Como hoy revela LA RAZÓN en rigurosa exclusiva, el CNI informó con tiempo suficiente y con datos muy completos de la avalancha migratoria que se cernía sobre Ceuta sin que el Gobierno reaccionara en tiempo y forma a la amenaza contra nuestra soberanía. Es más, la respuesta del principal organismo implicado, el Ministerio del Interior, ha sido negar la evidencia, trasladando cínicamente la imagen de unos servicios de Información, incluidos los del Estado Mayor de la Defensa, torpes y ciegos a lo que sucede en una de las fronteras con más peso estratégico de España y, potencialmente, más peligrosas para nuestra seguridad nacional. No es de extrañar la reacción de incredulidad, primero, y de tristeza, después, de unos profesionales como los que trabajan en el Centro Nacional de Inteligencia, utilizados en una baja maniobra política de La Moncloa, precisamente, el órgano que debería haber analizado y gestionado las informaciones recibidas y coordinado la respuesta de los tres departamentos ministeriales implicados, el de Exteriores, el de Defensa y, finalmente, el que dirige uno de los ministros más cuestionados del Gobierno, Fernando Grande Marlaska, que lleva sobre sí tres condenas del Tribunal Supremo por el ejercicio arbitrario de su poder, con graves perjuicios sobre servidores del Estado ejemplares y con un sentido del honor y de la dignidad que se le escapa a quien fuera un notable juez. El problema de la incompetencia del Ejecutivo que preside Pedro Sánchez, que ni todos los servicios de propaganda del mundo conseguirían ocultar, es que para cubrirse de sus torpezas no duda en insultar la inteligencia de los ciudadanos, como si estos no vivieran en el mismo país y no formaran parte de la misma sociedad. Pretender que ni el CNI ni los Ejércitos carecen de buenas fuentes de información sobre el terreno en el área del Estrecho de Gibraltar, con Ceuta, Melilla y, también, las Islas Canarias declaradas paladinamente como objetivos territoriales marroquíes, no tendría ningún sentido si no fuera porque al Gobierno la realidad de los hechos se la trae al pairo cuando se trata de cubrir política o ideológicamente sus errores. Entonces sí, la maquinaria de la post verdad coordina estrechamente sus terminales y lanza señuelos con los que distraer a la opinión pública y enredar a la oposición, como sucede con el caso de los menores no acompañados, donde desde La Moncloa se extiende la confusión. Porque centrar el problema en el reparto de los últimos menores llegados a Ceuta es ignorar el fondo de la cuestión, que no es otro que de los 30.000 niños y adolescentes marroquíes llegados a España entre 2015 y 2024, últimos datos de la Fiscalía disponibles, ni uno solo ha sido aceptado de vuelta por el ejecutivo de Rabat, cuyos servicios sociales y de atención a la infancia son mejorables. En definitiva, torpeza y tapujos, que, junto con disimulo e incoherencia, son los adjetivos que mejor definen la acción política del sanchismo.
Torpeza y tapujos, que, junto con disimulo e incoherencia, son los adjetivos que mejor definen la acción política del sanchismo
Como hoy revela LA RAZÓN en rigurosa exclusiva, el CNI informó con tiempo suficiente y con datos muy completos de la avalancha migratoria que se cernía sobre Ceuta sin que el Gobierno reaccionara en tiempo y forma a la amenaza contra nuestra soberanía. Es más, la respuesta del principal organismo implicado, el Ministerio del Interior, ha sido negar la evidencia, trasladando cínicamente la imagen de unos servicios de Información, incluidos los del Estado Mayor de la Defensa, torpes y ciegos a lo que sucede en una de las fronteras con más peso estratégico de España y, potencialmente, más peligrosas para nuestra seguridad nacional. No es de extrañar la reacción de incredulidad, primero, y de tristeza, después, de unos profesionales como los que trabajan en el Centro Nacional de Inteligencia, utilizados en una baja maniobra política de La Moncloa, precisamente, el órgano que debería haber analizado y gestionado las informaciones recibidas y coordinado la respuesta de los tres departamentos ministeriales implicados, el de Exteriores, el de Defensa y, finalmente, el que dirige uno de los ministros más cuestionados del Gobierno, Fernando Grande Marlaska, que lleva sobre sí tres condenas del Tribunal Supremo por el ejercicio arbitrario de su poder, con graves perjuicios sobre servidores del Estado ejemplares y con un sentido del honor y de la dignidad que se le escapa a quien fuera un notable juez. El problema de la incompetencia del Ejecutivo que preside Pedro Sánchez, que ni todos los servicios de propaganda del mundo conseguirían ocultar, es que para cubrirse de sus torpezas no duda en insultar la inteligencia de los ciudadanos, como si estos no vivieran en el mismo país y no formaran parte de la misma sociedad. Pretender que ni el CNI ni los Ejércitos carecen de buenas fuentes de información sobre el terreno en el área del Estrecho de Gibraltar, con Ceuta, Melilla y, también, las Islas Canarias declaradas paladinamente como objetivos territoriales marroquíes, no tendría ningún sentido si no fuera porque al Gobierno la realidad de los hechos se la trae al pairo cuando se trata de cubrir política o ideológicamente sus errores. Entonces sí, la maquinaria de la post verdad coordina estrechamente sus terminales y lanza señuelos con los que distraer a la opinión pública y enredar a la oposición, como sucede con el caso de los menores no acompañados, donde desde La Moncloa se extiende la confusión. Porque centrar el problema en el reparto de los últimos menores llegados a Ceuta es ignorar el fondo de la cuestión, que no es otro que de los 30.000 niños y adolescentes marroquíes llegados a España entre 2015 y 2024, últimos datos de la Fiscalía disponibles, ni uno solo ha sido aceptado de vuelta por el ejecutivo de Rabat, cuyos servicios sociales y de atención a la infancia son mejorables. En definitiva, torpeza y tapujos, que, junto con disimulo e incoherencia, son los adjetivos que mejor definen la acción política del sanchismo.
