En el salón de ceremonias de la Quinta de Salmanha (Figueira da Foz), en Portugal, no se oía este sábado ningún “¡viva los novios!”. Se escuchaban gritos repetidos de “reconquista” y “reemigración”. No había tarta, no había futuros esposos. ¿Qué celebraban 480 extremistas de ultraderecha procedentes de toda Europa, sedicentes patriotas, con algunas cruces colgando y emblemas nacionalistas prendidos del ojal de sus trajes, esos sí, de boda de día?. Seguir leyendo
En el salón de ceremonias de la Quinta de Salmanha (Figueira da Foz), en Portugal, no se oía este sábado ningún “¡viva los novios!”. Se escuchaban gritos repetidos de “reconquista” y “reemigración”. No había tarta, no había futuros esposos. ¿Qué celebraban 480 extremistas de ultraderecha procedentes de toda Europa, sedicentes patriotas, con algunas cruces colgando y emblemas nacionalistas prendidos del ojal de sus trajes, esos sí, de boda de día?. El salón, a 140 kilómetros de Oporto y cuya ubicación se ha revelado en la víspera para evitar posibles disturbios, ha acogido la segunda cumbre europea sobre reemigración, un neologismo acuñado por los ultras para referirse a la deportación masiva de inmigrantes, incluso de ciudadanos europeos de origen étnico (nadie mencionó ahí la palabra “raza”) “no europea” o al menos “no occidental” que no cumplan algunos preceptos culturales. La novedad de esta edición es que la cumbre ha contado con representación de Vox: la diputada Rocío de Meer, abanderada de la reemigración: la que habló por vez primera abiertamente de deportar a siete u ocho millones de personas de origen extranjero, incluidos inmigrantes de segunda generación. Estaba anunciada la presencia de su compañero Carlos Hernández Quero, que añ final no apareció.. Los activistas reunidos en Portugal tienen prisa porque “las naciones pueden morir”, ha advertido la diputada De Meer ante sus colegas del resto de Europa. “España no puede soportar ni una entrada más, ni legal ni ilegal, desde ningún continente, desde África o desde Sudamérica”, ha recalcado. Su discurso ha estado en línea con otros representantes de la ultraderecha europea que, como ella, han instado a moverse ya.. “Llegará el día en que ningún europeo tenga un país donde vivir”, ha alertado Max Märkl, un activista alemán que ha enviado un vídeo para lamentar que las autoridades de su país no le han dejado volar a Oporto. Al momento, concitando un aplauso fervoroso del respetable, apareció en la sala después de conducir desde Alemania a Portugal a través de una Europa sin fronteras.. El belga Dries Van Langenhove, fundador de Schild & Vrienden y condenado a un año de prisión por la difusión de mensajes de odio en los chats de esa organización, defendió medidas para los que llama “indígenas europeos” y prometió a la parlamentaria neerlandesa Lidewij de Vos, que ha anunciado su embarazo en la cumbre: “Vamos a luchar por tu bebé en tu vientre”.. “En Alemania, con una de las mayores culpabilidades de los blancos, tenemos un partido que defiende la remigración y al que apoya el 26% de la población”, dice el escritor ultraderechista italiano Andrea Ballarati. “Que nos llamen racistas, que nos llamen fascistas, que nos llamen xenófobos, que ya no nos importa”, jalea el anfitrión y líder de Reconquista, Afonso Gonçalves. Se dirige a los mismos activistas que desprecian la bandera azul de las 12 estrellas y denuncian a Bruselas como una maquinaria burocrática entregada al multiculturalismo, que pasan el sábado con música eurodance sonando de fondo y las proclamas de las superestrellas políticas (algunos con cero escaños, como Gonçalves, pero con 200.000 seguidores en Instagram), llenándose la boca con otra palabra: Europa.. Portugueses, alemanes, neerlandeses, italianos, españoles, suizos y algunos estadounidenses invitados como estrellas han encontrado un objetivo que elevan ya a paneuropeo (y estadounidense, siempre que allí mande Trump). Estos ultranacionalistas, a razón de 45 euros la entrada más barata, no comparten lengua, partido ni nación, pero sí una idea motriz: las macrodeportaciones sumarias.. Contra la idea de los fundadores de la Unión Europea de una comunidad basada en la integración, en la ciudad portuguesa proponen otra unida por la expulsión de inmigrantes y personas de origen étnico no europeo que no cumplan con determinadas tradiciones culturales.. La nueva bandera de (esta) Europa no tiene el azul ni el amarillo de sus doce estrellas, sino el color blanco de la piel de ponentes y asistentes. En los autobuses que trasladaron a buena parte de ellos desde Oporto, un barcelonés saluda a un alemán con padre español con un “¡Viva Franco!”