La vida ha cambiado drásticamente en los últimos años. No solo por los avances tecnológicos, cada vez más avanzados e influenciados por la inteligencia artificial, sino también en la arquitectura de las ciudades y en la forma en la que las personas se comunican entre sí. Algo que notó drásticamente Joe Ligon, un hombre estadounidense que pasó los últimos 68 años en prisión, antes, incluso, de haber cumplido la mayoría de edad.
Era 1953 cuando un joven Ligon, aún con 15 años, decidió unirse a una banda juvenil que se dedicaba a robar de forma violenta a personas para conseguir comprar alcohol. Sin embargo, en uno de estos atracos, el estadounidense se vio envuelto en una serie de apuñalamientos que terminaron con la vida de dos civiles, Charles Pitts y Jackson Hamm, así como otras seis personas heridas.
Ligon declaró haber participado en estos apuñalamientos, aseguró que él no había matado a nadie. En una entrevista con el medio estadounidense «CBS», aseguró que lo único de lo que era culpable era de «estar en el lugar equivocado, en el momento inadecuado«. A pesar de ello, y siendo menor de edad, el juez le condenó a cadena perpetua sin la posibilidad de disfrutar de libertad condicional.
Ligon dedicó sus años en prisión a educarse y entrenar boxeo
Desde entonces, el estadounidense pasó 68 años en el centro de detención de Pensilvania, en donde aprendió a leer, a escribir y empezó a entrenar boxeo. Asimismo, comenzó a adquirir rutinas más saludables, mejorando sus habilidades sociales y de limpieza. Según explicó en la entrevista, «me encerraron, sí, pero no me encerraron la mente«. Lo que demuestra que la reinserción de los presos es posible.
Con esta mentalidad decidió negarse a la libertad condicional que le ofrecieron en la década de los 70, a pesar de que el resto de sus compañeros decidieron aceptarla. Continuando en la prisión de Pensilvania hasta el año 2021, cuando fue puesto en libertad y declarado por la prensa estadounidense como «el delincuente juvenil más viejo de Estados Unidos«.
Su liberación llegó, en parte, gracias a una resolución de la Corte Suprema de EE.UU. de 2012, en la que se declaró inconstitucional imponer la cadena perpetua a una persona menor de edad, y a una sentencia de 2016 que le añadió su carácter retroactivo. Por ello, a todas las personas que se encontraban en su situación se les ofreció la libertad condicional. Algo que volvió a rechazar.
Tras casi siete décadas en prisión, Ligon se sorprendió ante los cambios en su ciudad
Finalmente, a la edad de 83 años y con 68 años de condena a sus espaldas, sus abogados lograron que dieran su condena por cumplida y le otorgaran la libertad plena. Lo primero que hizo al salir a la calle por primera vez en tanto tiempo fue sonreír. «Casi lloré, pero lo hice con una gran sonrisa en mi cara«, explicó. Luego llegó su primera vez en la ciudad, después de casi 7 décadas, y fue cuando se terminó de dar cuenta de cuánto había cambiado la vida.
«Miré a mi alrededor y vi todos esos edificios altos, pero ya me lo esperaba«, aseguró. Pero sí le sorprendió ver a los autobuses, los cuales no existían anteriormente, pues debían pasar por las líneas del tranvía. Sin embargo, su intención es seguir adelante, aprendiendo de todos los cambios y mejorando su vida. «No me quedo anclado en el pasado. No puedo hacer nada con respecto a lo que pasó, pero espero tener un futuro mejor«.
Algo parecido ocurrió con Otis Johnson, un ciudadano estadounidense que fue encarcelado en 1970 y puesto en libertad 44 años después. Aunque, en el caso de Otis, este sí que se sorprendió más al observar todos los avances tecnológicos que se había perdido al estar en prisión. Según aseguró, una de las cosas que más le sorprendieron fueron las pantallas publicitarias y el extendido uso de auriculares, los cuales asociaba a los agentes de la CIA.
Todas estas historias, además de demostrar que las cárceles son un lugar en el que brindar la posibilidad a los presos de educarse y poder reinsertarse en la sociedad, demuestran la rapidez con la que los avances tecnológicos están cambiando la vida y el mundo que nos rodea. Lo importante es no quedarse estancado en el pasado y aprender a adaptarse a los nuevos tiempos.
