Va a costar sudores superar en España la funesta política de bloques. No se ve la manera de derribar el muro de la discordia. Los dos grandes partidos aparecen resignados a depender de las fuerzas situadas en sus respectivos extremos para poder gobernar: el Partido Popular, de Vox, y el PSOE, de sus actuales socios. Núñez Feijóo ya ha anunciado su disposición, si no hay más remedio, a gobernar con los de Abascal, que impondrán, sin duda, sus condiciones. En el caso de Sánchez seguiría dependiendo de los separatistas, comunistas y populistas de izquierda. Eso quiere decir que ni socialistas ni populares podrán desarrollar su programa completo ni, por tanto, satisfacer del todo los deseos de su electorado. Eso genera tensiones, desasosiego social, enfrentamientos y desprestigio de la política.. La situación conduce a una grave crisis de representación y a lo que se conoce como partidismo negativo. Más que desear el triunfo de su propio partido, que también, lo que quiere una parte considerable de la población es que pierda el bloque contrario. Como pasa en la plaza de toros, cuando se aplaude al toro en el arrastre es para criticar al torero, y al revés. Una amplia mayoría de españoles lo que está pidiendo es «echar a Sánchez», y otro sector no pequeño, situado enfrente, se conjura para «impedir que llegue la ultraderecha». Sólo faltan las barricadas y el «no pasarán» de tiempos aciagos. Son consignas que se autoalimentan. El desbordante crecimiento electoral del bloque de la derecha -está ya ampliamente por encima de los doscientos diputados- se debe más que a los méritos y al atractivo de sus dirigentes a la corrupción y a la política desquiciada del sanchismo.. La anomalía española del partidismo negativo no tiene remedio mientras Pedro Sánchez siga en La Moncloa. Después ya se verá. Ante el cerco judicial, con sentencias implacables, y el rosario previsto de revelaciones cada vez más comprometedoras, personalidades de izquierda, de lealtad consolidada, aconsejan a Pedro Sánchez hacerse ya a un lado, apartándose discretamente de la actividad política. Por su propio bien, debería considerarlo. El anuncio de su renuncia a presentarse como candidato del PSOE a las próximas elecciones daría un respiro a la vida pública y sería el primer paso para poder superar el enfrentamiento y el actual bloqueo político. De momento no hay ningún indicio de que Sánchez piense en la retirada voluntaria. Al contrario, trata de demostrar, con propuestas sociales llamativas, que sigue gobernando, aunque carezca de apoyos para llevarlas a cabo. En realidad, ante la amenaza judicial cercana, decide refugiarse en el poder.
En realidad, ante la amenaza judicial cercana, decide refugiarse en el poder
Va a costar sudores superar en España la funesta política de bloques. No se ve la manera de derribar el muro de la discordia. Los dos grandes partidos aparecen resignados a depender de las fuerzas situadas en sus respectivos extremos para poder gobernar: el Partido Popular, de Vox, y el PSOE, de sus actuales socios. Núñez Feijóo ya ha anunciado su disposición, si no hay más remedio, a gobernar con los de Abascal, que impondrán, sin duda, sus condiciones. En el caso de Sánchez seguiría dependiendo de los separatistas, comunistas y populistas de izquierda. Eso quiere decir que ni socialistas ni populares podrán desarrollar su programa completo ni, por tanto, satisfacer del todo los deseos de su electorado. Eso genera tensiones, desasosiego social, enfrentamientos y desprestigio de la política.. La situación conduce a una grave crisis de representación y a lo que se conoce como partidismo negativo. Más que desear el triunfo de su propio partido, que también, lo que quiere una parte considerable de la población es que pierda el bloque contrario. Como pasa en la plaza de toros, cuando se aplaude al toro en el arrastre es para criticar al torero, y al revés. Una amplia mayoría de españoles lo que está pidiendo es «echar a Sánchez», y otro sector no pequeño, situado enfrente, se conjura para «impedir que llegue la ultraderecha». Sólo faltan las barricadas y el «no pasarán» de tiempos aciagos. Son consignas que se autoalimentan. El desbordante crecimiento electoral del bloque de la derecha -está ya ampliamente por encima de los doscientos diputados- se debe más que a los méritos y al atractivo de sus dirigentes a la corrupción y a la política desquiciada del sanchismo.. La anomalía española del partidismo negativo no tiene remedio mientras Pedro Sánchez siga en La Moncloa. Después ya se verá. Ante el cerco judicial, con sentencias implacables, y el rosario previsto de revelaciones cada vez más comprometedoras, personalidades de izquierda, de lealtad consolidada, aconsejan a Pedro Sánchez hacerse ya a un lado, apartándose discretamente de la actividad política. Por su propio bien, debería considerarlo. El anuncio de su renuncia a presentarse como candidato del PSOE a las próximas elecciones daría un respiro a la vida pública y sería el primer paso para poder superar el enfrentamiento y el actual bloqueo político. De momento no hay ningún indicio de que Sánchez piense en la retirada voluntaria. Al contrario, trata de demostrar, con propuestas sociales llamativas, que sigue gobernando, aunque carezca de apoyos para llevarlas a cabo. En realidad, ante la amenaza judicial cercana, decide refugiarse en el poder.
