El Real Madrid llega a Múnich sostenido por una convicción que forma parte de su identidad, pero también condicionado por las dudas que ha dejado su temporada. Frente a un Bayern que se aferra a lo tangible, el equipo de Álvaro Arbeloa se enfrenta a una noche que exige algo más que fe: fútbol, precisión y una respuesta a la altura de una eliminatoria que sigue abierta.. La fe como punto de partida. «Creemos», dijo ayer Álvaro Arbeloa. «El entrenador del Real Madrid cree, los jugadores creen, el club cree… Llevo una semana cruzándome con aficionados madridistas y no hay ni uno que me haya dicho que no vamos a remontar. Todo el mundo cree», continuó el entrenador madridista. El Real Madrid cree, porque lo lleva en el ADN de la camiseta y del escudo y porque no tiene más remedio si no quiere echar el telón de la temporada mucho antes de lo previsto. «Pero lo que sí puedo asegurar es que somos el Real Madrid y que volveremos con nuestro escudo o sobre él», recitaba el entrenador madridista en Alemania.. Múnich, el examen definitivo. Múnich va a poner nota, ahora sí, a la temporada del equipo blanco, un lugar en el que los madridistas han vivido de todo, pesadillas hace años y bastantes buenas noticias en los últimos cursos. Hoy, el Bayern espera y el Real Madrid de Arbeloa, con tantas dudas este curso, va a por el desafío doble: remontar en Champions, algo que ya ha hecho tantas y tantas veces, pero hacerlo, esta vez, lejos del Bernabéu, lo que no ha sucedido. «Es un reto más. La historia del Real Madrid se ha logrado a base de desafíos que parecen, no sé si imposibles, pero sí muy difíciles», seguía ayer el entrenador.. Una eliminatoria abierta pese a todo. La eliminatoria, tras el 1-2 encajado en el Bernabéu, se presenta como una de esas ecuaciones que solo este club parece capaz de resolver con acierto. Va con una cicatriz, pero no con una herida mortal. La segunda mitad de la ida dejó destellos a los que se ha agarrado la esperanza madridista con desesperación. Fue un Real Madrid lanzado, asomando la cabeza a la espalda de un rival que no demostró una supremacía apabullante. Dos ideas flotan en el aire de esta noche muniquesa: el Bayern fue, sin duda, superior en el juego, pero dejó la sensación de ser superior. Es una de esas paradojas que solo se entienden cuando el Real Madrid está disputando la Champions. «Sabemos lo complicado que es y lo vuelvo a repetir: nadie nos puede asegurar nada, nadie sabe lo que va a pasar durante el encuentro», continuaba Arbeloa, «pero lo que sí puedo decir es que el Real Madrid estará presente en ese campo y vamos a dar lo mejor de nosotros mismos. Y con eso creemos que vamos a ganar», seguía.. Relato contra realidad. Frente al relato y la historia del Real Madrid, frente al discurso de la fe de Álvaro Arbeloa, Kompany tiró por la racionalidad. Cada entidad futbolística, vino a decir, construye su relato de triunfos a su manera, que todo depende, pues, de dónde pongas el acento: «Tenemos todo el respeto por el Real Madrid, siempre estamos preparándonos para su mejor versión. Yo creo que está en un proceso y siguen siendo de los mejores en Europa. Esas historias, de remontadas, no son reales», dijo. «¿Cuáles son las de otros equipos, la del Barcelona, el Liverpool, el Bayern? Todos los equipos pueden contar esas historias cuando lograron algo excepcional», explicaba el técnico, alabado por su papel en el Bayern, que está muy cerca de ganar la Bundesliga, donde ya ha batido un récord goleador, pero al que todo el mundo va a medir por lo mismo, por si puede o no con el Real Madrid en Europa.. Neuer adelantó antes el plan del relato alemán. No quiso enredarse en las provocaciones, ni siquiera con las preguntas que buscan desenterrar viejos fantasmas, como la que le nombró a Joselu, el delantero que firmó un doblete para la historia reciente de la Champions contra el Bayern. Pasó. En Múnich solo existe el presente o los datos, y el marcador del partido de la