La vida ha cambiado drásticamente en los últimos años. No solo por los avances tecnológicos, cada vez más avanzados e influenciados por la inteligencia artificial, sino también en la arquitectura de las ciudades y en la forma en la que las personas se comunican entre sí. Algo que notó drásticamente Joe Ligon, un hombre estadounidense que pasó los últimos 68 años en prisión, antes, incluso, de haber cumplido la mayoría de edad. Era 1953 cuando un joven Ligon, aún con 15 años, decidió unirse a una banda juvenil que se dedicaba a robar de forma violenta a personas para conseguir comprar alcohol. Sin embargo, en uno de estos atracos, el estadounidense se vio envuelto en una serie de apuñalamientos que terminaron con la vida de dos civiles, Charles Pitts y Jackson Hamm, así como otras seis personas heridas. Ligon declaró haber participado en estos apuñalamientos, aseguró que él no había matado a nadie. En una entrevista con el medio estadounidense «CBS», aseguró que lo único de lo que era culpable era de «estar en el lugar equivocado, en el momento inadecuado». A pesar de ello, y siendo menor de edad, el juez le condenó a cadena perpetua sin la posibilidad de disfrutar de libertad condicional. Ligon dedicó sus años en prisión a educarse y entrenar boxeo Desde entonces, el estadounidense pasó 68 años en el centro de detención de Pensilvania, en donde aprendió a leer, a escribir y empezó a entrenar boxeo. Asimismo, comenzó a adquirir rutinas más saludables, mejorando sus habilidades sociales y de limpieza. Según explicó en la entrevista, «me encerraron, sí, pero no me encerraron la mente». Lo que demuestra que la reinserción de los presos es posible. Con esta mentalidad decidió negarse a la libertad condicional que le ofrecieron en la década de los 70, a pesar de que el resto de sus compañeros decidieron aceptarla. Continuando en la prisión de Pensilvania hasta el año 2021, cuando fue puesto en libertad y declarado por la prensa estadounidense como «el delincuente juvenil más viejo de Estados Unidos». Su liberación llegó, en parte, gracias a una resolución de la Corte Suprema de EE.UU. de 2012, en la que se declaró inconstitucional imponer la cadena perpetua a una persona menor de edad, y a una sentencia de 2016 que le añadió su carácter retroactivo. Por ello, a todas las personas que se encontraban en su situación se les ofreció la libertad condicional. Algo que volvió a rechazar. Tras casi siete décadas en prisión, Ligon se sorprendió ante los cambios en su ciudad Finalmente, a la edad de 83 años y con 68 años de condena a sus espaldas, sus abogados lograron que dieran su condena por cumplida y le otorgaran la libertad plena. Lo primero que hizo al salir a la calle por primera vez en tanto tiempo fue sonreír. «Casi lloré, pero lo hice con una gran sonrisa en mi cara», explicó. Luego llegó su primera vez en la ciudad, después de casi 7 décadas, y fue cuando se terminó de dar cuenta de
Después de estar casi siete décadas encerrado, Joe Ligon decidió educarse y aprender nuevas habilidades
La vida ha cambiado drásticamente en los últimos años. No solo por los avances tecnológicos, cada vez más avanzados e influenciados por la inteligencia artificial, sino también en la arquitectura de las ciudades y en la forma en la que las personas se comunican entre sí. Algo que notó drásticamente Joe Ligon, un hombre estadounidense que pasó los últimos 68 años en prisión, antes, incluso, de haber cumplido la mayoría de edad.Era 1953 cuando un joven Ligon, aún con 15 años, decidió unirse a una banda juvenil que se dedicaba a robar de forma violenta a personas para conseguir comprar alcohol. Sin embargo, en uno de estos atracos, el estadounidense se vio envuelto en una serie de apuñalamientos que terminaron con la vida de dos civiles, Charles Pitts y Jackson Hamm, así como otras seis personas heridas.Ligon declaró haber participado en estos apuñalamientos, aseguró que él no había matado a nadie. En una entrevista con el medio estadounidense «CBS», aseguró que lo único de lo que era culpable era de «estar en el lugar equivocado, en el momento inadecuado». A pesar de ello, y siendo menor de edad, el juez le condenó a cadena perpetua sin la posibilidad de disfrutar de libertad condicional.Ligon dedicó sus años en prisión a educarse y entrenar boxeoDesde entonces, el estadounidense pasó 68 años en el centro de detención de Pensilvania, en donde aprendió a leer, a escribir y empezó a entrenar boxeo. Asimismo, comenzó a adquirir rutinas más saludables, mejorando sus habilidades sociales y de limpieza. Según explicó en la entrevista, «me encerraron, sí, pero no me encerraron la mente». Lo que demuestra que la reinserción de los presos es posible.Con esta mentalidad decidió negarse a la libertad condicional que le ofrecieron en la década de los 70, a pesar de que el resto de sus compañeros decidieron aceptarla. Continuando en la prisión de Pensilvania hasta el año 2021, cuando fue puesto en libertad y declarado por la prensa estadounidense como «el delincuente juvenil más viejo de Estados Unidos».Su liberación llegó, en parte, gracias a una resolución de la Corte Suprema de EE.UU. de 2012, en la que se declaró inconstitucional imponer la cadena perpetua a una persona menor de edad, y a una sentencia de 2016 que le añadió su carácter retroactivo. Por ello, a todas las personas que se encontraban en su situación se les ofreció la libertad condicional. Algo que volvió a rechazar.Tras casi siete décadas en prisión, Ligon se sorprendió ante los cambios en su ciudadFinalmente, a la edad de 83 años y con 68 años de condena a sus espaldas, sus abogados lograron que dieran su condena por cumplida y le otorgaran la libertad plena. Lo primero que hizo al salir a la calle por primera vez en tanto tiempo fue sonreír. «Casi lloré, pero lo hice con una gran sonrisa en mi cara», explicó. Luego llegó su primera vez en la ciudad, después de casi 7 décadas, y fue cuando se terminó de dar cuenta de cuánto
