Cada 23 de septiembre, el Día Mundial de la Lengua de Signos recuerda que comunicarse va mucho más allá de las palabras. Para Ana Belén Bernal, especialista en comunicación con personas sordas y sordociegas que trabaja en Ilunion, aprender esta lengua no solo se convirtió en una profesión, sino también en una nueva forma de mirar la realidad. Estudió el ciclo de Grado Superior en Mediación Comunicativa, se especializó en la Universidad de Murcia en Comunidad y Comunicación de Personas Sordociegas y posteriormente cursó el grado en Lengua de Signos y Comunidad Sorda en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. «Me ha cambiado la forma de mirar el mundo», reconoce en esta entrevista para LA RAZÓN.
¿Cómo llega la lengua de signos a convertirse en su profesión?
Desde pequeña he sentido una inclinación especial hacia las personas y las realidades sociales que me rodeaban, aunque tardé años en darme cuenta de que aquello tenía un nombre: vocación social. Siempre he participado en actividades con personas mayores, con niños en situación de vulnerabilidad y con otros colectivos, movida por la curiosidad, las ganas de aprender y, para qué negarlo, por mis ganas de comunicarme. Mi primer acercamiento al mundo de la discapacidad llegó como monitora de Cruz Roja en Cieza (Murcia), mi pueblo natal. Allí una persona sorda me enseñó el alfabeto dactilológico en el aire. Sin saberlo, aquella pequeña experiencia sembró una semilla que años después crecería cuando una amiga me animó a estudiar Mediación Comunicativa. La lengua de signos me fascinó desde el primer momento, pero aún estaba por descubrir lo que terminaría marcando mi camino: el apasionante mundo de la sordoceguera. Desde entonces, sigo aprendiendo y enamorándome cada día de una realidad que cambió mi forma de ver la comunicación y la vida.
¿Recuerda a la primera persona sorda o sordociega con la que sintió que la lengua de signos podía cambiar realmente su día a día?
Recuerdo con cariño a todas y cada una de las personas sordas y sordociegas con las que he tenido la suerte de poder trabajar o a las que he acompañado en algún momento de su vida. Durante todas las etapas de mi formación tuve la suerte de que parte del alumnado eran personas sordas, porque sí, las personas sordas también son grandes profesionales de la mediación y la interpretación. De ellas aprendí muchísimo, me acogieron y me empapé de su maravillosa cultura. Pero, si tengo que destacar un caso concreto, llegó a mi vida cuando todavía no era profesional y estaba de voluntaria en ONCE Región de Murcia. Me propusieron acompañar a un chico que, tras unas complicaciones severas de salud, salió de la UCI con sordoceguera y con la mayor parte de su cuerpo paralizado, por lo que fue necesario realizarle una traqueotomía para poder respirar. Junto a su mediadora, Cristina Álvarez Castellanos, la mejor profesional que he conocido, desarrollamos un sistema de comunicación llamado SERCRI. Fue una experiencia increíble poder devolverle la comunicación, la participación social y el acceso a la información. Pudo ejercer como padre, mantener su vida social con sus amigos y se animó a seguir formándose profesionalmente. Hoy es graduado en Periodismo y Documentación y un gran escritor. Me quedé a su lado durante muchos años, de voluntaria, en mis prácticas y más tarde cómo profesional. Comprobé como la oscuridad se volvió color gracias a la comunicación, gracias a la lengua de signos.
Después de tantos años trabajando en este ámbito, ¿qué es lo que más le sigue sorprendiendo de la comunicación entre las personas?
Qué hay tantas comunicaciones como personas existen. Y que cómo dijo Ken Blanchard: “La comunicación se da cuando las partes implicadas no tienen miedo”. Algunas veces perdemos la oportunidad de vivir experiencias maravillosas o conocer a personas increíbles solo por el miedo natural que tenemos a lo desconocido o a equivocarnos. Además, nos crea una pequeña frustración el no hacerlo. No hay que tener miedo. Si lo intentas no te estás equivocando, estás acertando.
