Netflix estrena este thriller noir sueco de suspense creado por George Kay («Lupin») y dirigida por Kristoffer Nyholm
Una llamada al 112 a la 1:15 horas del viernes revela que en Estocolmo se ha instalado un asesino de policías. Sus crímenes son brutales, despiadados y parecen hasta rituales. El pánico se apodera de la ciudad y de los propios agentes que ven cómo los asesinatos se suceden en la hora más oscura de Suecia. Este es el planteamiento inicial de la serie sueca «Sacrificio de sangre», thriller de cinco capítulos creado por George Kay, responsable de «Lupin» e «Hijack», dirigida por Kristoffer Nyholm y protagonizada por Jakob Oftebro y Peter Andersson, que acaba de estrenar Netflix.. La trama transcurre durante el verano en Estocolmo, en un escenario donde la luz apenas deja paso a la oscuridad. Todo comienza con una llamada de emergencia por un supuesto allanamiento en una casa de verano del archipiélago. Dos agentes acuden al lugar, pero no encuentran nada sospechoso. Al día siguiente, aparecen brutalmente asesinados, lo que da inicio a una cadena de crímenes atroces dirigidos específicamente contra la policía, siempre con el mismo patrón. El inspector Thomas Berg (Jakob Oftebro) es colocado al frente de la investigación. Pero tras las primeras pesquisas, decide llevar el caso en secreto y con un equipo único. Al darse cuenta de la implicación de un perfil concreto en el asesino, se ve obligado a recurrir a la ayuda de su padre, Alfred Berg (Peter Andersson), un veterano agente retirado con quien mantiene una relación distante y conflictiva.. Lo más llamativo de «Sacrificio de sangre» es que no existe una intención de que el espectador quede horrorizado con «los crímenes del 112», ya que no se muestran cuando suceden y solo los vemos en fotografías en el capítulo final, pero el director quiso desde el principio que parte de la sensación de repulsión ante tanta violencia saliera del propio espectador. Es él el que creará la tensión de thriller al imaginarse los horrores por la descripción del caso que hacen los agentes. La serie está estructurada para mantener el suspense durante una semana de trabajo policial hasta el fatídico momento marcado de cada viernes. La investigación no va por buen camino y el auxilio del padre puede que cause más problemas que soluciones.. La dinámica entre padre e hijo, y ambos actores, es lo más destacable de la ficción sueca y su creador ya ha confesado que armó toda la historia alrededor de la relación entre ambos. Dos visiones y una relación difícil en la que el hijo nunca podrá superar al padre. La fuerza y verosimilitud de las interpretaciones —salvo por los clichés asociados al expolicía— aportan peso narrativo a la acción e investigaciones en curso. Los primeros episodios son de cocinado a fuego lento mientras se va olfateando el enésimo «whodunnit», pero con algunos giros que mantendrán el interés de los espectadores. Completan el reparto Electra Hallman, Alexander Abdallah, Henrik Norlén, Lisette T. Pagler, Magnus Krepper, Irina Björklund, Anders Mossling y Anna Maria Käll. Posiblemente, el personaje menos acertado, por colocado a propósito, es el de un agente homosexual que descuida a su pareja y a su hijo y se encuentra marcado por el trabajo policial. Durante el metraje también se deja ver la dureza del trabajo policial en las calles y cómo eso afecta a los agentes de servicio. Por supuesto, el verano sueco es el personaje más sombrío de la trama, que persigue sin descanso a los protagonistas y genera un ambiente que acentúa la oscuridad de los crímenes y la soledad de los implicados.. La serie está bien planificada para ir creando un crescendo que deja un buen sabor de boca y no cuelga de muchos «cliffhangers» innecesarios. Es cierto que pasa muy por encima de los problemas familiares que genera que los agentes se lleven determinados aspectos de su trabajo a casa, pero tampoco se echa mucho de menos una dinámica familiar que podría suprimirse y no afectaría al desarrollo o el interés de esta. Hacia el final, a punto de desvelarse el sospechoso y sus motivaciones, la serie adquiere un carácter oscuro que ojalá hubiera estado presente desde el primer minuto. Ese ambiente más turbio y menos urbano es perfecto para enmarcar los crímenes cometidos y enfocar la acción en algo distinto al trabajo policial. Luego, las florituras sobre el porqué y los flashbacks harán el resto. Disfruten sus cinco capítulos, pero mantengan una luz encendida.
