La comunidad científica española ha puesto sobre la mesa una propuesta de ingeniería monumental para restaurar el mar de Aral y mitigar el impacto climático global mediante el almacenamiento de carbono. Lo que durante décadas se consideró únicamente como un desastre ecológico regional por la desecación del cuarto lago más grande del mundo, se ha transformado ahora en un problema de salud ambiental planetaria. Los análisis realizados por el equipo de investigación demuestran que el lecho seco del mar de Aral, repartido entre Kazajistán y Uzbekistán, funciona como una fuente masiva de dióxido de carbono en lugar de actuar como sumidero.
El lecho del Aral, una bomba de emisiones
La investigación detalla que desde el inicio del proceso de secado en los años sesenta, el área ha liberado aproximadamente 748 millones de toneladas de CO₂, una cifra que iguala las emisiones anuales combinadas de España, Francia y Bélgica. El mecanismo biológico tras este fenómeno es contundente: el agua del lago funcionaba como un tapón físico que protegía los sedimentos de la atmósfera. Al desaparecer la masa hídrica, el oxígeno penetró en el suelo, despertando microorganismos que, en su proceso de degradación de materia orgánica, liberan a la atmósfera el carbono acumulado durante siglos.
Una inversión hídrica con retorno económico
Los expertos son tajantes al señalar que las actuales estrategias de mitigación, centradas principalmente en la reforestación sobre el antiguo lecho seco, carecen de eficacia real en ecosistemas áridos. La solución que proponen pasa por devolver el agua a la zona, lo cual requiere una modernización integral de la obsoleta red de riego regional. Dicha infraestructura, que actualmente desperdicia el 90% del agua transportada, demandaría una inversión próxima a los 8.500 millones de euros para recuperar cerca de la mitad de la superficie original del lago.
Los autores del estudio sugieren una financiación innovadora basada en los llamados créditos de carbono. Al frenar la futura emisión de los 605 millones de toneladas de CO₂ que todavía corren riesgo de escapar del lecho, el proyecto podría generar créditos comercializables. El valor de mercado de estos créditos se estima en una horquilla de entre 3.100 y 15.800 millones de euros, una cifra que justificaría la magnitud de esta obra de ingeniería. Como defienden los investigadores, «restaurar el aislamiento físico» resulta fundamental, puesto que es la «única manera que se tiene para detener la degradación microbiana» y evitar así una fuga de gases que tendría consecuencias desastrosas para el clima global.
La comunidad científica española ha puesto sobre la mesa una propuesta de ingeniería monumental para restaurar el mar de Aral y mitigar el impacto climático global mediante el almacenamiento de carbono. Lo que durante décadas se consideró únicamente como un desastre ecológico regional por la desecación del cuarto lago más grande del mundo, se ha transformado ahora en un problema de salud ambiental planetaria. Los análisis realizados por el equipo de investigación demuestran que el lecho seco del mar de Aral, repartido entre Kazajistán y Uzbekistán, funciona como una fuente masiva de dióxido de carbono en lugar de actuar como sumidero. El lecho del Aral, una bomba de emisiones La investigación detalla que desde el inicio del proceso de secado en los años sesenta, el área ha liberado aproximadamente 748 millones de toneladas de CO₂, una cifra que iguala las emisiones anuales combinadas de España, Francia y Bélgica. El mecanismo biológico tras este fenómeno es contundente: el agua del lago funcionaba como un tapón físico que protegía los sedimentos de la atmósfera. Al desaparecer la masa hídrica, el oxígeno penetró en el suelo, despertando microorganismos que, en su proceso de degradación de materia orgánica, liberan a la atmósfera el carbono acumulado durante siglos. Una inversión hídrica con retorno económico Los expertos son tajantes al señalar que las actuales estrategias de mitigación, centradas principalmente en la reforestación sobre el antiguo lecho seco, carecen de eficacia real en ecosistemas áridos. La solución que proponen pasa por devolver el agua a la zona, lo cual requiere una modernización integral de la obsoleta red de riego regional. Dicha infraestructura, que actualmente desperdicia el 90% del agua transportada, demandaría una inversión próxima a los 8.500 millones de euros para recuperar cerca de la mitad de la superficie original del lago. Los autores del estudio sugieren una financiación innovadora basada en los llamados créditos de carbono. Al frenar la futura emisión de los 605 millones de toneladas de CO₂ que todavía corren riesgo de escapar del lecho, el proyecto podría generar créditos comercializables. El valor de mercado de estos créditos se estima en una horquilla de entre 3.100 y 15.800 millones de euros, una cifra que justificaría la magnitud de esta obra de ingeniería. Como defienden los investigadores, «restaurar el aislamiento físico» resulta fundamental, puesto que es la «única manera que se tiene para detener la degradación microbiana» y evitar así una fuga de gases que tendría consecuencias desastrosas para el clima global.
Los expertos advierten que el lecho seco del antiguo mar de Aral emite millones de toneladas de gases de efecto invernadero y proponen restaurar el aislamiento físico mediante agua para frenar el desastre climático global
La comunidad científica española ha puesto sobre la mesa una propuesta de ingeniería monumental para restaurar el mar de Aral y mitigar el impacto climático global mediante el almacenamiento de carbono. Lo que durante décadas se consideró únicamente como un desastre ecológico regional por la desecación del cuarto lago más grande del mundo, se ha transformado ahora en un problema de salud ambiental planetaria. Los análisis realizados por el equipo de investigación demuestran que el lecho seco del mar de Aral, repartido entre Kazajistán y Uzbekistán, funciona como una fuente masiva de dióxido de carbono en lugar de actuar como sumidero.El lecho del Aral, una bomba de emisiones La investigación detalla que desde el inicio del proceso de secado en los años sesenta, el área ha liberado aproximadamente 748 millones de toneladas de CO₂, una cifra que iguala las emisiones anuales combinadas de España, Francia y Bélgica. El mecanismo biológico tras este fenómeno es contundente: el agua del lago funcionaba como un tapón físico que protegía los sedimentos de la atmósfera. Al desaparecer la masa hídrica, el oxígeno penetró en el suelo, despertando microorganismos que, en su proceso de degradación de materia orgánica, liberan a la atmósfera el carbono acumulado durante siglos.Una inversión hídrica con retorno económicoLos expertos son tajantes al señalar que las actuales estrategias de mitigación, centradas principalmente en la reforestación sobre el antiguo lecho seco, carecen de eficacia real en ecosistemas áridos. La solución que proponen pasa por devolver el agua a la zona, lo cual requiere una modernización integral de la obsoleta red de riego regional. Dicha infraestructura, que actualmente desperdicia el 90% del agua transportada, demandaría una inversión próxima a los 8.500 millones de euros para recuperar cerca de la mitad de la superficie original del lago.Los autores del estudio sugieren una financiación innovadora basada en los llamados créditos de carbono. Al frenar la futura emisión de los 605 millones de toneladas de CO₂ que todavía corren riesgo de escapar del lecho, el proyecto podría generar créditos comercializables. El valor de mercado de estos créditos se estima en una horquilla de entre 3.100 y 15.800 millones de euros, una cifra que justificaría la magnitud de esta obra de ingeniería. Como defienden los investigadores, «restaurar el aislamiento físico» resulta fundamental, puesto que es la «única manera que se tiene para detener la degradación microbiana» y evitar así una fuga de gases que tendría consecuencias desastrosas para el clima global.
