El infarto sigue asociándose con frecuencia a los hombres, pero las enfermedades cardiovasculares son también una de las principales amenazas para la salud de las mujeres, especialmente a partir de la menopausia. Aunque el dolor o la opresión en el pecho continúan siendo el síntoma más habitual, algunas mujeres presentan además falta de aire, náuseas, fatiga intensa, o dolor en la espalda o en la mandíbula, que en muchos casos se desconocen y desestiman como posibles indicadores de un infarto en una mujer.
Así lo alerta la doctora Esther Sánchez Insa, especialista del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza, quien resalta, no obstante, el síntoma más frecuente del infarto, tanto en hombres como en mujeres, sigue siendo el dolor torácico. “Es importante recalcarlo porque existe el riesgo de transmitir el mensaje erróneo de que las mujeres rara vez presentan dolor en el pecho. La realidad es que la mayoría de las mujeres con un infarto también refieren dolor u opresión torácica”, insiste esta especialista.
Lo que sí sabemos, según prosigue, es que en el caso de las mujeres, éstas tienen una mayor probabilidad de presentar síntomas acompañantes o menos específicos, como los anteriormente citados (falta de aire, náuseas, fatiga intensa, o una sensación de malestar general difícil de definir). “Esto puede hacer que los síntomas se atribuyan inicialmente a otras causas, como el estrés, la ansiedad, o bien a problemas digestivos”, prosigue esta experta de Quirónsalud Zaragoza.
Además, cree importante prestar atención a cambios en el estado habitual de salud que no tengan una explicación clara, como una fatiga intensa o desproporcionada, dificultad para respirar, una disminución de la capacidad para realizar actividades cotidianas, palpitaciones, mareos, o dolor que se irradia hacia la mandíbula, el cuello, la espalda o los brazos.
“El mensaje fundamental es que no debemos esperar a que los síntomas sean muy intensos, ni a que encajen perfectamente con la imagen clásica que tenemos de un infarto para buscar atención médica. Ante síntomas persistentes, llamativos, o diferentes de lo habitual, es preferible consultar de forma precoz”, reitera esta cardióloga.
Desconocimiento sobre el infarto en la mujer
A su vez, incide en que la presentación clínica en la mujer puede ser más variable que en el hombre y, en ocasiones, menos reconocida tanto por las propias pacientes como por los profesionales sanitarios. “Esto puede contribuir a retrasos en el diagnóstico y el tratamiento”, afirma.
Subraya en este sentido que, durante muchos años, las mujeres estuvieron infrarrepresentadas en los ensayos clínicos cardiovasculares, por lo que gran parte del conocimiento sobre estas enfermedades se construyó a partir de datos obtenidos principalmente en hombres; algo que también ha contribuido a generar una visión incompleta de las enfermedades cardiovasculares en las mujeres.
Precisamente, Sánchez Insa recuerda que algunas entidades cardiovasculares son relativamente más frecuentes en mujeres, tales como la disección coronaria espontánea, o determinadas formas de isquemia y de infarto sin obstrucciones coronarias significativas, que pueden presentar características clínicas particulares.
Además, destaca que complicaciones del embarazo como la preeclampsia, la hipertensión gestacional, la diabetes gestacional, o el parto prematuro se asocian con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular décadas después. “Del mismo modo, la insuficiencia ovárica prematura o una menopausia precoz se consideran hoy factores que aumentan el riesgo cardiovascular”, aprecia esta cardióloga.
Lo más relevante, según insiste en este contexto, es que estos antecedentes permiten identificar a mujeres con mayor riesgo muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas o eventos cardiovasculares, ofreciendo una oportunidad única para intervenir de forma precoz y reforzar las estrategias de prevención.
“Por eso, cuando valoramos el riesgo cardiovascular de una mujer, debemos adoptar una perspectiva de ciclo vital. La historia obstétrica y reproductiva no es un aspecto aislado de la salud, sino una parte fundamental de la historia cardiovascular y debe formar parte de la valoración clínica habitual”, remarca la doctora Sánchez.
El diagnóstico precoz, todavía un reto
De hecho, resalta esta experta de Quirónsalud Zaragoza que uno de los grandes retos actuales en cuanto a la salud cardiovascular de la mujer sigue siendo el diagnóstico precoz, ya que en la práctica clínica se ve con frecuencia que algunas mujeres no identifican determinados síntomas, como una posible señal de alarma cardiovascular y los atribuyen al estrés, al cansancio, o a otras causas aparentemente menos importantes.
