La subida de la temperatura dejará una factura multimillonaria en España cercana a los 105.000 millones de euros en cuatro años
El calor extremo ha dejado de ser únicamente una emergencia ambiental para convertirse en un riesgo económico de primer orden. Las altas temperaturas y la falta de agua están erosionando de forma silenciosa algunos de los pilares de la economía española: reducen las cosechas, merman la disponibilidad de recursos hídricos y obligan a replantear la actividad de sectores clave como la agricultura, la industria o el turismo. España es una de las economías europeas más expuestas al calor extremo, lo que ya ocasiona pérdidas multimillonarias, con un perjuicio que se agravará progresivamente en los próximos años hasta el final de la década.Las sucesivas olas de calor y el agravamiento del estrés hídrico dibujan un escenario en el que los costes se multiplican y la capacidad de adaptación será decisiva. La pérdida de productividad en el campo, el impacto sobre la generación de energía, el aumento del consumo eléctrico y la presión sobre los embalses en todas las cuencas anticipan un desafío que trasciende la crisis climática y amenaza el crecimiento económico y la competitividad del país.Un informe de la aseguradora Allianz calcula unas eventuales pérdidas para la economía española hasta 2030 de hasta el 7% del PIB, o lo que es lo mismo, en torno a 105.500 millones de euros. Pero eso es solo la cifra global, ya que en un escenario de estrés térmico la recaudación por impuestos caería un 1,3%, lo que se traduciría en una pérdida de ingresos de Hacienda de unos 20.000 millones de euros en los próximos cuatro años, y los sueldos caerían hasta un 1,3% por culpa de la inflación al dispararse los precios al consumo de forma acumulada hasta rozar un 2% adicional, con el desempleo aumentando 2,45 puntos porcentuales.Pero las olas de calor no solo aumentan el riesgo de incendios en el campo, sino que también causan retrasos en las cosechas, empeoran la calidad de la producción y aumentan el coste para los agricultores, obligados a tomar medidas de prevención. Olas de calor como la actual pueden provocar una merma de frutos del olivar e incluso de las viñas, reducir la producción de tomate para industria y trastornar los calendarios de cosecha de cereales y frutas, advierten las organizaciones agrarias Asaja, COAG, UPA y Unión de Uniones. Al evaluar las altas temperaturas tienen presente que son una causa directa del origen de los incendios, que arrasan el monte en una parte importante del país y cuyos efectos en las explotaciones se sabrán en los próximos días.Los agricultores ya están familiarizados con los veranos tórridos, pero coinciden en que es atípico que haya olas como la de estas últimas semanas y tan seguidas. Una situación que ha podido influir en la activación de los 32 grandes incendios forestales registrados en España en lo que va de año han afectado a 131.113 hectáreas, unas cifras descomunales si se comparan con las 24.133 hectáreas afectadas y los siete grandes incendios en el mismo peri
El calor extremo ha dejado de ser únicamente una emergencia ambiental para convertirse en un riesgo económico de primer orden. Las altas temperaturas y la falta de agua están erosionando de forma silenciosa algunos de los pilares de la economía española: reducen las cosechas, merman la disponibilidad de recursos hídricos y obligan a replantear la actividad de sectores clave como la agricultura, la industria o el turismo. España es una de las economías europeas más expuestas al calor extremo, lo que ya ocasiona pérdidas multimillonarias, con un perjuicio que se agravará progresivamente en los próximos años hasta el final de la década. Las sucesivas olas de calor y el agravamiento del estrés hídrico dibujan un escenario en el que los costes se multiplican y la capacidad de adaptación será decisiva. La pérdida de productividad en el campo, el impacto sobre la generación de energía, el aumento del consumo eléctrico y la presión sobre los embalses en todas las cuencas anticipan un desafío que trasciende la crisis climática y amenaza el crecimiento económico y la competitividad del país. Un informe de la aseguradora Allianz calcula unas eventuales pérdidas para la economía española hasta 2030 de hasta el 7% del PIB, o lo que es lo mismo, en torno a 105.500 millones de euros. Pero eso es solo la cifra global, ya que en un escenario de estrés térmico la recaudación por impuestos caería un 1,3%, lo que se traduciría en una pérdida de ingresos de Hacienda de unos 20.000 millones de euros en los próximos cuatro años, y los sueldos caerían hasta un 1,3% por culpa de la inflación al dispararse los precios al consumo de forma acumulada hasta rozar un 2% adicional, con el desempleo aumentando 2,45 puntos porcentuales. Pero las olas de calor no solo aumentan el riesgo de incendios en el campo, sino que también causan retrasos en las cosechas, empeoran la calidad de la producción y aumentan el coste para los agricultores, obligados a tomar medidas de prevención. Olas de calor como la actual pueden provocar una merma de frutos del olivar e incluso de las viñas, reducir la producción de tomate para industria y trastornar los calendarios de cosecha de cereales y frutas, advierten las organizaciones agrarias Asaja, COAG, UPA y Unión de Uniones. Al evaluar las altas temperaturas tienen presente que son una causa directa del origen de los incendios, que arrasan el monte en una parte importante del país y cuyos efectos en las explotaciones se sabrán en los próximos días. Los agricultores ya están familiarizados con los veranos tórridos, pero coinciden en que es atípico que haya olas como la de estas últimas semanas y tan seguidas. Una situación que ha podido influir en la activación de los 32 grandes incendios forestales registrados en España en lo que va de año han afectado a 131.113 hectáreas, unas cifras descomunales si se comparan con las 24.133 hectáreas afectadas y los siete grandes incendios en el mismo
