El incremento es inevitable por mucho que mejore la oferta y se reduzca la demanda y no se corregirá, en el mejor de los casos, hasta dentro de ocho años
Por mucho que mejore la oferta y se reduzca la demanda, el déficit de vivienda que tiene ahora mismo España, que asciende ya a 750.000 unidades, según los últimos datos del Banco de España, alcanzará las 900.000 unidades dentro de tres años y no se corregiría, como muy pronto, hasta dentro de ocho años. Esa es la pesimista previsión que recoge el informe «Mercado inmobiliario, muy lejos de la estabilidad» de OBS Business School.. El análisis, elaborado por Carlos Balado García, aunque no es novedoso en cuanto al diagnóstico de la situación, al volver a resaltar la falta de oferta como principal problema del mercado inmobiliario español, sí que realiza una proyección sobre la posible evolución de este déficit en los próximos años en función de los datos que ha disponibles.. Así, asegura que de seguir como hasta ahora, con una oferta que crece a tasas anuales del 14% o el 16% y una leve moderación de la creación de hogares, hasta unas 180.000 netos a partir de 2028, el déficit de vivienda alcanzaría su máximo en 2029, con unas 922.000 unidades, y no se corregiría completamente hasta 2037.. Ahora bien, añade que si la oferta aumentase y el sector constructor fuera capaz de incrementar su producción a ritmos superiores al 20% entre 2028 y 2031, habría un total de 300.000 viviendas en 2031, el déficit alcanzaría su máximo en 2028 -alrededor de 900.000 viviendas- y desaparecería ya en 2034.. Si la menor formación de hogares que parece venir según las últimas estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) resulta más acusada por las actuales dificultades en el acceso a la vivienda, provocadas, precisamente, por el incremento de precios que provoca la falta de producto y esta propia escasez; y se quedase en 150.000 unidades anuales a partir de 2031 y la oferta se mantiene en un crecimiento en torno al 15%, el déficit alcanzaría su máximo en 2029, unas 931.000 viviendas, y se corregiría más rápidamente, llegando a desaparecer en 2036.. El informe no es sin embargo optimista respecto a la posibilidad de que el déficit se pueda corregir con rapidez dada la que denomina «rigidez estructural» del mercado español, que, añade, todo indica que va a continuar en los próximos años. Entre los problemas a los que apunta, el análisis cita las dificultades que todo el sector denuncia desde hace años: la escasez de suelo finalista dado que la legislación convierte este recurso en un bien escaso, lento y extraordinariamente caro de producir; los problemas de financiación para procesos de urbanización, la falta de mano de obra especializada, los elevados costes de construcción –que se han disparado un 50% en términos reales desde 2006, según resalta–; las exigencias normativas, los extensos plazos administrativos y la politización creciente de la vivienda.. En este contexto, el informe asegura que las expectativas son «muy determinantes, con compradores que adelantan decisiones ante la percepción de futuras subidas, lo que contribuye a reforzar la propia aceleración de precios».
Por mucho que mejore la oferta y se reduzca la demanda, el déficit de vivienda que tiene ahora mismo España, que asciende ya a 750.000 unidades, según los últimos datos del Banco de España, alcanzará las 900.000 unidades dentro de tres años y no se corregiría, como muy pronto, hasta dentro de ocho años. Esa es la pesimista previsión que recoge el informe «Mercado inmobiliario, muy lejos de la estabilidad» de OBS Business School.. El análisis, elaborado por Carlos Balado García, aunque no es novedoso en cuanto al diagnóstico de la situación, al volver a resaltar la falta de oferta como principal problema del mercado inmobiliario español, sí que realiza una proyección sobre la posible evolución de este déficit en los próximos años en función de los datos que ha disponibles.. Así, asegura que de seguir como hasta ahora, con una oferta que crece a tasas anuales del 14% o el 16% y una leve moderación de la creación de hogares, hasta unas 180.000 netos a partir de 2028, el déficit de vivienda alcanzaría su máximo en 2029, con unas 922.000 unidades, y no se corregiría completamente hasta 2037.. Ahora bien, añade que si la oferta aumentase y el sector constructor fuera capaz de incrementar su producción a ritmos superiores al 20% entre 2028 y 2031, habría un total de 300.000 viviendas en 2031, el déficit alcanzaría su máximo en 2028 -alrededor de 900.000 viviendas- y desaparecería ya en 2034.. Si la menor formación de hogares que parece venir según las últimas estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) resulta más acusada por las actuales dificultades en el acceso a la vivienda, provocadas, precisamente, por el incremento de precios que provoca la falta de producto y esta propia escasez; y se quedase en 150.000 unidades anuales a partir de 2031 y la oferta se mantiene en un crecimiento en torno al 15%, el déficit alcanzaría su máximo en 2029, unas 931.000 viviendas, y se corregiría más rápidamente, llegando a desaparecer en 2036.. Dificultades. El informe no es sin embargo optimista respecto a la posibilidad de que el déficit se pueda corregir con rapidez dada la que denomina «rigidez estructural» del mercado español, que, añade, todo indica que va a continuar en los próximos años. Entre los problemas a los que apunta, el análisis cita las dificultades que todo el sector denuncia desde hace años: la escasez de suelo finalista dado que la legislación convierte este recurso en un bien escaso, lento y extraordinariamente caro de producir; los problemas de financiación para procesos de urbanización, la falta de mano de obra especializada, los elevados costes de construcción –que se han disparado un 50% en términos reales desde 2006, según resalta–; las exigencias normativas, los extensos plazos administrativos y la politización creciente de la vivienda.. En este contexto, el informe asegura que las expectativas son «muy determinantes, con compradores que adelantan decisiones ante la percepción de futuras subidas, lo que contribuye a reforzar la propia aceleración de precios».