“Parte del problema es que muchas mujeres continúan sin percibirse a sí mismas como personas de riesgo cardiovascular. A pesar de que las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de muerte en la mujer, persiste una menor percepción de riesgo, lo que puede favorecer que se minimicen los síntomas iniciales, o se demore la búsqueda de atención médica”, remarca esta cardióloga.
Aquí, lamenta que todavía persiste lo que algunos autores denominan una ‘brecha cardiovascular de género’, que no implica necesariamente una peor atención intencionada, sino diferencias acumuladas en la percepción del riesgo, en el reconocimiento clínico, así como en la investigación y en el diagnóstico precoz.
Cómo prevenir en salud cardiovascular de la mujer
Con todo ello, las mujeres deberían cuidar su salud cardiovascular, pero especialmente aquellas que presentan factores de riesgo clásicos como hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, obesidad, colesterol elevado, o antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz.
“La prevención cardiovascular moderna no se basa únicamente en la presencia de síntomas, sino en identificar el riesgo antes de que aparezca la enfermedad. Hoy sabemos que la historia cardiovascular de una mujer no comienza cuando aparece un infarto; empieza mucho antes e incluye sus antecedentes reproductivos, hormonales y, en algunos casos, también oncológicos”, mantiene esta experta.
El infarto sigue asociándose con frecuencia a los hombres, pero las enfermedades cardiovasculares son también una de las principales amenazas para la salud de las mujeres, especialmente a partir de la menopausia. Aunque el dolor o la opresión en el pecho continúan siendo el síntoma más habitual, algunas mujeres presentan además falta de aire, náuseas, fatiga intensa, o dolor en la espalda o en la mandíbula, que en muchos casos se desconocen y desestiman como posibles indicadores de un infarto en una mujer.. Así lo alerta la doctora Esther Sánchez Insa, especialista del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza, quien resalta, no obstante, el síntoma más frecuente del infarto, tanto en hombres como en mujeres, sigue siendo el dolor torácico. “Es importante recalcarlo porque existe el riesgo de transmitir el mensaje erróneo de que las mujeres rara vez presentan dolor en el pecho. La realidad es que la mayoría de las mujeres con un infarto también refieren dolor u opresión torácica”, insiste esta especialista.. Lo que sí sabemos, según prosigue, es que en el caso de las mujeres, éstas tienen una mayor probabilidad de presentar síntomas acompañantes o menos específicos, como los anteriormente citados (falta de aire, náuseas, fatiga intensa, o una sensación de malestar general difícil de definir). “Esto puede hacer que los síntomas se atribuyan inicialmente a otras causas, como el estrés, la ansiedad, o bien a problemas digestivos”, prosigue esta experta de Quirónsalud Zaragoza.. Además, cree importante prestar atención a cambios en el estado habitual de salud que no tengan una explicación clara, como una fatiga intensa o desproporcionada, dificultad para respirar, una disminución de la capacidad para realizar actividades cotidianas, palpitaciones, mareos, o dolor que se irradia hacia la mandíbula, el cuello, la espalda o los brazos.. “El mensaje fundamental es que no debemos esperar a que los síntomas sean muy intensos, ni a que encajen perfectamente con la imagen clásica que tenemos de un infarto para buscar atención médica. Ante síntomas persistentes, llamativos, o diferentes de lo habitual, es preferible consultar de forma precoz”, reitera esta cardióloga.. Desconocimiento sobre el infarto en la mujer. A su vez, incide en que la presentación clínica en la mujer puede ser más variable que en el hombre y, en ocasiones, menos reconocida tanto por las propias pacientes como por los profesionales sanitarios. “Esto puede contribuir a retrasos en el diagnóstico y el tratamiento”, afirma.. Subraya en este sentido que, durante muchos años, las mujeres estuvieron infrarrepresentadas en los ensayos clínicos cardiovasculares, por lo que gran parte del conocimiento sobre estas enfermedades se construyó a partir de datos obtenidos principalmente en hombres; algo que también ha contribuido a generar una visión incompleta de las enfermedades cardiovasculares en las mujeres.. Precisamente, Sánchez Insa recuerda que algunas entidades cardiovasculares son relativamente más frecuentes en mujeres, tales como la disección coronaria espontánea, o determinadas formas de isquemia y de infarto sin obstrucciones coronarias significativas, que pueden presentar características clínicas