Una llamada al 112 a la 1:15 horas del viernes revela que en Estocolmo se ha instalado un asesino de policías. Sus crímenes son brutales, despiadados y parecen hasta rituales. El pánico se apodera de la ciudad y de los propios agentes que ven cómo los asesinatos se suceden en la hora más oscura de Suecia. Este es el planteamiento inicial de la serie sueca «Sacrificio de sangre», thriller de cinco capítulos creado por George Kay, responsable de «Lupin» e «Hijack», dirigida por Kristoffer Nyholm y protagonizada por Jakob Oftebro y Peter Andersson, que acaba de estrenar Netflix.. La trama transcurre durante el verano en Estocolmo, en un escenario donde la luz apenas deja paso a la oscuridad. Todo comienza con una llamada de emergencia por un supuesto allanamiento en una casa de verano del archipiélago. Dos agentes acuden al lugar, pero no encuentran nada sospechoso. Al día siguiente, aparecen brutalmente asesinados, lo que da inicio a una cadena de crímenes atroces dirigidos específicamente contra la policía, siempre con el mismo patrón. El inspector Thomas Berg (Jakob Oftebro) es colocado al frente de la investigación. Pero tras las primeras pesquisas, decide llevar el caso en secreto y con un equipo único. Al darse cuenta de la implicación de un perfil concreto en el asesino, se ve obligado a recurrir a la ayuda de su padre, Alfred Berg (Peter Andersson), un veterano agente retirado con quien mantiene una relación distante y conflictiva.. Lo más llamativo de «Sacrificio de sangre» es que no existe una intención de que el espectador quede horrorizado con «los crímenes del 112», ya que no se muestran cuando suceden y solo los vemos en fotografías en el capítulo final, pero el director quiso desde el principio que parte de la sensación de repulsión ante tanta violencia saliera del propio espectador. Es él el que creará la tensión de thriller al imaginarse los horrores por la descripción del caso que hacen los agentes. La serie está estructurada para mantener el suspense durante una semana de trabajo policial hasta el fatídico momento marcado de cada viernes. La investigación no va por buen camino y el auxilio del padre puede que cause más problemas que soluciones.. La dinámica entre padre e hijo, y ambos actores, es lo más destacable de la ficción sueca y su creador ya ha confesado que armó toda la historia alrededor de la relación entre ambos. Dos visiones y una relación difícil en la que el hijo nunca podrá superar al padre. La fuerza y verosimilitud de las interpretaciones —salvo por los clichés asociados al expolicía— aportan peso narrativo a la acción e investigaciones en curso. Los primeros episodios son de cocinado a fuego lento mientras se va olfateando el enésimo «whodunnit», pero con algunos giros que mantendrán el interés de los espectadores. Completan el reparto Electra Hallman, Alexander Abdallah, Henrik Norlén, Lisette T. Pagler, Magnus Krepper, Irina Björklund, Anders Mossling y Anna Maria Käll. Posiblemente, el personaje menos acertado, por colocado a propósito, es el de un agente homosexual que descuida a su pareja y a su hijo y se encuentra marcado por el trabajo policial. Durante el metraje también se deja ver la dureza del trabajo policial en las calles y cómo eso afecta a los agentes de servicio. Por supuesto, el verano sueco es el personaje más sombrío de la trama, que persigue sin descanso a los protagonistas y genera un ambiente que acentúa la oscuridad de los crímenes y la soledad de los implicados.. La serie está bien planificada para ir creando un crescendo que deja un buen sabor de boca y no cuelga de muchos «cliffhangers» innecesarios. Es cierto que pasa muy por encima de los problemas familiares que genera que los agentes se lleven determinados aspectos de su trabajo a casa, pero tampoco se echa mucho de menos una dinámica familiar que podría suprimirse y no afectaría al desarrollo o el interés de esta. Hacia el final, a punto de desvelarse el sospechoso y sus motivaciones, la serie adquiere un carácter oscuro que ojalá hubiera estado presente desde el primer minuto. Ese ambiente más turbio y menos urbano es perfecto para enmarcar los crímenes cometidos y enfocar la acción en algo distinto al trabajo policial. Luego, las florituras sobre el porqué y los flashbacks harán el resto. Disfruten sus cinco capítulos, pero mantengan una luz encendida.