¿Qué mitos o ideas equivocadas sobre la lengua de signos siguen estando muy extendidos en la sociedad?
El término “lenguaje de signos”. Lo correcto es hablar de “lengua” porque es un sistema lingüístico completo que surge de manera natural dentro de la comunidad sorda, con su propia gramática, vocabulario y estructura. El lenguaje, en cambio, es la capacidad universal que tenemos los seres humanos para comunicarnos. La lengua de signos es una de las formas en las que esa facultad se materializa, igual que ocurre con el español, el inglés o cualquier otra lengua.
¿Qué particularidades tiene la comunicación con las personas sordociegas?
Algunas personas no conservan audición ni visión funcional; otras conservan visión funcional, pero no audición, y viceversa. Además, estas características pueden presentarse en diferentes grados, afectar a uno o a los dos sentidos y ser adquiridas a lo largo de la vida o congénitas. Destacaría que la comunicación con personas sordociegas implica no solo transmitir la información lingüística, es decir, lo que las personas dicen, sino también la información extralingüística: cómo lo dicen, la información de contexto y la descripción del espacio físico en el que se encuentran.
¿Qué sistemas o recursos específicos se utilizan?
Los sistemas de comunicación de las personas sordociegas son tan diversos como el propio colectivo. A grandes rasgos, podemos distinguir varios bloques. Entre los sistemas alfabéticos se encuentran el dactilológico en palma, la escritura en mayúsculas sobre la palma de la mano y la escritura en braille. También existen sistemas no alfabéticos o signados, como la lengua de signos a corta distancia, la lengua de signos apoyada, la lengua de signos táctil y los signos naturales. A ellos se suman sistemas basados en códigos de escritura, como el braille, la lectoescritura en tinta con adaptaciones y los dispositivos electrónicos con línea braille. También existen sistemas basados en la comunicación oral, como el habla amplificada o susurrada y la lectura labial. En España se utilizan, además, otros sistemas que combinan sistemas alfabéticos con la lengua de signos, como el SERCRI, citado anteriormente. Este combina el deletreo en mayúsculas en la frente con signos adaptados de la lengua de signos al rostro y a las zonas sensibles de la persona, además de algunos signos inventados. A grandes rasgos, la comunicación de las personas sordociegas se realiza, en su gran mayoría y en función de su evolución, a través del tacto. Lo que no puedo tocar, no existe.
¿Qué papel pueden desempeñar la educación y el aprendizaje de la lengua de signos por parte de las personas oyentes?
En mi opinión, la evolución de una sociedad depende de la educación y de los valores que decide promover. Por eso siempre me ha llamado la atención que veamos normal aprender idiomas para comunicarnos con personas de otros países, pero no demos la misma importancia a una lengua que forma parte de nuestro propio entorno, como la lengua de signos. Aprendida desde edades tempranas, favorece el desarrollo cognitivo, comunicativo y emocional, además de enriquecer y potenciar la adquisición del lenguaje oral. Sin embargo, su verdadero valor va más allá de estos beneficios: nos recuerda que comunicarse no depende de la voz, sino de la capacidad de entender y conectar con los demás. Y quizá una sociedad madura no sea aquella en la que todos hablan igual, sino aquella en la que nadie queda fuera de la conversación.
¿En qué ámbitos cree que queda más camino por recorrer en materia de accesibilidad?
A través de mi experiencia vital como profesional, he podido observar que las personas sordas y sordociegas siguen encontrando importantes barreras para acceder en igualdad de condiciones a derechos tan básicos como la educación, la sanidad o el empleo. Y no hablemos del ocio. En el ámbito educativo, por ejemplo, muchos estudiantes tienen que esforzarse el doble para no quedarse atrás porque no cuentan con los recursos o profesionales necesarios durante toda la jornada lectiva, como si su necesidad de aprender terminara a mitad de clase. Esa desigualdad se traslada también a la vida profesional, y a muchos ámbitos de la vida diaria, incluido el sanitario. La realidad es que aún estamos lejos de una igualdad efectiva. Cada día se siguen vulnerando derechos fundamentales por una circunstancia que puede afectar, de una u otra forma, a cualquiera de nosotros a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, hay esperanza. La sociedad es cada vez más consciente de esta realidad, y ese es el primer paso para transformarla. Solo aquello que conocemos, entendemos y hacemos visible puede llegar a cambiarse.