particulares.. Además, destaca que complicaciones del embarazo como la preeclampsia, la hipertensión gestacional, la diabetes gestacional, o el parto prematuro se asocian con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular décadas después. “Del mismo modo, la insuficiencia ovárica prematura o una menopausia precoz se consideran hoy factores que aumentan el riesgo cardiovascular”, aprecia esta cardióloga.. Lo más relevante, según insiste en este contexto, es que estos antecedentes permiten identificar a mujeres con mayor riesgo muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas o eventos cardiovasculares, ofreciendo una oportunidad única para intervenir de forma precoz y reforzar las estrategias de prevención.. “Por eso, cuando valoramos el riesgo cardiovascular de una mujer, debemos adoptar una perspectiva de ciclo vital. La historia obstétrica y reproductiva no es un aspecto aislado de la salud, sino una parte fundamental de la historia cardiovascular y debe formar parte de la valoración clínica habitual”, remarca la doctora Sánchez.. El diagnóstico precoz, todavía un reto. De hecho, resalta esta experta de Quirónsalud Zaragoza que uno de los grandes retos actuales en cuanto a la salud cardiovascular de la mujer sigue siendo el diagnóstico precoz, ya que en la práctica clínica se ve con frecuencia que algunas mujeres no identifican determinados síntomas, como una posible señal de alarma cardiovascular y los atribuyen al estrés, al cansancio, o a otras causas aparentemente menos importantes.. “Parte del problema es que muchas mujeres continúan sin percibirse a sí mismas como personas de riesgo cardiovascular. A pesar de que las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de muerte en la mujer, persiste una menor percepción de riesgo, lo que puede favorecer que se minimicen los síntomas iniciales, o se demore la búsqueda de atención médica”, remarca esta cardióloga.. Aquí, lamenta que todavía persiste lo que algunos autores denominan una ‘brecha cardiovascular de género’, que no implica necesariamente una peor atención intencionada, sino diferencias acumuladas en la percepción del riesgo, en el reconocimiento clínico, así como en la investigación y en el diagnóstico precoz.. Cómo prevenir en salud cardiovascular de la mujer. Con todo ello, las mujeres deberían cuidar su salud cardiovascular, pero especialmente aquellas que presentan factores de riesgo clásicos como hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, obesidad, colesterol elevado, o antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz.. “La prevención cardiovascular moderna no se basa únicamente en la presencia de síntomas, sino en identificar el riesgo antes de que aparezca la enfermedad. Hoy sabemos que la historia cardiovascular de una mujer no comienza cuando aparece un infarto; empieza mucho antes e incluye sus antecedentes reproductivos, hormonales y, en algunos casos, también oncológicos”, mantiene esta experta.
El riesgo cardiovascular aumenta especialmente tras la menopausia y algunos síntomas pueden confundirse con estrés, ansiedad o problemas digestivos
El infarto sigue asociándose con frecuencia a los hombres, pero las enfermedades cardiovasculares son también una de las principales amenazas para la salud de las mujeres, especialmente a partir de la menopausia. Aunque el dolor o la opresión en el pecho continúan siendo el síntoma más habitual, algunas mujeres presentan además falta de aire, náuseas, fatiga intensa, o dolor en la espalda o en la mandíbula, que en muchos casos se desconocen y desestiman como posibles indicadores de un infarto en una mujer.. Así lo alerta la doctora Esther Sánchez Insa, especialista del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza, quien resalta, no obstante, el síntoma más frecuente del infarto, tanto en hombres como en mujeres, sigue siendo el dolor torácico. “Es importante recalcarlo porque existe el riesgo de transmitir el mensaje erróneo de que las mujeres rara vez presentan dolor en el pecho. La realidad es que la mayoría de las mujeres con un infarto también refieren dolor u opresión torácica”, insiste esta especialista.. Lo que sí sabemos, según prosigue, es que en el caso de las mujeres, éstas tienen una mayor probabilidad de presentar síntomas acompañantes o menos específicos, como los anteriormente citados (falta de aire, náuseas, fatiga intensa, o una sensación de malestar general difícil de definir). “Esto puede hacer que los síntomas se atribuyan inicialmente a otras causas, como el estrés, la ansiedad, o bien a problemas digestivos”, prosigue esta experta de Quirónsalud Zaragoza.. Además, cree importante