El republicano, al que la Constitución prohíbe aspirar a un nuevo mandato, da un discurso soporífero y lleno de insultos tres meses después de la celebración que interrumpieron los disparos
Donald Trump completó este viernes una tarea que dejó a medias el pasado 25 de abril, cuando un tipo llamado Cole Allen —con planes para, presuntamente, matarlo— trató de interrumpir a tiros la cena de Corresponsales de la Casa Blanca. Noventa días después, el presidente de Estados Unidos cumplió con lo que estaba a punto de hacer aquella noche: ofrecer un discurso lleno de vituperios contra periodistas, mentiras sobre la ciudad de Washington, exageraciones sobre los logros de su Administración y ataques sin gracia a sus enemigos políticos en un acto organizado en defensa de la libertad de prensa al que acudía por primera vez en calidad de presidente tras una década de tratar de sabotearlo con su indiferencia.“Como dije hace tres meses, el espectáculo debe continuar”, afirmó Trump sobre la repetición de la fiesta al principio de su discurso, que estaba previsto que fuera algo parecido a un monólogo cómico y acabó rápido pareciéndose a uno de sus mítines MAGA. En él, volvió a los hechos de aquella noche, bromeó (o, al menos, dijo que bromeaba) con la opción de presentarse por tercera vez, pese a que la Constitución se lo impide, y proclamó que ”Estados Unidos no cede ante la violencia política» y es un país que “resuelve sus diferencias con un debate abierto y vigoroso, no con el recurso a las balas”. La cena la organiza anualmente la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, entidad gremial que engloba a los reporteros que cubren en Washington el día a día del poder ejecutivo. Muchos de esos profesionales volvieron a vestirse de gala (esmoquin, ellos; traje largo, ellas) para confraternizar por unas horas con aquellos a cuya fiscalización se dedican. Y esta segunda vez, como la primera, la pregunta fue si con la celebración no estarían legitimando —a golpe de brindis y sonrisas y en virtud de un poco de acceso e influencia, tal vez las drogas con más adictos de la capital— al presidente que más ha atacado a la prensa en la historia reciente de Estados Unidos. En la gala del 25 de abril, cinco disparos secos, que, según los testigos, retumbaron con algo parecido al sonido de unas bandejas al caer, interrumpieron la fiesta a la altura del primer plato. Fue cuando Allen, un californiano de 31 años que había atravesado el país en coche y en tren, trató de irrumpir en el salón para, según se supo después gracias a un manifiesto que dejó escrito y enviado a algunos miembros de su familia, matar a cuantos miembros de la Administración de Trump le fuera posible. “Fue un intento de asesinato masivo”, advirtió el presidente en su discurso de este viernes.No pasó del cordón de seguridad del Servicio Secreto del hotel en el que se celebraba la gala, y en el que Allen se había registrado el día anterior. Lo redujeron antes de que bajara un tramo de escaleras que lo separaba de la puerta al salón, atiborrado con 2.200 invitados, y esa proximidad con la tragedia provocó las crítica
Donald Trump completó este viernes una tarea que dejó a medias el pasado 25 de abril, cuando un tipo llamado Cole Allen —con planes para, presuntamente, matarlo— trató de irrumpir a tiros en la cena de Corresponsales de la Casa Blanca. Seguir leyendo