ida, solo lo tangible.. El fútbol que falta. En Madrid, la fe. Pero por sí sola, no basta casi nunca. Ganar en Múnich da la vuelta a todo, pero la fe exige algo más que recuerdos gloriosos. Requiere fútbol, que a lo largo de esta temporada no siempre ha estado presente en las actuaciones del conjunto blanco. La fiabilidad defensiva, un pilar que ha sostenido muchos de sus éxitos en Champions en los días malos, ha mostrado grietas preocupantes, permitiendo demasiados goles. La personalidad en el centro del campo ha sido una asignatura pendiente en casi todos los partidos y hoy se pone más a prueba con la ausencia de Tchouaméni.. Y, por supuesto, la pegada, la capacidad de transformar las ocasiones en goles, se ha convertido en el gran déficit de un equipo con Mbappé y Vinicius en ataque. Esa inesperada fragilidad frente a la portería contraria ha sido el motivo principal de que se haya ido diluyendo en LaLiga y de que el equipo llegue a Múnich un paso atrás en el marcador. El Bayern fue el último espejo en el que se reflejó esta carencia, y el posterior partido liguero contra el Girona no hizo sino confirmar la tendencia. La ausencia de gol, o mejor dicho, la dificultad para materializar las oportunidades, se ha convertido en un talón de Aquiles.. «Hay que mejorar muchos aspectos del juego. Es importante meter las ocasiones, no creo que vayamos a tener tantas como en la ida. Pero en estos partidos, si eres capaz de anotar, aumenta esa confianza. Tenemos que marcar si queremos ganar y pasar. Tenemos que jugar muy bien», continuaba Arbeloa ayer en el Allianz Arena.. Se lo juega todo el entrenador a esta carta tras un final de invierno y una primavera llenos de subidas y bajadas. Se lo juega todo él, que en algún momento pareció que había domado el equipo, y se lo juegan todo las estrellas, sobre todo las de ataque. Cuando han vuelto a jugar juntas, se ha ensombrecido el ambiente del equipo. Hoy les toca dar al interruptor.
El Real Madrid llega a Múnich sostenido por una convicción que forma parte de su identidad, pero también condicionado por las dudas que ha dejado su temporada. Frente a un Bayern que se aferra a lo tangible, el equipo de Álvaro Arbeloa se enfrenta a una noche que exige algo más que fe: fútbol, precisión y una respuesta a la altura de una eliminatoria que sigue abierta.. La fe como punto de partida. «Creemos», dijo ayer Álvaro Arbeloa. «El entrenador del Real Madrid cree, los jugadores creen, el club cree… Llevo una semana cruzándome con aficionados madridistas y no hay ni uno que me haya dicho que no vamos a remontar. Todo el mundo cree», continuó el entrenador madridista. El Real Madrid cree, porque lo lleva en el ADN de la camiseta y del escudo y porque no tiene más remedio si no quiere echar el telón de la temporada mucho antes de lo previsto. «Pero lo que sí puedo asegurar es que somos el Real Madrid y que volveremos con nuestro escudo o sobre él», recitaba el entrenador madridista en Alemania.. Múnich, el examen definitivo. Múnich va a poner nota, ahora sí, a la temporada del equipo blanco, un lugar en el que los madridistas han vivido de todo, pesadillas hace años y bastantes buenas noticias en los últimos cursos. Hoy, el Bayern espera y el Real Madrid de Arbeloa, con tantas dudas este curso, va a por el desafío doble: remontar en Champions, algo que ya ha hecho tantas y tantas veces, pero hacerlo, esta vez, lejos del Bernabéu, lo que no ha sucedido. «Es un reto más. La historia del Real Madrid se ha logrado a base de desafíos que parecen, no sé si imposibles, pero sí muy difíciles», seguía ayer el entrenador.. Una eliminatoria abierta pese a todo. La eliminatoria, tras el 1-2 encajado en el Bernabéu, se presenta como una de esas ecuaciones que solo este club parece capaz de resolver con acierto. Va con una cicatriz, pero no con una herida mortal. La segunda mitad de la ida dejó destellos a los que se ha agarrado la esperanza madridista con desesperación. Fue un Real