Si tuviera que explicar a alguien que nunca ha tenido contacto con la lengua de signos por qué es importante, ¿qué le diría?
Imaginemos por un momento que no pudiéramos comunicar lo que sentimos, lo que pensamos o lo que necesitamos, y cómo nos haría sentir eso. La comunicación es una necesidad tan básica como respirar. Sin ella, nuestros pensamientos quedarían encerrados, nuestras emociones reprimidas y nuestro comportamiento incomprendido. La lengua de signos hace posible que miles de personas puedan expresarse, comprender y ser comprendidas, recordándonos que comunicarse no es un privilegio, sino un derecho que nos hace plenamente humanos, que nos permite desarrollarnos como personas y participar en la vida social. Por ello, debemos respetar todo tipo de comunicación, bien sea signada, oral o escrita, porque nos lleva al entendimiento y el entendimiento a la valoración mutua. Mi admiración y reconocimiento a quienes llevan años defendiendo sus derechos y su lengua, porque su esfuerzo nos hace avanzar como sociedad.
Cada 23 de septiembre, el Día Mundial de la Lengua de Signos recuerda que comunicarse va mucho más allá de las palabras. Para Ana Belén Bernal, especialista en comunicación con personas sordas y sordociegas que trabaja en Ilunion, aprender esta lengua no solo se convirtió en una profesión, sino también en una nueva forma de mirar la realidad. Estudió el ciclo de Grado Superior en Mediación Comunicativa, se especializó en la Universidad de Murcia en Comunidad y Comunicación de Personas Sordociegas y posteriormente cursó el grado en Lengua de Signos y Comunidad Sorda en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. «Me ha cambiado la forma de mirar el mundo», reconoce en esta entrevista para LA RAZÓN.. ¿Cómo llega la lengua de signos a convertirse en su profesión?. Desde pequeña he sentido una inclinación especial hacia las personas y las realidades sociales que me rodeaban, aunque tardé años en darme cuenta de que aquello tenía un nombre: vocación social. Siempre he participado en actividades con personas mayores, con niños en situación de vulnerabilidad y con otros colectivos, movida por la curiosidad, las ganas de aprender y, para qué negarlo, por mis ganas de comunicarme. Mi primer acercamiento al mundo de la discapacidad llegó como monitora de Cruz Roja en Cieza (Murcia), mi pueblo natal. Allí una persona sorda me enseñó el alfabeto dactilológico en el aire. Sin saberlo, aquella pequeña experiencia sembró una semilla que años después crecería cuando una amiga me animó a estudiar Mediación Comunicativa. La lengua de signos me fascinó desde el primer momento, pero aún estaba por descubrir lo que terminaría marcando mi camino: el apasionante mundo de la sordoceguera. Desde entonces, sigo aprendiendo y enamorándome cada día de una realidad que cambió mi forma de ver la comunicación y la vida.. ¿Recuerda a la primera persona sorda o sordociega con la que sintió que la lengua de signos podía cambiar realmente su día a día?. Recuerdo con cariño a todas y cada una de las personas sordas y sordociegas con las que he tenido la suerte de poder trabajar o a las que he acompañado en algún momento de su vida. Durante todas las etapas de mi formación tuve la suerte de que parte del alumnado eran personas sordas, porque sí, las personas sordas también son grandes profesionales de la mediación y la interpretación. De ellas aprendí muchísimo, me acogieron y me empapé de su maravillosa cultura. Pero, si tengo que destacar un caso concreto, llegó a mi vida cuando todavía no era profesional y estaba de voluntaria en ONCE Región de Murcia. Me propusieron acompañar a un chico que, tras unas complicaciones severas de salud, salió de la UCI con sordoceguera y con la mayor parte de su cuerpo paralizado, por lo que fue necesario realizarle una traqueotomía para poder respirar. Junto a su mediadora, Cristina Álvarez Castellanos, la mejor profesional que he conocido, desarrollamos un sistema de comunicación llamado SERCRI. Fue una experiencia increíble poder devolverle la comunicación, la participación social y el acceso a la información. Pudo ejercer como padre, mantener su vida