prestar atención a cambios en el estado habitual de salud que no tengan una explicación clara, como una fatiga intensa o desproporcionada, dificultad para respirar, una disminución de la capacidad para realizar actividades cotidianas, palpitaciones, mareos, o dolor que se irradia hacia la mandíbula, el cuello, la espalda o los brazos.. “El mensaje fundamental es que no debemos esperar a que los síntomas sean muy intensos, ni a que encajen perfectamente con la imagen clásica que tenemos de un infarto para buscar atención médica. Ante síntomas persistentes, llamativos, o diferentes de lo habitual, es preferible consultar de forma precoz”, reitera esta cardióloga.. Desconocimiento sobre el infarto en la mujer. A su vez, incide en que la presentación clínica en la mujer puede ser más variable que en el hombre y, en ocasiones, menos reconocida tanto por las propias pacientes como por los profesionales sanitarios. “Esto puede contribuir a retrasos en el diagnóstico y el tratamiento”, afirma.. Subraya en este sentido que, durante muchos años, las mujeres estuvieron infrarrepresentadas en los ensayos clínicos cardiovasculares, por lo que gran parte del conocimiento sobre estas enfermedades se construyó a partir de datos obtenidos principalmente en hombres; algo que también ha contribuido a generar una visión incompleta de las enfermedades cardiovasculares en las mujeres.. Precisamente, Sánchez Insa recuerda que algunas entidades cardiovasculares son relativamente más frecuentes en mujeres, tales como la disección coronaria espontánea, o determinadas formas de isquemia y de infarto sin obstrucciones coronarias significativas, que pueden presentar características clínicas particulares.. Además, destaca que complicaciones del embarazo como la preeclampsia, la hipertensión gestacional, la diabetes gestacional, o el parto prematuro se asocian con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular décadas después. “Del mismo modo, la insuficiencia ovárica prematura o una menopausia precoz se consideran hoy factores que aumentan el riesgo cardiovascular”, aprecia esta cardióloga.. Lo más relevante, según insiste en este contexto, es que estos antecedentes permiten identificar a mujeres con mayor riesgo muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas o eventos cardiovasculares, ofreciendo una oportunidad única para intervenir de forma precoz y reforzar las estrategias de prevención.. “Por eso, cuando valoramos el riesgo cardiovascular de una mujer, debemos adoptar una perspectiva de ciclo vital. La historia obstétrica y reproductiva no es un aspecto aislado de la salud, sino una parte fundamental de la historia cardiovascular y debe formar parte de la valoración clínica habitual”, remarca la doctora Sánchez.. El diagnóstico precoz, todavía un reto. De hecho, resalta esta experta de Quirónsalud Zaragoza que uno de los grandes retos actuales en cuanto a la salud cardiovascular de la mujer sigue siendo el diagnóstico precoz, ya que en la práctica clínica se ve con frecuencia que algunas mujeres no identifican determinados síntomas, como una posible señal de alarma cardiovascular y los atribuyen al estrés, al cansancio, o a otras causas aparentemente menos importantes.. “Parte del problema es que muchas mujeres continúan sin percibirse a sí mismas como personas de riesgo cardiovascular. A pesar de que las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de muerte en la mujer, persiste una menor percepción de riesgo, lo que puede favorecer que se minimicen los síntomas iniciales, o se demore la búsqueda de atención médica”, remarca esta cardióloga.. Aquí, lamenta que todavía persiste lo que algunos autores denominan una ‘brecha cardiovascular de género’, que no implica necesariamente una peor atención intencionada, sino diferencias acumuladas en la percepción del riesgo, en el reconocimiento clínico, así como en la investigación y en el diagnóstico precoz.. Cómo prevenir en salud cardiovascular de la mujer. Con todo ello, las mujeres deberían cuidar su salud cardiovascular, pero especialmente aquellas que presentan factores de riesgo clásicos como hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, obesidad, colesterol elevado, o antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz.. “La prevención cardiovascular moderna no se basa únicamente en la presencia de síntomas, sino en identificar el riesgo antes de que aparezca la enfermedad. Hoy sabemos que la historia cardiovascular de una mujer no comienza cuando aparece un infarto; empieza mucho antes e incluye sus antecedentes reproductivos, hormonales y, en algunos casos, también oncológicos”, mantiene esta experta.
