La pobreza en España ha disminuido respecto a los años más duros, pero sigue afectando de forma especialmente intensa a dos colectivos: la infancia y la juventud. Tras la recuperación económica de los últimos años, los indicadores generales muestran una mejora de la situación social, pero detrás de
las cifras agregadas persisten importantes focos de vulnerabilidad que condicionan las oportunidades de millones de personas.
Uno de los datos más preocupantes es la elevada incidencia de la pobreza entre los menores de edad. Según explica Olga Cantó, catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alcalá y de la UNED, «tenemos tasas de pobreza de infancia y de juventud que son las más altas» y una de las principales razones es que España mantiene «un gasto en ayudas a la familia muy, muy limitado» en comparación con otros países europeos.
La experta señala que la pobreza infantil no responde únicamente a los ciclos económicos. Aunque el empleo haya mejorado y la economía crezca, las familias con hijos siguen encontrando dificultades para salir de situaciones de vulnerabilidad. «No tenemos políticas familiares que hagan que los de cero a dieciocho años tengan una buena situación», afirma. A diferencia de España, países como Alemania, Francia o Polonia cuentan con sistemas de prestaciones universales por hijo a cargo que contribuyen a reducir significativamente las tasas de pobreza infantil.
Además, la naturaleza de la pobreza ha cambiado. Si en décadas anteriores muchas situaciones de dificultad económica eran transitorias, hoy existe una mayor cronificación. Cantó recuerda que la tasa de pobreza infantil ya superaba el 20% a finales de los años noventa, pero advierte de que actualmente el problema es más grave porque «dura mucho más tiempo». Esta permanencia en situaciones de privación tiene consecuencias directas sobre la salud, la educación y las oportunidades futuras.
Los costes sociales y económicos son enormes. Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra y la propia Olga Cantó estima que la pobreza infantil supone para España un coste equivalente a cinco puntos del PIB cada año, alrededor de 63.000 millones de euros anuales. El análisis evalua factores como la pérdida de ingresos futuros, el impacto sobre la empleabilidad y los efectos sobre la salud física y mental. «Y claro, el coste real es mucho más alto», subraya la economista.
La juventud constituye el otro gran foco de vulnerabilidad. Aunque el desempleo juvenil se ha reducido respecto a los niveles alcanzados tras la crisis financiera, el acceso a la emancipación se ha convertido en uno de los principales obstáculos para toda una generación. La combinación de salarios moderados, empleo precario y encarecimiento de la vivienda está retrasando cada vez más la salida del hogar familiar.
«El hecho de no poder emanciparse, que es lo que está pasando a toda una generación, va a tener un efecto aún peor», advierte Cantó. Según datos analizados por Olga Cantó, junto a los investigadores Luis Ayala, Carolina Navarro, Rosa Martínez y Marina Romaguera, de la Universidad de Alcalá y la Uned, en colaboración con el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”», más del 40% de los jóvenes emancipados destina más del 30% de sus ingresos al pago de la vivienda, un nivel que los expertos consideran de sobrecarga financiera.
Al mismo tiempo, miles de jóvenes ni siquiera llegan a emanciparse porque no pueden asumir esos costes.
Las consecuencias trascienden el ámbito económico. La falta de recursos limita el acceso a formación complementaria, idiomas, actividades educativas o herramientas que mejoran la futura empleabilidad. Cantó recuerda que actualmente «el 40% más rico sí está apoyando a sus hijos en todo tipo de formación adicional, mientras que el otro 60% no lo está haciendo» por falta de capacidad económica. En
una economía que demanda cada vez más cualificación, estas diferencias
pueden consolidar desigualdades durante décadas.
Para revertir esta situación, la experta apunta en tres direcciones: reforzar las prestaciones dirigidas a las familias, combatir la segregación educativa y desarrollar políticas de vivienda que faciliten la emancipación. «No podremos reducir la pobreza infantil si no hacemos eso», concluye.
La fuerza de las oportunidades
En este contexto, la actuación de entidades sociales resulta fundamental para ampliar las oportunidades de quienes parten de situaciones más desfavorables. Cada año, más de 140.000 niños, adolescentes y jóvenes reciben apoyo a través de los programas sociales de la Fundación ”la Caixa”, orientados al acompañamiento socioeducativo, la inclusión y el acceso al empleo.
La entidad, que destina este 2026 más de 700 millones de euros a la transformación social, busca actuar sobre las causas profundas de la desigualdad y contribuira romper de la pobreza. Desde hace más de 120 años, la Fundación ”la Caixa” mantiene un firme compromiso con las personas, especialmente con aquellas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Su historia se remonta a principios del siglo XX, con la creación de «la Caixa» impulsada por Francesc Moragas, y continúa hoy con la Fundación ”la Caixa”, presidida por Isidro Fainé.