social con sus amigos y se animó a seguir formándose profesionalmente. Hoy es graduado en Periodismo y Documentación y un gran escritor. Me quedé a su lado durante muchos años, de voluntaria, en mis prácticas y más tarde cómo profesional. Comprobé como la oscuridad se volvió color gracias a la comunicación, gracias a la lengua de signos.. Después de tantos años trabajando en este ámbito, ¿qué es lo que más le sigue sorprendiendo de la comunicación entre las personas?. Qué hay tantas comunicaciones como personas existen. Y que cómo dijo Ken Blanchard: “La comunicación se da cuando las partes implicadas no tienen miedo”. Algunas veces perdemos la oportunidad de vivir experiencias maravillosas o conocer a personas increíbles solo por el miedo natural que tenemos a lo desconocido o a equivocarnos. Además, nos crea una pequeña frustración el no hacerlo. No hay que tener miedo. Si lo intentas no te estás equivocando, estás acertando.. ¿Qué mitos o ideas equivocadas sobre la lengua de signos siguen estando muy extendidos en la sociedad?. El término “lenguaje de signos”. Lo correcto es hablar de “lengua” porque es un sistema lingüístico completo que surge de manera natural dentro de la comunidad sorda, con su propia gramática, vocabulario y estructura. El lenguaje, en cambio, es la capacidad universal que tenemos los seres humanos para comunicarnos. La lengua de signos es una de las formas en las que esa facultad se materializa, igual que ocurre con el español, el inglés o cualquier otra lengua.. ¿Qué particularidades tiene la comunicación con las personas sordociegas?. Algunas personas no conservan audición ni visión funcional; otras conservan visión funcional, pero no audición, y viceversa. Además, estas características pueden presentarse en diferentes grados, afectar a uno o a los dos sentidos y ser adquiridas a lo largo de la vida o congénitas. Destacaría que la comunicación con personas sordociegas implica no solo transmitir la información lingüística, es decir, lo que las personas dicen, sino también la información extralingüística: cómo lo dicen, la información de contexto y la descripción del espacio físico en el que se encuentran.. ¿Qué sistemas o recursos específicos se utilizan?. Los sistemas de comunicación de las personas sordociegas son tan diversos como el propio colectivo. A grandes rasgos, podemos distinguir varios bloques. Entre los sistemas alfabéticos se encuentran el dactilológico en palma, la escritura en mayúsculas sobre la palma de la mano y la escritura en braille. También existen sistemas no alfabéticos o signados, como la lengua de signos a corta distancia, la lengua de signos apoyada, la lengua de signos táctil y los signos naturales. A ellos se suman sistemas basados en códigos de escritura, como el braille, la lectoescritura en tinta con adaptaciones y los dispositivos electrónicos con línea braille. También existen sistemas basados en la comunicación oral, como el habla amplificada o susurrada y la lectura labial. En España se utilizan, además, otros sistemas que combinan sistemas alfabéticos con la lengua de signos, como el SERCRI, citado anteriormente. Este combina el deletreo en mayúsculas en la frente con signos adaptados de la lengua de signos al rostro y a las zonas sensibles de la persona, además de algunos signos inventados. A grandes rasgos, la comunicación de las personas sordociegas se realiza, en su gran mayoría y en función de su evolución, a través del tacto. Lo que no puedo tocar, no existe.. ¿Qué papel pueden desempeñar la educación y el aprendizaje de la lengua de signos por parte de las personas oyentes?. En mi opinión, la evolución de una sociedad depende de la educación y de los valores que decide promover. Por eso siempre me ha llamado la atención que veamos normal aprender idiomas para comunicarnos con personas de otros países, pero no demos la misma importancia a una lengua que forma parte de nuestro propio entorno, como la lengua de signos. Aprendida desde edades tempranas, favorece el desarrollo cognitivo, comunicativo y emocional, además de enriquecer y potenciar la adquisición del lenguaje oral. Sin embargo, su verdadero