Madrid lanzado, asomando la cabeza a la espalda de un rival que no demostró una supremacía apabullante. Dos ideas flotan en el aire de esta noche muniquesa: el Bayern fue, sin duda, superior en el juego, pero dejó la sensación de ser superior. Es una de esas paradojas que solo se entienden cuando el Real Madrid está disputando la Champions. «Sabemos lo complicado que es y lo vuelvo a repetir: nadie nos puede asegurar nada, nadie sabe lo que va a pasar durante el encuentro», continuaba Arbeloa, «pero lo que sí puedo decir es que el Real Madrid estará presente en ese campo y vamos a dar lo mejor de nosotros mismos. Y con eso creemos que vamos a ganar», seguía.. Relato contra realidad. Frente al relato y la historia del Real Madrid, frente al discurso de la fe de Álvaro Arbeloa, Kompany tiró por la racionalidad. Cada entidad futbolística, vino a decir, construye su relato de triunfos a su manera, que todo depende, pues, de dónde pongas el acento: «Tenemos todo el respeto por el Real Madrid, siempre estamos preparándonos para su mejor versión. Yo creo que está en un proceso y siguen siendo de los mejores en Europa. Esas historias, de remontadas, no son reales», dijo. «¿Cuáles son las de otros equipos, la del Barcelona, el Liverpool, el Bayern? Todos los equipos pueden contar esas historias cuando lograron algo excepcional», explicaba el técnico, alabado por su papel en el Bayern, que está muy cerca de ganar la Bundesliga, donde ya ha batido un récord goleador, pero al que todo el mundo va a medir por lo mismo, por si puede o no con el Real Madrid en Europa.. Neuer adelantó antes el plan del relato alemán. No quiso enredarse en las provocaciones, ni siquiera con las preguntas que buscan desenterrar viejos fantasmas, como la que le nombró a Joselu, el delantero que firmó un doblete para la historia reciente de la Champions contra el Bayern. Pasó. En Múnich solo existe el presente o los datos, y el marcador del partido de la ida, solo lo tangible.. El fútbol que falta. En Madrid, la fe. Pero por sí sola, no basta casi nunca. Ganar en Múnich da la vuelta a todo, pero la fe exige algo más que recuerdos gloriosos. Requiere fútbol, que a lo largo de esta temporada no siempre ha estado presente en las actuaciones del conjunto blanco. La fiabilidad defensiva, un pilar que ha sostenido muchos de sus éxitos en Champions en los días malos, ha mostrado grietas preocupantes, permitiendo demasiados goles. La personalidad en el centro del campo ha sido una asignatura pendiente en casi todos los partidos y hoy se pone más a prueba con la ausencia de Tchouaméni.. Y, por supuesto, la pegada, la capacidad de transformar las ocasiones en goles, se ha convertido en el gran déficit de un equipo con Mbappé y Vinicius en ataque. Esa inesperada fragilidad frente a la portería contraria ha sido el motivo principal de que se haya ido diluyendo en LaLiga y de que el equipo llegue a Múnich un paso atrás en el marcador. El Bayern fue el último espejo en el que se reflejó esta carencia, y el posterior partido liguero contra el Girona no hizo sino confirmar la tendencia. La ausencia de gol, o mejor dicho, la dificultad para materializar las oportunidades, se ha convertido en un talón de Aquiles.. «Hay que mejorar muchos aspectos del juego. Es importante meter las ocasiones, no creo que vayamos a tener tantas como en la ida. Pero en estos partidos, si eres capaz de anotar, aumenta esa confianza. Tenemos que marcar si queremos ganar y pasar. Tenemos que jugar muy bien», continuaba Arbeloa ayer en el Allianz Arena.. Se lo juega todo el entrenador a esta carta tras un final de invierno y una primavera llenos de subidas y bajadas. Se lo juega todo él, que en algún momento pareció que había domado el equipo, y se lo juegan todo las estrellas, sobre todo las de ataque. Cuando han vuelto a jugar juntas, se ha ensombrecido el ambiente del equipo. Hoy les toca dar al interruptor.
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