. Luego pregunta de dónde es otro pasajero. “Italiano, pero vivo en Barcelona”. “¡Viva il Duce!”, le grita para enseguida añadir: “Te tengo que recomendar un colegio para tus hijos”.. “EE UU es el último heredero de Roma y Nueva York es nuestra Constantinopla”, enfatizó en Resum26 Stefano Forte, neoyorquino de origen italiano que preside el Club de la Juventud Republicana y lamenta que en el 40% de los hogares de su ciudad no se hable inglés.. Es una cuestión de “supervivencia”, otra palabra repetida hasta la extenuación, de una Europa que, gracias a las macrodeportaciones, “volverá a ser grande de nuevo” (palabra de Stefano Forte), porque “nuestra existencia no es negociable (…) porque tenemos derecho a nuestra patria”, ha dicho Lena Kotré, diputada en Brandenburgo de AfD. Porque, dice Gonçalves (con pulla incluida a la inasistencia al acto del partido ultra Chega), “nuestra gente se ha convertido en una minoría”, algo que la española De Meer planteó en futuro: “Los europeos van a ser minoría”. Es más: “Desaparecer es una posibilidad real para Europa”. Aquella Europa que es la “de las Cruzadas” y “las misiones”, con una España que “no puede negar su alma cristiana”.. “La reemigración es la única solución para los países”, sostuvo Gonçalves, amigo de metáforas históricas que se remontan a la llamada Reconquista de la Península Ibérica y a las gestas ultramar del Portugal glorioso. La alemana Kotré concretó más: “Los niños tienen que poder hablar abiertamente de reemigración con su compañero de clase Mohamed [risas desbordantes] y decir que quieren convertirse en policías para deportar migrantes [aplausos]”.. Eva Vlaardingerbroek, una popular activista por la Europa blanca de Países Bajos, que tiene prohibido el acceso al Reino Unido por su discurso de odio, recibió un premio y la mayor ovación del público tras anunciarse su nombre. “Hemos conseguido que la reemigración esté en el centro del debate”, se ha felicitado. “Es hora de actuar”, ha proclamado, al tiempo que invitaba a los asistentes a levantarse y firmar la “Save Europe Act”, una nueva petición de moratoria que paralice visados de estudios y reagrupación familiar, reforzar la frontera exterior europea física y tecnológicamente, acelerar las expulsiones, aplicar la “prioridad nacional” y defender la “continuidad étnica” de “patrias ancestrales”.. Fueron tantas las personas del público que se acercaron al escenario a firmar que el maestro de ceremonias recordó que la petición de levantarse era solo “simbólica” y podían hacerlo online.. En el salón de bodas más ultraderechista de Europa (parafraseando a uno de los organizadores, el austriaco Martin Sellner) se oyó una versión peculiar del “quien pueda hacer, que haga”. “Tenemos que provocar un efecto salida en cada lugar donde tengamos la posibilidad de hacerlo”, alentó. “La caridad en la tradición cristiana nunca ha significado desorden”, dijo casi silabeando. “Tu primer prójimo es tu compatriota”. Una nueva manera de traer la “prioridad nacional” a la palestra.. ¿Qué pueden hacer los europeos blancos preocupados por su desaparición aparte de firmar peticiones en persona o en internet? Cyan Quinn, directora del White Papers Policy Institute, un laboratorio de ideas estadounidense que defiende las macrodeportaciones, denostó las políticas de cheque-bebé, porque son “inflacionistas”. La baja natalidad es un problemón, pero resulta que no vale que tengan los hijos los inmigrantes. “No podemos restaurar nuestra civilización con los hijos de otros”, dijo citando al excongresista republicano Steve King. ¿Entonces? Veamos. “Hay una correlación entre matrimonio y natalidad”. Hay que promover una “male breadwinner economy”, algo así como una economía en que sean los hombres los que ganen el pan. Porque las mujeres, dice Quinn, “desean más hijos de los que realmente tienen”. “Las sociedades tradicionales presentan tasas de natalidad más elevadas”, insistió. ¿Ejemplos? “Egipto y Nigeria”.. Acogido como si fuera un icono pop, Greg Bovino, el temido jefe de la Patrulla Fronteriza nombrado por Trump y relevado en enero, dijo que la reemigración es el “único tema” en el que EEUU y Europa están de acuerdo. “Estas cosas no hace falta aprenderlas dos veces”. A Europa le debe valer, ha asegurado, con el ejemplo de lo que ICE ha conseguido en EEUU.. Fuera de la sala, en la zona de los expositores, cerca de las mesas con bandejas de pan con chorizo y patatas fritas, una asociación ultra alemana regala pines con un águila. Una editorial portuguesa cobra hasta por sus flyers. Salen al fresco cada vez más asistentes, porque dentro el ambiente se ha caldeado. Se respira una extraña unanimidad en una mesa redonda donde se comparten trucos para evitar ser baneados en redes sociales. “George Floyd murió porque era un criminal”, sentencia el activista Lorenzo Caccialupi. Ovación. “White lives matter!”, repite aquí, como hizo en el Parlamento europeo, el diputado ultra eslovaco Milan Mazarek. Nueva ovación. El arquitecto del movimiento, el activista austriaco Sellner, anuncia que se convertirán en un lobby con nueve millones de embajadores prodeportación: “Para ser poderosos, tenéis que ser peligrosos”. A estas alturas de la gran boda de la ultraderecha europea, muchas americanas ya cuelgan del respaldo de las sillas blancas, blanquísimas.
La diputada Rocío de Meer se suma a la segunda cumbre europea de reemigración, que insta a deportaciones masivas, incluidas las de nacionales que no cumplan ciertos preceptos
