Que la legislatura –por muy enrocado en La Moncloa que se encuentre Pedro Sánchez– es un cuerpo inane desde hace mucho tiempo resulta algo que ya no niegan ni los ujieres de los distintos ministerios. Es como esos cadáveres en descomposición a los que nadie se quiere acercar, pero al mismo tiempo nadie quiere enterrar. Una contradicción en la que se debaten los ya exsocios del PSOE en el bloque Frankenstein: no quieren saber nada de un Gobierno que no gobierna, piden a gritos el nuevo reparto de cartas vía adelanto electoral, pero se niegan a la retirada definitiva del cadáver facilitando algo tan sencillo como una moción de censura, fórmula que además admitiría más de una y más de dos alternativas en la forma desde el punto de vista instrumental. La realidad es tan tozuda como que el presidente del Gobierno no se bajará del caballo en sus intenciones de agotar mandato hasta el verano de 2027 y más allá si nos ceñimos a sus reiteradas intervenciones; mayor razón, por lo tanto, para seguir percutiendo en la búsqueda de una ecuación que desaloje a Sánchez sin poner en órbita a Vox. Salvada la docilidad de Sumar, anclados en el coche oficial bajo el pretexto de lo mucho que aún queda por hacer en materia social (hoy no conseguirían ni siquiera grupo parlamentario), Esquerra buscando las sales anti sofoco, pero apoyando a la hora de la verdad, o el caso de Bildu obteniendo réditos de sonrojo en democracia, tanto PNV como Junts tienen más que clara la necesidad de una disolución de las Cortes y consiguiente llamada a las urnas, sobre todo porque su feligresía, a la que en otros momentos pudo convencer la rapiña al Estado a través de las concesiones de un Gobierno con pies de barro, es tan sensible como cualquier otra a los escándalos de corrupción que se ciernen, con nuevas noticias día sí día también sobre el Partido Socialista y el entorno más cercano a Pedro Sánchez. Nacionalistas vascos e independentistas catalanes –que conocen el paño– saben que la función «gore» no va a parar y que los próximos meses nos brindarán más novedades judiciales en el terreno del detritus, por mucho que Sánchez se empeñe en pasear el cadáver ya putrefacto de esta legislatura como si fuera el de Felipe el Hermoso custodiado por Juana la Loca.
PNV y Junts saben que la función «gore» no va a parar y que los próximos meses nos brindarán más novedades judiciales en el terreno del detritus, por mucho que Sánchez se empeñe en pasear el cadáver ya putrefacto de esta legislatura
Que la legislatura –por muy enrocado en La Moncloa que se encuentre Pedro Sánchez– es un cuerpo inane desde hace mucho tiempo resulta algo que ya no niegan ni los ujieres de los distintos ministerios. Es como esos cadáveres en descomposición a los que nadie se quiere acercar, pero al mismo tiempo nadie quiere enterrar. Una contradicción en la que se debaten los ya exsocios del PSOE en el bloque Frankenstein: no quieren saber nada de un Gobierno que no gobierna, piden a gritos el nuevo reparto de cartas vía adelanto electoral, pero se niegan a la retirada definitiva del cadáver facilitando algo tan sencillo como una moción de censura, fórmula que además admitiría más de una y más de dos alternativas en la forma desde el punto de vista instrumental.La realidad es tan tozuda como que el presidente del Gobierno no se bajará del caballo en sus intenciones de agotar mandato hasta el verano de 2027 y más allá si nos ceñimos a sus reiteradas intervenciones; mayor razón, por lo tanto, para seguir percutiendo en la búsqueda de una ecuación que desaloje a Sánchez sin poner en órbita a Vox. Salvada la docilidad de Sumar, anclados en el coche oficial bajo el pretexto de lo mucho que aún queda por hacer en materia social (hoy no conseguirían ni siquiera grupo parlamentario), Esquerra buscando las sales anti sofoco, pero apoyando a la hora de la verdad, o el caso de Bildu obteniendo réditos de sonrojo en democracia, tanto PNV como Junts tienen más que clara la necesidad de una disolución de las Cortes y consiguiente llamada a las urnas, sobre todo porque su feligresía, a la que en otros momentos pudo convencer la rapiña al Estado a través de las concesiones de un Gobierno con pies de barro, es tan sensible como cualquier otra a los escándalos de corrupción que se ciernen, con nuevas noticias día sí día también sobre el Partido Socialista y el entorno más cercano a Pedro Sánchez. Nacionalistas vascos e independentistas catalanes –que conocen el paño– saben que la función «gore» no va a parar y que los próximos meses nos brindarán más novedades judiciales en el terreno del detritus, por mucho que Sánchez se empeñe en pasear el cadáver ya putrefacto de esta legislatura como si fuera el de Felipe el Hermoso custodiado por Juana la Loca.
