En el sanchismo se ha invertido la carga moral. El problema para el sanchismo no son los corruptos, sino los jueces que se atreven a investigar
El entorno político de Pedro Sánchez acumula 126 imputados y cuatro condenados: su hermano, su exnúmero dos, Koldo y el fiscal general del Estado, nada menos. Estos casos revelan un patrón preocupante en su relación con el poder judicial. Pedro Sánchez afirma que su Gobierno es contundente con la corrupción. Si por contundencia se entiende atacar a jueces y periodistas que la investigan, pagar los abogados de los condenados y, además, presentarse como víctimas, entonces sí: es muy contundente.El sanchismo ha pasado de la célebre fórmula de “acatamos la sentencia, aunque no la compartimos” a ir directa y frontalmente contra el Poder Judicial, acusando de “lawfare” a todo aquel que no hace lo que a Sánchez le interesa y señalando personalmente a jueces y magistrados. Para el sanchismo, si les juzga un juez, mal; si les juzgan varios, peor; y si es un jurado popular, todavía peor. Debe ser que el problema no es quién juzga, sino que exista una justicia independiente. La realidad es que el sanchismo se comporta como una secta autocrática que solo utiliza las palabras democracia y justicia como propaganda, cuando lo que intenta imponer es autocracia y pleitesía.Pedro Sánchez y su corte de propagandistas solo aceptan la Justicia cuando investiga, imputa y condena al adversario político. Este ataque diario por parte del PSOE y de sus medios afines a los jueces no solo erosiona la confianza de los ciudadanos, sino que supone una agresión directa al Estado de derecho, al cuestionar sistemáticamente la independencia judicial y la legitimidad de las resoluciones cuando afectan al sanchismo.Resulta curioso: el sanchismo ataca a los jueces por no ser independientes y, al mismo tiempo, celebra que ese mismo poder judicial solo inhabilite al hermano del presidente. La sentencia de David Sánchez se convierte, así, en una cosa y la contraria. Por un lado, el sanchismo sostiene que es una vergüenza y que se le condena por sus ideas; por otro, asegura que la propia sentencia niega el tráfico de influencias. Es decir, la resolución es modélica para lo que les interesa e intolerable para lo que no encaja en su narrativa propagandística.El mismo juez al que elevaron a los altares por archivar la causa contra los instigadores de “Rodea el Congreso”, por investigar la posible financiación ilegal del PP y a la familia Pujol, se convierte de pronto en un peligroso “facha con toga” que utiliza la ley para hacer política cuando se investiga el entorno de Sánchez. Sánchez no quiere Justicia ni prensa independiente; quiere adhesión incondicional y reverencia. Se ha convertido en el único presidente de un país que, ante la evidencia de la condena a su número dos y a su hermano, no solo no dimite, sino que además lanza al CIS y a sus medios afines a demoler el Estado de derecho, atacando a los jueces, señalándolos y utilizando la misma estrategia de todos los autócratas.Primero dice que todos son inocentes y que hablará
El entorno político de Pedro Sánchez acumula 126 imputados y cuatro condenados: su hermano, su exnúmero dos, Koldo y el fiscal general del Estado, nada menos. Estos casos revelan un patrón preocupante en su relación con el poder judicial. Pedro Sánchez afirma que su Gobierno es contundente con la corrupción. Si por contundencia se entiende atacar a jueces y periodistas que la investigan, pagar los abogados de los condenados y, además, presentarse como víctimas, entonces sí: es muy contundente. El sanchismo ha pasado de la célebre fórmula de “acatamos la sentencia, aunque no la compartimos” a ir directa y frontalmente contra el Poder Judicial, acusando de “lawfare” a todo aquel que no hace lo que a Sánchez le interesa y señalando personalmente a jueces y magistrados. Para el sanchismo, si les juzga un juez, mal; si les juzgan varios, peor; y si es un jurado popular, todavía peor. Debe ser que el problema no es quién juzga, sino que exista una justicia independiente. La realidad es que el sanchismo se comporta como una secta autocrática que solo utiliza las palabras democracia y justicia como propaganda, cuando lo que intenta imponer es autocracia y pleitesía. Pedro Sánchez y su corte de propagandistas solo aceptan la Justicia cuando investiga, imputa y condena al adversario político. Este ataque diario por parte del PSOE y de sus medios afines a los jueces no solo erosiona la confianza de los ciudadanos, sino que supone una agresión directa al Estado de derecho, al cuestionar sistemáticamente la independencia judicial y la legitimidad de las resoluciones cuando afectan al sanchismo. Resulta curioso: el sanchismo ataca a los jueces por no ser independientes y, al mismo tiempo, celebra que ese mismo poder judicial solo inhabilite al hermano del presidente. La sentencia de David Sánchez se convierte, así, en una cosa y la contraria. Por un lado, el sanchismo sostiene que es una vergüenza y que se le condena por sus ideas; por otro, asegura que la propia sentencia niega el tráfico de influencias. Es decir, la resolución es modélica para lo que les interesa e intolerable para lo que no encaja en su narrativa propagandística. El mismo juez al que elevaron a los altares por archivar la causa contra los instigadores de “Rodea el Congreso”, por investigar la posible financiación ilegal del PP y a la familia Pujol, se convierte de pronto en un peligroso “facha con toga” que utiliza la ley para hacer política cuando se investiga el entorno de Sánchez. Sánchez no quiere Justicia ni prensa independiente; quiere adhesión incondicional y reverencia. Se ha convertido en el único presidente de un país que, ante la evidencia de la condena a su número dos y a su hermano, no solo no dimite, sino que además lanza al CIS y a sus medios afines a demoler el Estado de derecho, atacando a los jueces, señalándolos y utilizando la misma estrategia de todos los autócratas. Primero dice que todos son inocentes y que habl
