece, desgraciadamente, a Bildu. La cuestión es que todos los miembros del Gran Consejo están pensando en el desastre de las elecciones municipales y autonómicas y la necesidad de situarse en las listas para sobrevivir. Otro aspecto fundamental es la sucesión. Es cierto que Sánchez se quiere suceder a sí mismo, pero todo dependerá de la magnitud del desastre en las generales. Los mercenarios más destacados están mirando su silla, aunque cabe descartar a María Jesús Montero y Pilar Alegría. No hay nada mejor que unas elecciones a tiempo para poner a todo el mundo en su sitio. En el momento en que pierdan el poder se acaba la agencia de colocación y los que le aplaudían el pasado sábado reclamarán su dimisión. Óscar López, Antonio Hernando y Patxi López, entre otros, ya lo apuñalaron en su día y es normal que repitan. Otra cosa es Puente que tiene la estrategia de complacer al líder y su mujer mientras ejerce de bocazas oficial del régimen. No es un buen jurista, en breve reconocerá que es solo abogado, pero es un político hábil y sin escrúpulos. Eso le sitúa muy bien en la sucesión. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«No es un buen jurista, pero es un político hábil y sin escrúpulos. Eso le sitúa muy bien en la sucesión»
A pesar de la falsa euforia que se intentó transmitir en el Gran Consejo del Sanchismo, la realidad es que Sánchez tiene menos opciones para repetir como presidente que mi perra Lolita. Es una opción tan inverosímil que resulta disparatada. Otra cosa es que escuchándole me doy cuenta de que el teatro español perdió un actor, aunque es cierto que también lo intentó, aunque con escasa fortuna, Óscar Puente. Tras comprobar que no era lo suyo intentó ser abogado, pero tampoco le acompañó el éxito profesional. Es cierto que insiste en que es jurista; al menos ahora reconoce que nunca dijo que era bueno. Esta en la dirección acertada y tiene que trabajar la humildad y la autocrítica. Con tiempo quizá consigamos que sea una persona educada y abandone esa obsesión por ser influencer. Los últimos meses del sanchismo serán agónicos, porque la agenda judicial es aterradora y se ha quedado en minoría en el Congreso. Los dirigentes de Junts son más listos que los del PNV y han decidido alejarse de un presidente tóxico políticamente como es Sánchez. En cambio, el escenario en el País Vasco favorece, desgraciadamente, a Bildu. La cuestión es que todos los miembros del Gran Consejo están pensando en el desastre de las elecciones municipales y autonómicas y la necesidad de situarse en las listas para sobrevivir. Otro aspecto fundamental es la sucesión. Es cierto que Sánchez se quiere suceder a sí mismo, pero todo dependerá de la magnitud del desastre en las generales. Los mercenarios más destacados están mirando su silla, aunque cabe descartar a María Jesús Montero y Pilar Alegría. No hay nada mejor que unas elecciones a tiempo para poner a todo el mundo en su sitio. En el momento en que pierdan el poder se acaba la agencia de colocación y los que le aplaudían el pasado sábado reclamarán su dimisión. Óscar López, Antonio Hernando y Patxi López, entre otros, ya lo apuñalaron en su día y es normal que repitan. Otra cosa es Puente que tiene la estrategia de complacer al líder y su mujer mientras ejerce de bocazas oficial del régimen. No es un buen jurista, en breve reconocerá que es solo abogado, pero es un político hábil y sin escrúpulos. Eso le sitúa muy bien en la sucesión.Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