valor va más allá de estos beneficios: nos recuerda que comunicarse no depende de la voz, sino de la capacidad de entender y conectar con los demás. Y quizá una sociedad madura no sea aquella en la que todos hablan igual, sino aquella en la que nadie queda fuera de la conversación.. ¿En qué ámbitos cree que queda más camino por recorrer en materia de accesibilidad?. A través de mi experiencia vital como profesional, he podido observar que las personas sordas y sordociegas siguen encontrando importantes barreras para acceder en igualdad de condiciones a derechos tan básicos como la educación, la sanidad o el empleo. Y no hablemos del ocio. En el ámbito educativo, por ejemplo, muchos estudiantes tienen que esforzarse el doble para no quedarse atrás porque no cuentan con los recursos o profesionales necesarios durante toda la jornada lectiva, como si su necesidad de aprender terminara a mitad de clase. Esa desigualdad se traslada también a la vida profesional, y a muchos ámbitos de la vida diaria, incluido el sanitario. La realidad es que aún estamos lejos de una igualdad efectiva. Cada día se siguen vulnerando derechos fundamentales por una circunstancia que puede afectar, de una u otra forma, a cualquiera de nosotros a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, hay esperanza. La sociedad es cada vez más consciente de esta realidad, y ese es el primer paso para transformarla. Solo aquello que conocemos, entendemos y hacemos visible puede llegar a cambiarse.. Si tuviera que explicar a alguien que nunca ha tenido contacto con la lengua de signos por qué es importante, ¿qué le diría?. Imaginemos por un momento que no pudiéramos comunicar lo que sentimos, lo que pensamos o lo que necesitamos, y cómo nos haría sentir eso. La comunicación es una necesidad tan básica como respirar. Sin ella, nuestros pensamientos quedarían encerrados, nuestras emociones reprimidas y nuestro comportamiento incomprendido. La lengua de signos hace posible que miles de personas puedan expresarse, comprender y ser comprendidas, recordándonos que comunicarse no es un privilegio, sino un derecho que nos hace plenamente humanos, que nos permite desarrollarnos como personas y participar en la vida social. Por ello, debemos respetar todo tipo de comunicación, bien sea signada, oral o escrita, porque nos lleva al entendimiento y el entendimiento a la valoración mutua. Mi admiración y reconocimiento a quienes llevan años defendiendo sus derechos y su lengua, porque su esfuerzo nos hace avanzar como sociedad.
Ana Belén Bernal, guía intérprete y asistente de personas sordociegas en Ilunion, reivindica el papel de la comunicación como puente hacia una sociedad más inclusiva
Cada 23 de septiembre, el Día Mundial de la Lengua de Signos recuerda que comunicarse va mucho más allá de las palabras. Para Ana Belén Bernal, especialista en comunicación con personas sordas y sordociegas que trabaja en Ilunion, aprender esta lengua no solo se convirtió en una profesión, sino también en una nueva forma de mirar la realidad. Estudió el ciclo de Grado Superior en Mediación Comunicativa, se especializó en la Universidad de Murcia en Comunidad y Comunicación de Personas Sordociegas y posteriormente cursó el grado en Lengua de Signos y Comunidad Sorda en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. «Me ha cambiado la forma de mirar el mundo», reconoce en esta entrevista para LA RAZÓN.. ¿Cómo llega la lengua de signos a convertirse en su profesión?Desde pequeña he sentido una inclinación especial hacia las personas y las realidades sociales que me rodeaban, aunque tardé años en darme cuenta de que aquello tenía un nombre: vocación social. Siempre he participado en actividades con personas mayores, con niños en situación de vulnerabilidad y con otros colectivos, movida por la curiosidad, las ganas de aprender y, para qué negarlo, por mis ganas de comunicarme. Mi primer acercamiento al mundo de la discapacidad llegó como monitora de Cruz Roja en Cieza (Murcia), mi pueblo natal. Allí una persona sorda me enseñó el alfabeto dactilológico en el aire. Sin saberlo, aquella pequeña experiencia sembró una semilla que años