La pobreza en España ha disminuido respecto a los años más duros, pero sigue afectando de forma especialmente intensa a dos colectivos: la infancia y la juventud. Tras la recuperación económica de los últimos años, los indicadores generales muestran una mejora de la situación social, pero detrás de. las cifras agregadas persisten importantes focos de vulnerabilidad que condicionan las oportunidades de millones de personas.. Uno de los datos más preocupantes es la elevada incidencia de la pobreza entre los menores de edad. Según explica Olga Cantó, catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alcalá y de la UNED, «tenemos tasas de pobreza de infancia y de juventud que son las más altas» y una de las principales razones es que España mantiene «un gasto en ayudas a la familia muy, muy limitado» en comparación con otros países europeos.. La experta señala que la pobreza infantil no responde únicamente a los ciclos económicos. Aunque el empleo haya mejorado y la economía crezca, las familias con hijos siguen encontrando dificultades para salir de situaciones de vulnerabilidad. «No tenemos políticas familiares que hagan que los de cero a dieciocho años tengan una buena situación», afirma. A diferencia de España, países como Alemania, Francia o Polonia cuentan con sistemas de prestaciones universales por hijo a cargo que contribuyen a reducir significativamente las tasas de pobreza infantil.. Además, la naturaleza de la pobreza ha cambiado. Si en décadas anteriores muchas situaciones de dificultad económica eran transitorias, hoy existe una mayor cronificación. Cantó recuerda que la tasa de pobreza infantil ya superaba el 20% a finales de los años noventa, pero advierte de que actualmente el problema es más grave porque «dura mucho más tiempo». Esta permanencia en situaciones de privación tiene consecuencias directas sobre la salud, la educación y las oportunidades futuras.. Los costes sociales y económicos son enormes. Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra y la propia Olga Cantó estima que la pobreza infantil supone para España un coste equivalente a cinco puntos del PIB cada año, alrededor de 63.000 millones de euros anuales. El análisis evalua factores como la pérdida de ingresos futuros, el impacto sobre la empleabilidad y los efectos sobre la salud física y mental. «Y claro, el coste real es mucho más alto», subraya la economista.. La juventud constituye el otro gran foco de vulnerabilidad. Aunque el desempleo juvenil se ha reducido respecto a los niveles alcanzados tras la crisis financiera, el acceso a la emancipación se ha convertido en uno de los principales obstáculos para toda una generación. La combinación de salarios moderados, empleo precario y encarecimiento de la vivienda está retrasando cada vez más la salida del hogar familiar.. «El hecho de no poder emanciparse, que es lo que está pasando a toda una generación, va a tener un efecto aún peor», advierte Cantó. Según datos analizados por Olga Cantó, junto a los investigadores Luis Ayala, Carolina Navarro, Rosa Martínez y Marina Romaguera, de la Universidad de Alcalá y la Uned, en colaboración con el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”», más del 40% de los jóvenes emancipados destina más del 30% de sus ingresos al pago de la vivienda, un nivel que los expertos consideran de sobrecarga financiera.. Al mismo tiempo, miles de jóvenes ni siquiera llegan a emanciparse porque no pueden asumir esos costes.. Las consecuencias trascienden el ámbito económico. La falta de recursos limita el acceso a formación complementaria, idiomas, actividades educativas o herramientas que mejoran la futura empleabilidad. Cantó recuerda que actualmente «el 40% más rico sí está apoyando a sus hijos en todo tipo de formación adicional, mientras que el otro 60% no lo está haciendo» por falta de capacidad económica. En. una economía que demanda cada vez más cualificación, estas diferencias. pueden consolidar desigualdades durante décadas.. Para revertir esta situación, la experta apunta en tres direcciones: reforzar las prestaciones dirigidas a las familias, combatir la segregación educativa y desarrollar políticas de vivienda que faciliten la emancipación. «No podremos reducir la pobreza infantil si no hacemos eso», concluye.. La fuerza de las oportunidades. En este contexto, la actuación de entidades sociales resulta fundamental para ampliar las oportunidades de quienes parten de situaciones más desfavorables. Cada año, más de 140.000 niños, adolescentes y jóvenes reciben apoyo a través de los programas sociales de la Fundación ”la Caixa”, orientados al acompañamiento socioeducativo, la inclusión y el acceso al empleo.. La entidad, que destina este 2026 más de 700 millones de euros a la transformación social, busca actuar sobre las causas profundas de la desigualdad y contribuira romper de la pobreza. Desde hace más de 120 años, la Fundación ”la Caixa” mantiene un firme compromiso con las personas, especialmente con aquellas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Su historia se remonta a principios del siglo XX, con la creación de «la Caixa» impulsada por Francesc Moragas, y continúa hoy con la Fundación ”la Caixa”, presidida por Isidro Fainé.
