Rosa Luxemburgo (1871-1919), icono histórico de la izquierda ilustrada, publicó su último artículo en «Die Rote Fahne» un 14 de enero de 1919, la víspera de morir en los incidentes de la revuelta espartaquista-comunista de Berlín. Allí escribió que «la victoria final solo puede prepararse mediante una serie de derrotas». Años más tarde, en los momentos más críticos de la II Guerra Mundial, Churchill (1874-1965), sin que esté claro –aunque es probable– que la conociera, la convertiría en la más popular «de derrota en derrota hasta la victoria final». También recomendaba, con la misma filosofía, «ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo». Pedro Sánchez, que tiene la gran virtud política de aprovecharlo todo, es probable que haya hecho su propia síntesis y abogue por algo así como «de derrota en derrota con entusiasmo hasta la victoria final». El presidente y su Gobierno, desde hace muchos meses, acumulan reveses y tropiezos sin fin, con éxitos pírricos, que no dejan de serlo por mucho que se esfuercen en convertirlos en éxitos sin precedentes que, salvo para los más fieles, nadie reconoce. El inquilino de La Moncloa hará el próximo miércoles un balance triunfalista de fin de curso político. Todo, días después de que el Congreso tumbara otra vez el techo de gasto –trámite previo a los Presupuestos–, Junts anunciara que se opondrá al decreto de prórroga de los alquileres y de que Zapatero sembrara más dudas que certezas en su aparición en televisión, dicen que forzada desde el PSOE como barrera de contención. El problema de Sánchez no son tanto las peripecias del expresidente, –que no ayudan– como el asunto Plus Ultra, del que es responsable último, interviniera por medio quien interviniera, la SEPI, dependiente del Ministerio de Hacienda que dirigía María Jesús Montero y, en último extremo, el Ejecutivo, que fue quien dio la autorización definitiva para el rescate. Participara o no Zapatero, como él defiende, le crea quien le crea, la responsabilidad final es del Gobierno. Sánchez confía en que el morbo de las joyas diluya la responsabilidad gubernamental, pero lo cierto es que el asunto seguirá vivo en la Audiencia Nacional muchos meses y tendrá un coste electoral, no entre los convencidos, sino entre esos votantes que unas veces se decantan por el PSOE y otras no. A pesar de todo, el inquilino de La Moncloa, que ahora acaricia el comodín del espanto que puede generar la victoria de la extrema derecha en Francia en primavera, sueña con la victoria final tras las derrotas, como apuntaba Rosa Luxemburgo.
Sánchez confía en que el morbo de las joyas diluya la responsabilidad gubernamental, pero lo cierto es que el asunto seguirá vivo en la Audiencia Nacional muchos meses
Rosa Luxemburgo (1871-1919), icono histórico de la izquierda ilustrada, publicó su último artículo en «Die Rote Fahne» un 14 de enero de 1919, la víspera de morir en los incidentes de la revuelta espartaquista-comunista de Berlín. Allí escribió que «la victoria final solo puede prepararse mediante una serie de derrotas». Años más tarde, en los momentos más críticos de la II Guerra Mundial, Churchill (1874-1965), sin que esté claro –aunque es probable– que la conociera, la convertiría en la más popular «de derrota en derrota hasta la victoria final». También recomendaba, con la misma filosofía, «ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo». Pedro Sánchez, que tiene la gran virtud política de aprovecharlo todo, es probable que haya hecho su propia síntesis y abogue por algo así como «de derrota en derrota con entusiasmo hasta la victoria final». El presidente y su Gobierno, desde hace muchos meses, acumulan reveses y tropiezos sin fin, con éxitos pírricos, que no dejan de serlo por mucho que se esfuercen en convertirlos en éxitos sin precedentes que, salvo para los más fieles, nadie reconoce.El inquilino de La Moncloa hará el próximo miércoles un balance triunfalista de fin de curso político. Todo, días después de que el Congreso tumbara otra vez el techo de gasto –trámite previo a los Presupuestos–, Junts anunciara que se opondrá al decreto de prórroga de los alquileres y de que Zapatero sembrara más dudas que certezas en su aparición en televisión, dicen que forzada desde el PSOE como barrera de contención. El problema de Sánchez no son tanto las peripecias del expresidente, –que no ayudan– como el asunto Plus Ultra, del que es responsable último, interviniera por medio quien interviniera, la SEPI, dependiente del Ministerio de Hacienda que dirigía María Jesús Montero y, en último extremo, el Ejecutivo, que fue quien dio la autorización definitiva para el rescate. Participara o no Zapatero, como él defiende, le crea quien le crea, la responsabilidad final es del Gobierno. Sánchez confía en que el morbo de las joyas diluya la responsabilidad gubernamental, pero lo cierto es que el asunto seguirá vivo en la Audiencia Nacional muchos meses y tendrá un coste electoral, no entre los convencidos, sino entre esos votantes que unas veces se decantan por el PSOE y otras no. A pesar de todo, el inquilino de La Moncloa, que ahora acaricia el comodín del espanto que puede generar la victoria de la extrema derecha en Francia en primavera, sueña con la victoria final tras las derrotas, como apuntaba Rosa Luxemburgo.
