Cada poco tiempo la NFL regula sus normas para que el fútbol americano profesional sea menos peligroso. No obstante, siguen saliendo jugadores retirados con graves problemas neurológicos debido a los golpes que reciben en la cabeza durante su carrera. El último ha sido Ahman Green, corredor que fue seleccionado en cuatro ocasiones para la Pro Bowl –el partido de las estrellas de la NFL, similar al All Star de la NBA– y máximo corredor de la historia de los Green Bay Packers, que ha revelado que ha sido diagnosticado de párkinson de inicio temprano. Green, de 49 años, explicó que afronta la enfermedad con la misma mentalidad con la que corría con el balón durante sus doce temporadas en la NFL, una carrera en la que acumuló 9.205 yardas y 60 touchdowns entre 1998 y 2009. El running back contó que los primeros síntomas aparecieron cuando comenzó a notar que sus pies se movían de forma involuntaria mientras dormía. «Sabía que algo estaba ocurriendo mucho antes de eso», aseguró. El párkinson es una enfermedad neurológica que provoca una pérdida progresiva del control de los movimientos. Habitualmente comienza con temblores y se caracteriza por la lentitud de movimientos, una forma de caminar con pasos cortos y arrastrados, rigidez en las extremidades, problemas de equilibrio y dificultades en el habla. Green explicó que en ocasiones sufre episodios de sonambulismo de los que después no recuerda absolutamente nada. También reconoció que su memoria a corto plazo está «destrozada», aunque aseguró que conserva mucho mejor la memoria a largo plazo. Aun así, se mostró optimista respecto a su futuro, destacando que hace ejercicio con regularidad y sigue una alimentación «muy limpia». No es un caso aislado El caso de Ahman Green no es un hecho aislado. Dos años antes, su excompañero en los Green Bay Packers, Brett Favre, anunció públicamente que también padecía la enfermedad. También Forrest Gregg, miembro del Salón de la Fama y una de las mayores leyendas de la franquicia de Wisconsin, convivió con esta enfermedad durante los últimos años de su vida. A ellos se suma Tony Dorsett, histórico corredor de los Dallas Cowboys, quien ha reconocido sufrir importantes problemas de memoria y deterioro cognitivo tras décadas de impactos en la cabeza, convirtiéndose en uno de los primeros exjugadores en someterse a evaluaciones específicas por posible encefalopatía traumática crónica (CTE). Sin embargo, no todos los casos se manifiestan con enfermedades neurodegenerativas diagnosticadas. El ejemplo más mediático de los últimos años es Antonio Brown. Considerado uno de los receptores más talentosos de su generación, su carrera dio un giro radical por una sucesión de episodios de comportamiento errático, conflictos con equipos, problemas legales y declaraciones cada vez más controvertidas. Aunque nunca ha sido diagnosticado públicamente de CTE —una enfermedad que solo puede confirmarse mediante el estud
Un defensor puede sufrir entre 500 y 1.000 impactos en la cabeza en una sola temporada, muchos de ellos demasiado leves para producir síntomas inmediatos, pero capaces de generar daño acumulativo con el tiempo.
Cada poco tiempo la NFL regula sus normas para que el fútbol americano profesional sea menos peligroso. No obstante, siguen saliendo jugadores retirados con graves problemas neurológicos debido a los golpes que reciben en la cabeza durante su carrera. El último ha sido Ahman Green, corredor que fue seleccionado en cuatro ocasiones para la Pro Bowl –el partido de las estrellas de la NFL, similar al All Star de la NBA– y máximo corredor de la historia de los Green Bay Packers, que ha revelado que ha sido diagnosticado de párkinson de inicio temprano.Green, de 49 años, explicó que afronta la enfermedad con la misma mentalidad con la que corría con el balón durante sus doce temporadas en la NFL, una carrera en la que acumuló 9.205 yardas y 60 touchdowns entre 1998 y 2009. El running back contó que los primeros síntomas aparecieron cuando comenzó a notar que sus pies se movían de forma involuntaria mientras dormía. «Sabía que algo estaba ocurriendo mucho antes de eso», aseguró.El párkinson es una enfermedad neurológica que provoca una pérdida progresiva del control de los movimientos. Habitualmente comienza con temblores y se caracteriza por la lentitud de movimientos, una forma de caminar con pasos cortos y arrastrados, rigidez en las extremidades, problemas de equilibrio y dificultades en el habla. Green explicó que en ocasiones sufre episodios de sonambulismo de los que después no recuerda absolutamente nada. También reconoció que su memoria a corto plazo está «destrozada», aunque aseguró que conserva mucho mejor la memoria a largo plazo. Aun así, se mostró optimista respecto a su futuro, destacando que hace ejercicio con regularidad y sigue una alimentación «muy limpia».El caso de Ahman Green no es un hecho aislado. Dos años antes, su excompañero en los Green Bay Packers, Brett Favre, anunció públicamente que también padecía la enfermedad. También Forrest Gregg, miembro del Salón de la Fama y una de las mayores leyendas de la franquicia de Wisconsin, convivió con esta enfermedad durante los últimos años de su vida. A ellos se suma Tony Dorsett, histórico corredor de los Dallas Cowboys, quien ha reconocido sufrir importantes problemas de memoria y deterioro cognitivo tras décadas de impactos en la cabeza, convirtiéndose en uno de los primeros exjugadores en someterse a evaluaciones específicas por posible encefalopatía traumática crónica (CTE).Sin embargo, no todos los casos se manifiestan con enfermedades neurodegenerativas diagnosticadas. El ejemplo más mediático de los últimos años es Antonio Brown. Considerado uno de los receptores más talentosos de su generación, su carrera dio un giro radical por una sucesión de episodios de comportamiento errático, conflictos con equipos, problemas legales y declaraciones cada vez más controvertidas. Aunque nunca ha sido diagnosticado públicamente de CTE —una enfermedad que solo puede confirmarse mediante el estudio del cerebro tras la muer
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