Agosto es mes de contrataciones nuevas, de proyectos nuevos, de cambios en el trabajo y en la vida, de divorcios y de algunas oportunidades, grandes y pequeñas, que se presentan y que se deben atrapar al vuelo, porque el tren pasa una sola vez por delante y si no te subes a tiempo lo pierdes para siempre.
Este año ha habido un fichaje estelar, el de Mariló Herranz como maquilladora oficial de Palacio, quiero decir del Palacio de la Moncloa, que en Zarzuela me parece a mí que no hay tanta parafernalia, excepto la que requiera Leticia que, lógicamente y dentro de sus obligaciones, está la de tener pinta de reina por ser la consorte del Rey reinante, quien, por cierto, no va nada maquillado. La Princesa y la infantita Sofía van muy siempre muy bien peinadas, es cierto, pero no creo que Leonor se llevara a sus instrucciones militares una estilista que le hiciera el moño que escondía debajo de la boina de paracaidista, debajo del chapiri y debajo la gorra de plato o cartagenera y el Lepanto que llevaba en su preparación como guardiamarina.
Pero Pedro Sánchez es otra cosa. Él tiene que maquillarse cuando está cansado y necesita borrar esas huellas de su rostro cuando está cabreado, y es preciso caracterizarlo con un gesto dulce o cuando está demacrado pensando en la condena a su hermano, en la que le puede caer a Begoña y en todos los marrones que cada día se le presentan delante de su mesa de trabajo como una maldición gitana.
Pero es de Mariló de quien queríamos hablar, una mujer que ha saltado a las páginas de los periódicos, y no sin merecimiento, sino por su buen currículum, por su buen hacer en todos los puestos que ha ocupado y porque, a veces, la vida premia la valía de la gente.
He tenido la suerte de pasar por sus manos en Antena 3 y supo hacer desaparecer el gran hematoma que cubría mi cara después de una caída desafortunada.
Olé Mariló, que la suerte de acompañe en este nuevo destino.
Agosto es mes de contrataciones nuevas, de proyectos nuevos, de cambios en el trabajo y en la vida, de divorcios y de algunas oportunidades, grandes y pequeñas, que se presentan y que se deben atrapar al vuelo, porque el tren pasa una sola vez por delante y si no te subes a tiempo lo pierdes para siempre. Este año ha habido un fichaje estelar, el de Mariló Herranz como maquilladora oficial de Palacio, quiero decir del Palacio de la Moncloa, que en Zarzuela me parece a mí que no hay tanta parafernalia, excepto la que requiera Leticia que, lógicamente y dentro de sus obligaciones, está la de tener pinta de reina por ser la consorte del Rey reinante, quien, por cierto, no va nada maquillado. La Princesa y la infantita Sofía van muy siempre muy bien peinadas, es cierto, pero no creo que Leonor se llevara a sus instrucciones militares una estilista que le hiciera el moño que escondía debajo de la boina de paracaidista, debajo del chapiri y debajo la gorra de plato o cartagenera y el Lepanto que llevaba en su preparación como guardiamarina. Pero Pedro Sánchez es otra cosa. Él tiene que maquillarse cuando está cansado y necesita borrar esas huellas de su rostro cuando está cabreado, y es preciso caracterizarlo con un gesto dulce o cuando está demacrado pensando en la condena a su hermano, en la que le puede caer a Begoña y en todos los marrones que cada día se le presentan delante de su mesa de trabajo como una maldición gitana. Pero es de Mariló de quien queríamos hablar, una mujer que ha saltado a las páginas de los periódicos, y no sin merecimiento, sino por su buen currículum, por su buen hacer en todos los puestos que ha ocupado y porque, a veces, la vida premia la valía de la gente. He tenido la suerte de pasar por sus manos en Antena 3 y supo hacer desaparecer el gran hematoma que cubría mi cara después de una caída desafortunada. Olé Mariló, que la suerte de acompañe en este nuevo destino.
Mariló Herranz ha fichado maquilladora oficial del Palacio de la Moncloa
Agosto es mes de contrataciones nuevas, de proyectos nuevos, de cambios en el trabajo y en la vida, de divorcios y de algunas oportunidades, grandes y pequeñas, que se presentan y que se deben atrapar al vuelo, porque el tren pasa una sola vez por delante y si no te subes a tiempo lo pierdes para siempre.Este año ha habido un fichaje estelar, el de Mariló Herranz como maquilladora oficial de Palacio, quiero decir del Palacio de la Moncloa, que en Zarzuela me parece a mí que no hay tanta parafernalia, excepto la que requiera Leticia que, lógicamente y dentro de sus obligaciones, está la de tener pinta de reina por ser la consorte del Rey reinante, quien, por cierto, no va nada maquillado. La Princesa y la infantita Sofía van muy siempre muy bien peinadas, es cierto, pero no creo que Leonor se llevara a sus instrucciones militares una estilista que le hiciera el moño que escondía debajo de la boina de paracaidista, debajo del chapiri y debajo la gorra de plato o cartagenera y el Lepanto que llevaba en su preparación como guardiamarina.Pero Pedro Sánchez es otra cosa. Él tiene que maquillarse cuando está cansado y necesita borrar esas huellas de su rostro cuando está cabreado, y es preciso caracterizarlo con un gesto dulce o cuando está demacrado pensando en la condena a su hermano, en la que le puede caer a Begoña y en todos los marrones que cada día se le presentan delante de su mesa de trabajo como una maldición gitana.Pero es de Mariló de quien queríamos hablar, una mujer que ha saltado a las páginas de los periódicos, y no sin merecimiento, sino por su buen currículum, por su buen hacer en todos los puestos que ha ocupado y porque, a veces, la vida premia la valía de la gente.He tenido la suerte de pasar por sus manos en Antena 3 y supo hacer desaparecer el gran hematoma que cubría mi cara después de una caída desafortunada.Olé Mariló, que la suerte de acompañe en este nuevo destino.
