Diego La Loggia (Buenos Aires, 42 años) llegó a Barcelona hace siete años con la ilusión de vivir del fútbol. Preparador físico profesional, forma parte de una generación de argentinos que dejó su país para probar suerte en España y, con un fuerte vínculo con el deporte, eligió la ciudad donde también construyó su vida su ídolo, Lionel Messi. Después de vivir en primera persona la histórica final del Mundial de Qatar en 2022 (que Argentina ganó en los penaltis a Francia), se prepara para otra el próximo domingo, esta vez en Barcelona, la ciudad que hoy considera su casa, en el país que enfrentará su selección. Seguir leyendo
Diego La Loggia (Buenos Aires, 42 años) llegó a Barcelona hace siete años con la ilusión de vivir del fútbol. Preparador físico profesional, forma parte de una generación de argentinos que dejó su país para probar suerte en España y, con un fuerte vínculo con el deporte, eligió la ciudad donde también construyó su vida su ídolo, Lionel Messi. Después de vivir en primera persona la histórica final del Mundial de Qatar en 2022 (que Argentina ganó en los penaltis a Francia), se prepara para otra el próximo domingo, esta vez en Barcelona, la ciudad que hoy considera su casa, en el país que enfrentará su selección. Como uno de los más de 50.000 residentes argentinos en la capital catalana, ha sido testigo del crecimiento y la transformación de la comunidad durante los últimos años. “Está lleno de panaderías, empanadas, milanesas y churrasquearías. Uno se siente como en casa en Barcelona”, afirma. Originarios de un país donde a Maradona se le venera como a un dios y tiene en Messi a un sucesor, si algo les une, es el fútbol. Esta vez buscan un gran espacio para ver la final, ya que comparten ciudad con el otro finalista: algunos se citarán en bares, hoteles o domicilios.La Loggia estuvo el miércoles entre los cientos de argentinos que ocuparon el parque de las Glòries para celebrar el pase a la final. “Me he sorprendido con la cantidad de gente”, comenta sobre un espacio que se convirtió espontáneamente en punto masivo de encuentro. Allí, cada domingo, varios grupos se reúnen sobre el anochecer para compartir el tradicional mate entre amigos. La presencia de tantos argentinos en la ciudad no siempre fue así. La Loggia, que ya había vivido durante un año en la capital catalana en 2014 y regresó definitivamente en 2019, ha percibido con claridad el cambio. “Antes era Miami. Ahora buscan Barcelona creo que por la playa, la seguridad y la estabilidad. Yo tengo pasaporte italiano y quería venir aquí a vivir una experiencia”, reflexiona. Las personas nacidas en Argentina ya constituyen el principal colectivo de vecinos de Barcelona nacidos en el extranjero y se acercan a las 50.000. Sin embargo, solo unas 12.900 se identifican en el padrón con el pasaporte latino. Según los datos del Ayuntamiento, gran parte posee doble nacionalidad, principalmente española y italiana, lo que dificulta conocer la dimensión exacta de la comunidad.Los italianos, desde 2013, son la nacionalidad que más ha crecido en Barcelona, por delante de marroquíes, pakistaníes y ecuatorianos. Por ello, el cruce de los datos apunta a que una parte significativa del colectivo italiano está integrada por ciudadanos argentinos que han obtenido la nacionalidad y figuran en el padrón únicamente como italianos. Aunque sea ciudadano europeo, La Loggia pasó por las dificultades propias de cualquier migrante latino recién llegado. Debía homologar su titulación como preparador físico y obtener las licencias exigidas por la UEFA, y
A miles de kilómetros, más de 50.000 migrantes esperan la gran final del Mundial contra la selección del país en el que viven