Uno de cada tres niños en España se encuentra en riesgo de pobreza y uno de cada cuatro jóvenes no encuentra empleo
La pobreza en España ha disminuido respecto a los años más duros, pero sigue afectando de forma especialmente intensa a dos colectivos: la infancia y la juventud. Tras la recuperación económica de los últimos años, los indicadores generales muestran una mejora de la situación social, pero detrás de. las cifras agregadas persisten importantes focos de vulnerabilidad que condicionan las oportunidades de millones de personas.. Uno de los datos más preocupantes es la elevada incidencia de la pobreza entre los menores de edad. Según explica Olga Cantó, catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alcalá y de la UNED, «tenemos tasas de pobreza de infancia y de juventud que son las más altas» y una de las principales razones es que España mantiene «un gasto en ayudas a la familia muy, muy limitado» en comparación con otros países europeos.. La experta señala que la pobreza infantil no responde únicamente a los ciclos económicos. Aunque el empleo haya mejorado y la economía crezca, las familias con hijos siguen encontrando dificultades para salir de situaciones de vulnerabilidad. «No tenemos políticas familiares que hagan que los de cero a dieciocho años tengan una buena situación», afirma. A diferencia de España, países como Alemania, Francia o Polonia cuentan con sistemas de prestaciones universales por hijo a cargo que contribuyen a reducir significativamente las tasas de pobreza infantil.. Además, la naturaleza de la pobreza ha cambiado. Si en décadas anteriores muchas situaciones de dificultad económica eran transitorias, hoy existe una mayor cronificación. Cantó recuerda que la tasa de pobreza infantil ya superaba el 20% a finales de los años noventa, pero advierte de que actualmente el problema es más grave porque «dura mucho más tiempo». Esta permanencia en situaciones de privación tiene consecuencias directas sobre la salud, la educación y las oportunidades futuras.. Los costes sociales y económicos son enormes. Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra y la propia Olga Cantó estima que la pobreza infantil supone para España un coste equivalente a cinco puntos del PIB cada año, alrededor de 63.000 millones de euros anuales. El análisis evalua factores como la pérdida de ingresos futuros, el impacto sobre la empleabilidad y los efectos sobre la salud física y mental. «Y claro, el coste real es mucho más alto», subraya la economista.. La juventud constituye el otro gran foco de vulnerabilidad. Aunque el desempleo juvenil se ha reducido respecto a los niveles alcanzados tras la crisis financiera, el acceso a la emancipación se ha convertido en uno de los principales obstáculos para toda una generación. La combinación de salarios moderados, empleo precario y encarecimiento de la vivienda está retrasando cada vez más la salida del hogar familiar.. «El hecho de no poder emanciparse, que es lo que está pasando a toda una generación, va a tener un efecto aún peor», advierte Cantó. Según datos analizados por Olga Cantó, junto a los investigadores Luis Ayala, Carolina Navarro, Rosa Martínez y Marina Romaguera, de la Universidad de Alcalá y la Uned, en colaboración con el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”», más del 40% de los jóvenes emancipados destina más del 30% de sus ingresos al pago de la vivienda, un nivel que los expertos consideran de sobrecarga financiera.. Al mismo tiempo, miles de jóvenes ni siquiera llegan a emanciparse porque no pueden asumir esos costes.. Las consecuencias trascienden el ámbito económico. La falta de recursos limita el acceso a formación complementaria, idiomas, actividades educativas o herramientas que mejoran la futura empleabilidad. Cantó recuerda que actualmente «el 40% más rico sí está apoyando a sus hijos en todo tipo de formación adicional, mientras que el otro 60% no lo está haciendo» por falta de capacidad económica. En. una economía que demanda cada vez más cualificación, estas diferencias. pueden consolidar desigualdades durante décadas.. Para revertir esta situación, la experta apunta en tres direcciones: reforzar las prestaciones dirigidas a las familias, combatir la segregación educativa y desarrollar políticas de vivienda que faciliten la emancipación. «No podremos reducir la pobreza infantil si no hacemos eso», concluye.. En este contexto, la actuación de entidades sociales resulta fundamental para ampliar las oportunidades de quienes parten de situaciones más desfavorables. Cada año, más de 140.000 niños, adolescentes y jóvenes reciben apoyo a través de los programas sociales de la Fundación ”la Caixa”, orientados al acompañamiento socioeducativo, la inclusión y el acceso al empleo.. La entidad, que destina este 2026 más de 700 millones de euros a la transformación social, busca actuar sobre las causas profundas de la desigualdad y contribuira romper de la pobreza. Desde hace más de 120 años, la Fundación ”la Caixa” mantiene un firme compromiso con las personas, especialmente con aquellas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Su historia se remonta a principios del siglo XX, con la creación de «la Caixa» impulsada por Francesc Moragas, y continúa hoy con la Fundación ”la Caixa”, presidida por Isidro Fainé.
