El Congreso se fue de vacaciones este jueves con un maratoniano pleno cuya conclusión se presta a la ambivalencia del vaso medio lleno o medio vacío. Tras un periodo de sesiones en la cuerda floja por la creciente hostilidad de una mayoría de la Cámara, el Gobierno pudo completar un balance vistoso: se aprobaron tres leyes, dos decretos leyes —uno de ellos, el que prolonga las ayudas y rebajas fiscales para paliar los efectos del conflicto bélico en Oriente Próximo— y una reforma del Reglamento de la Cámara. También logró que el proyecto para la quita de la deuda autonómica salvase el primer trámite del pleno, al rechazar Junts las enmiendas del PP y de Vox que pretendían devolver el texto al Ejecutivo. Pero al mismo tiempo el Gobierno de coalición constató que sigue pareciendo misión imposible aprobar los primeros Presupuestos de la legislatura cuando esta entra ya en su recta final. Seguir leyendo
El Congreso se fue de vacaciones este jueves con un maratoniano pleno cuya conclusión se presta a la ambivalencia del vaso medio lleno o medio vacío. Tras un periodo de sesiones en la cuerda floja por la creciente hostilidad de una mayoría de la Cámara, el Gobierno pudo completar un balance vistoso: se aprobaron tres leyes, dos decretos leyes —uno de ellos, el que prolonga las ayudas y rebajas fiscales para paliar los efectos del conflicto bélico en Oriente Próximo— y una reforma del Reglamento de la Cámara. También logró el Ejecutivo que el proyecto para la quita de la deuda autonómica salvase el primer trámite del pleno, al rechazar Junts las enmiendas del PP y de Vox que pretendían devolver el texto al Ejecutivo. Pero al mismo tiempo el Ejecutivo constató que sigue pareciendo misión imposible aprobar los primeros Presupuestos de la legislatura cuando esta entra ya en su recta final. La Cámara rechazó por segunda vez —y esta de forma definitiva— la llamada senda de estabilidad, los objetivos fiscales fijados por el Gobierno como paso previo a la elaboración de las cuentas públicas. Esa fue la mala noticia para el Gabinete de Pedro Sánchez. La otra es que el ambiente preelectoral se va apoderando poco a poco del hemiciclo. Lo que implica que los discursos se afanen en marcar distancias antes que buscar coincidencias y deriven a menudo en soflamas políticas más allá del asunto concreto a debate. Ahí entran desde las tormentas de descalificaciones del PP y Vox, con los escándalos como eterno reclamo argumental, hasta las denuncias de Junts de que el Gobierno de Sánchez, pese a sus pactos con el independentismo, practica una “política colonial” con Cataluña. La portavoz parlamentaria de Vox, Pepa Millán, se sinceró hace unos días en la sala de prensa del Congreso para enfatizar que su partido jamás apoyará nada salido de La Moncloa durante este mandato: “Si nos traen una moción que diga ‘viva España’, votaremos en contra”. Con otras palabras, su compañera María Ruiz Solás lo ratificó este jueves ante el pleno: “Echar a este Gobierno es cuestión de vida o muerte literalmente. Y todos los demás objetivos deben estar supeditados a ese”.El PP no llega tan lejos. Pero, aun en las escasas ocasiones en que consiente ciertas medidas del Ejecutivo, lo hace cubriéndolo antes de denuestos. Los populares no están dispuestos a dar un gramo de oxígeno a Sánchez, ni siquiera ante medidas que podrían beneficiar a las 12 comunidades autónomas que gobiernan. Los fallidos objetivos fiscales del Gobierno, algo más relajados que los actuales, hubiesen facilitado a las administraciones autonómicas 5.800 millones de euros más en tres años. Los populares los rechazaron, así como la quita de hasta el 50% de la deuda de las comunidades, que liberaría al conjunto de las 17 de una carga superior a 80.000 millones y les permitiría volver a financiarse libremente en los mercados. La quita seguirá por
El curso parlamentario se cierra con la aprobación de tres leyes, dos decretos y una reforma del Reglamento