después crecería cuando una amiga me animó a estudiar Mediación Comunicativa. La lengua de signos me fascinó desde el primer momento, pero aún estaba por descubrir lo que terminaría marcando mi camino: el apasionante mundo de la sordoceguera. Desde entonces, sigo aprendiendo y enamorándome cada día de una realidad que cambió mi forma de ver la comunicación y la vida. ¿Recuerda a la primera persona sorda o sordociega con la que sintió que la lengua de signos podía cambiar realmente su día a día?Recuerdo con cariño a todas y cada una de las personas sordas y sordociegas con las que he tenido la suerte de poder trabajar o a las que he acompañado en algún momento de su vida. Durante todas las etapas de mi formación tuve la suerte de que parte del alumnado eran personas sordas, porque sí, las personas sordas también son grandes profesionales de la mediación y la interpretación. De ellas aprendí muchísimo, me acogieron y me empapé de su maravillosa cultura. Pero, si tengo que destacar un caso concreto, llegó a mi vida cuando todavía no era profesional y estaba de voluntaria en ONCE Región de Murcia. Me propusieron acompañar a un chico que, tras unas complicaciones severas de salud, salió de la UCI con sordoceguera y con la mayor parte de su cuerpo paralizado, por lo que fue necesario realizarle una traqueotomía para poder respirar. Junto a su mediadora, Cristina Álvarez Castellanos, la mejor profesional que he conocido, desarrollamos un sistema de comunicación llamado SERCRI. Fue una experiencia increíble poder devolverle la comunicación, la participación social y el acceso a la información. Pudo ejercer como padre, mantener su vida social con sus amigos y se animó a seguir formándose profesionalmente. Hoy es graduado en Periodismo y Documentación y un gran escritor. Me quedé a su lado durante muchos años, de voluntaria, en mis prácticas y más tarde cómo profesional. Comprobé como la oscuridad se volvió color gracias a la comunicación, gracias a la lengua de signos. Después de tantos años trabajando en este ámbito, ¿qué es lo que más le sigue sorprendiendo de la comunicación entre las personas?Qué hay tantas comunicaciones como personas existen. Y que cómo dijo Ken Blanchard: “La comunicación se da cuando las partes implicadas no tienen miedo”. Algunas veces perdemos la oportunidad de vivir experiencias maravillosas o conocer a personas increíbles solo por el miedo natural que tenemos a lo desconocido o a equivocarnos. Además, nos crea una pequeña frustración el no hacerlo. No hay que tener miedo. Si lo intentas no te estás equivocando, estás acertando.¿Qué mitos o ideas equivocadas sobre la lengua de signos siguen estando muy extendidos en la sociedad?El término “lenguaje de signos”. Lo correcto es hablar de “lengua” porque es un sistema lingüístico completo que surge de manera natural dentro de la comunidad sorda, con su propia gramática, vocabulario y estructura. El lenguaje, en cambio, es la capacidad universal que tenemos los seres humanos para comunicarnos. La lengua de signos es una de las formas en las que esa facultad se materializa, igual que ocurre con el español, el inglés o cualquier otra lengua.¿Qué particularidades tiene la comunicación con las personas sordociegas? Algunas personas no conservan audición ni visión funcional; otras conservan visión funcional, pero no audición, y viceversa. Además, estas características pueden presentarse en diferentes grados, afectar a uno o a los dos sentidos y ser adquiridas a lo largo de la vida o congénitas. Destacaría que la comunicación con personas sordociegas implica no solo transmitir la información lingüística, es decir, lo que las personas dicen, sino también la información extralingüística: cómo lo dicen, la información de contexto y la descripción del espacio físico en el que se encuentran. ¿Qué sistemas o recursos específicos se utilizan?Los sistemas de comunicación de las personas sordociegas son tan diversos como el propio colectivo. A grandes rasgos, podemos distinguir varios bloques. Entre los sistemas alfabéticos se encuentran el dactilológico en palma, la escritura en mayúsculas sobre la palma de la mano y la escritura en braille. También existen sistemas no alfabéticos o signados, como la lengua de signos a corta distancia, la lengua de signos apoyada, la lengua de signos táctil y los signos naturales. A ellos se suman sistemas basados en códigos de escritura, como el braille, la lectoescritura en tinta con adaptaciones y los dispositivos electrónicos con línea braille. También existen sistemas basados en la comunicación oral, como el habla amplificada o susurrada y la lectura labial. En España se utilizan, además, otros sistemas que combinan sistemas alfabéticos con la lengua de signos, como el SERCRI, citado anteriormente. Este combina el deletreo en mayúsculas en la frente con signos adaptados de la lengua de signos al rostro y a las zonas sensibles de la persona, además de algunos signos inventados. A grandes rasgos, la comunicación de las personas sordociegas se realiza, en su gran mayoría y en función de su evolución, a través del tacto. Lo que no puedo tocar, no existe.¿Qué papel pueden desempeñar la educación y el aprendizaje de la lengua de signos por parte de las personas oyentes?En mi opinión, la evolución de una sociedad depende de la educación y de los valores que decide promover. Por eso siempre me ha llamado la atención que veamos normal aprender idiomas para comunicarnos con personas de otros países, pero no demos la misma importancia a una lengua que forma parte de nuestro propio entorno, como la lengua de signos. Aprendida desde edades tempranas, favorece el desarrollo cognitivo, comunicativo y emocional, además de enriquecer y potenciar la adquisición del lenguaje oral. Sin embargo, su verdadero valor va más allá de estos beneficios: nos recuerda que comunicarse no depende de la voz, sino de la capacidad de entender y conectar con los demás. Y quizá una sociedad madura no sea aquella en la que todos hablan igual, sino aquella en la que nadie queda fuera de la conversación.¿En qué ámbitos cree que queda más camino por recorrer en materia de accesibilidad?A través de mi experiencia vital como profesional, he podido observar que las personas sordas y sordociegas siguen encontrando importantes barreras para acceder en igualdad de condiciones a derechos tan básicos como la educación, la sanidad o el empleo. Y no hablemos del ocio. En el ámbito educativo, por ejemplo, muchos estudiantes tienen que esforzarse el doble para no quedarse atrás porque no cuentan con los recursos o profesionales necesarios durante toda la jornada lectiva, como si su necesidad de aprender terminara a mitad de clase. Esa desigualdad se traslada también a la vida profesional, y a muchos ámbitos de la vida diaria, incluido el sanitario. La realidad es que aún estamos lejos de una igualdad efectiva. Cada día se siguen vulnerando derechos fundamentales por una circunstancia que puede afectar, de una u otra forma, a cualquiera de nosotros a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, hay esperanza. La sociedad es cada vez más consciente de esta realidad, y ese es el primer paso para transformarla. Solo aquello que conocemos, entendemos y hacemos visible puede llegar a cambiarse.Si tuviera que explicar a alguien que nunca ha tenido contacto con la lengua de signos por qué es importante, ¿qué le diría?Imaginemos por un momento que no pudiéramos comunicar lo que sentimos, lo que pensamos o lo que necesitamos, y cómo nos haría sentir eso. La comunicación es una necesidad tan básica como respirar. Sin ella, nuestros pensamientos quedarían encerrados, nuestras emociones reprimidas y nuestro comportamiento incomprendido. La lengua de signos hace posible que miles de personas puedan expresarse, comprender y ser comprendidas, recordándonos que comunicarse no es un privilegio, sino un derecho que nos hace plenamente humanos, que nos permite desarrollarnos como personas y participar en la vida social. Por ello, debemos respetar todo tipo de comunicación, bien sea signada, oral o escrita, porque nos lleva al entendimiento y el entendimiento a la valoración mutua. Mi admiración y reconocimiento a quienes llevan años defendiendo sus derechos y su lengua, porque su esfuerzo nos hace avanzar como sociedad.
